CoPPA propone reconocer permisos laborales retribuidos por la enfermedad o pérdida de animales de compañía

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Permisos laborales retribuidos por el cuidado o duelo de mascotas

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En España, casi nueve millones de hogares cuentan con animales de compañía. Para muchas personas, esos vínculos forman parte del entramado afectivo y cotidiano tanto como cualquier relación humana: configuran rutinas, compañía y apego. Sin embargo, cuando un animal enferma o muere, el vacío que deja todavía no tiene un reflejo en el ámbito laboral. No hay permisos laborales retribuidos específicos, ni derechos reconocidos, ni acompañamiento regulado para un duelo que, según la ciencia, puede ser tan profundo como la pérdida de un familiar cercano.

En la práctica, quienes atraviesan estas situaciones recurren a días de asuntos propios, vacaciones forzadas o improvisan teletrabajo para cuidar o despedir a sus compañeros no humanos. Pero ninguna de esas opciones está pensada para ello. Frente a esa grieta entre lo que ocurre en la vida real y lo que prevé la normativa, la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos (CoPPA) ha dado un paso al frente.

Una propuesta para acercar el derecho a la realidad con los permisos laborales retribuidos

La organización ha presentado una propuesta legislativa que busca introducir el reconocimiento de permisos laborales retribuidos por enfermedad o fallecimiento de animales de compañía. La iniciativa apunta a modificar varios textos jurídicos clave como son el Estatuto de los Trabajadores, el Estatuto Básico del Empleado Público, la Ley de la Jurisdicción Social y la Ley de Infracciones y Sanciones en el Orden Social, creando así un marco coherente entre los deberes de cuidado animal y las obligaciones laborales.

Según CoPPA, el objetivo no es solo facilitar un permiso aislado, sino avanzar hacia un sistema que entienda el vínculo humano-animal como un hecho social y jurídico consolidado. La propuesta ya se ha trasladado al Ministerio de Trabajo y a varios grupos parlamentarios, y ha despertado interés en los espacios académicos y sindicales.

El duelo animal: entre lo invisible y lo cotidiano

La psiquiatra Elsa Alonso, experta en duelo y miembro de CoPPA, resume de forma clara el desafío: “La muerte de un animal querido puede tener un grave impacto negativo en las personas que convivían con él”. Diversos estudios psicológicos evidencian que esa pérdida genera reacciones emocionales intensas como ansiedad, insomnio, alteraciones del apetito, comparables a las que acompañan la muerte de familiares o amistades cercanas.

Pese a ello, la legislación no lo contempla como causa legítima de ausencia laboral y los consiguientes permisos laborales retribuidos. “Los datos oficiales sobre salud no recogen estas situaciones, porque ni siquiera existen como categoría jurídica”, explica la abogada y asesora de CoPPA en España, María González Lacabex. La consecuencia, dice, es un silencioso desajuste entre lo que sienten las personas y lo que reconocen las instituciones.

En muchos casos, esa falta de respaldo puede derivar en un duelo complicado, que se prolonga durante meses o años y acaba afectando la productividad, la salud mental y la estabilidad emocional. Según González Lacabex, eso se traduce en más ausencias laborales o en lo que se conoce como “presentismo”: personas que acuden a trabajar, pero incapaces de rendir plenamente.

Para la organización, reconocer esta realidad no implica una concesión menor, sino un paso hacia la humanización del derecho laboral. “El vínculo afectivo con los animales forma parte de la vida diaria de millones de personas. Negarlo es ignorar una dimensión social ya consolidada”, apunta Lacabex.

La propuesta, redactada por el doctor Oriol Cremades Chueca, profesor de Derecho del Trabajo en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Institut d’Estudis del Treball, busca precisamente articular un paquete normativo sólido. Su diseño parte del trabajo de un equipo interdisciplinar en el que participan expertos en derecho, psiquiatría y psicología, todos vinculados a CoPPA.

Durante su presentación en foros como el XV Congreso Internacional de la asociación ADAPT, celebrado en Bérgamo, el texto fue recibido con interés. En los últimos meses ha sido discutido también con representantes parlamentarios de distinto signo, lo que sugiere que podría abrirse camino en el debate político.

Aunque no existe todavía un modelo consolidado, algunos países de América Latina ya han introducido medidas similares. En Chile y Colombia, por ejemplo, se han presentado proyectos de ley para incorporar estos permisos laborales retribuidos dentro de sus legislaciones laborales. Y en Estados Unidos, el estado de Nueva York ha sido pionero al debatir la creación de un permiso retribuido para atender a animales de compañía enfermos o fallecidos.

Estos ejemplos con permisos laborales retribuidos muestran que la conversación sobre el duelo animal y el reconocimiento del vínculo con los animales ya ha trascendido fronteras culturales. “Son modelos incipientes, pero marcan una tendencia: el tema ha entrado en la agenda pública y jurídica”, explica González Lacabex.

La visión de CoPPA va más allá de una reforma puntual. Su intención es que el ordenamiento jurídico español en su conjunto reconozca y proteja el lazo humano-animal, no solo en los casos de enfermedad o pérdida, sino también en aquellos donde la convivencia con animales se ve afectada por situaciones de violencia o vulnerabilidad.

De hecho, la coordinadora ha presentado enmiendas para que, en los casos de violencia vicaria, se reconozca expresamente el daño a los animales como forma de agresión hacia la víctima principal. Detrás de esta propuesta late una idea que conecta el bienestar animal con la justicia social y con un modelo de derechos más coherente con las realidades afectivas del siglo XXI.

Una reforma en sintonía con la sociedad

Cada vez más personas consideran a sus animales como miembros de la familia. Las leyes, sin embargo, avanzan con lentitud frente a ese cambio cultural. La iniciativa de CoPPA busca tender un puente entre ambos ritmos: el de la sociedad, que ya vivencia el cuidado animal como una forma de responsabilidad compartida, y el del derecho, que aún no ha incorporado plenamente esa noción.

Si prospera, España podría situarse entre los países pioneros en reconocer permisos laborales retribuidos, es decir, una dimensión emocional y psicológica largamente invisibilizada. Porque asumir que el vínculo con los animales merece amparo legal no es un gesto simbólico, sino una medida concreta para garantizar la dignidad emocional y laboral de millones de personas.

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