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El calor extremo será el principal riesgo climático para la ciudad de Madrid en 2050 si no se adoptan medidas estructurales si no se frenan las emisiones de CO2 y la subida de temperaturas, con lo que los termómetros marcarían entre 5,2 y 5,5 grados más y el clima sería similar al de ahora en Marrakech (Marruecos). Para evitar este escenario desfavorable, los expertos coinciden en la necesidad absoluta de implementar rigurosas medidas climáticas en la planificación urbana.
Esta es una de las principales conclusiones del informe titulado ‘Cuidar el presente, proteger el mañana: adaptación climática de la ciudad de Madrid’, realizado por AXA Climate y presentado este miércoles por la Fundación AXA en Madrid. El estudio indica que Europa es el continente que más rápido se está calentando, con un incremento medio de 2,5 grados. España ya registra aumentos cercanos a 1,7 grados y encadena récords históricos de temperatura año tras año.
La urgencia de adoptar medidas climáticas frente al desplome del Producto Interior Bruto
En la última década, los riesgos asociados a la crisis climática han provocado pérdidas superiores a 20.000 millones de euros en España. Estos impactos afectan de manera especial a las personas más vulnerables, a las infraestructuras y al normal desarrollo de nuestras actividades económicas y sociales. Ante esta realidad, la falta de medidas climáticas eficientes agrava las perspectivas financieras del país. Claudia Ylla, autora del informe, señaló que “solo por el impacto del calor en la actividad económica, la Comunidad de Madrid podría perder hasta un 16,4 % de su PIB per cápita”.
Olas de calor extremas y prolongadas y el peligro de la mortalidad urbana
Además, la ciudad de Madrid podría registrar más de dos meses con sensación térmica superior a los 33 grados centígrados. Según las estimaciones de la compañía aseguradora AXA, las peligrosas olas de calor cíclicas podrían durar el doble que hoy, con 55 días más de altas temperaturas continuadas y 62 noches cálidas adicionales cada año. “Estamos experimentando ya un incremento notable en la frecuencia e intensidad de eventos extremos asociados de forma directa al cambio climático, como olas de calor y fenómenos meteorológicos adversos, que se ven seriamente agravados en el contexto urbano por fenómenos físicos como la isla de calor o la impermeabilización del suelo”, según detalló Irene García, jefa de servicio de Cambio Climático del Ayuntamiento de Madrid.
El informe señala que el calor extremo aumenta el riesgo de accidentes laborales en un 17%. Así, un aumento de cuatro grados puede hacer perder al menos media jornada laboral por semana a cada trabajador expuesto. De aquí a 2030, España podría perder unos 7.700 empleos debido a la caída de productividad causada por el calor extremo. Asimismo, las autoridades advierten que ignorar las medidas climáticas recomendadas disparará la vulnerabilidad de los operarios en el sector exterior.
“Madrid podría registrar hasta 68.000 muertes adicionales de aquí a 2050 si no se aplican medidas adicionales de adaptación. Con políticas eficaces, esa cifra podría reducirse casi catorce veces”, apuntó Ylla. Los científicos recalcan que el diseño de estas medidas climáticas preventivas salvará miles de vidas.
Inundaciones y escasez: el doble desafío hídrico en la región madrileña
Cada vez llueve menos en el centro de la península ibérica y las precipitaciones estacionales son más irregulares, lo que reduce drásticamente la disponibilidad de agua en una gran ciudad que ya consume de forma habitual muchos más recursos de los que puede regenerar de forma sostenible. En las zonas geográficas más expuestas, la demanda de agua ya supera entre cuatro y ocho veces los recursos naturales disponibles, mientras que en algunos barrios del oeste de Madrid el nivel de estrés hídrico preocupante se sitúa entre un 40 % y el 83 %. Si esta tendencia continúa, la demanda de agua global podría pasar de ser tres veces superior al recurso disponible a alcanzar hasta 4,5 veces esa capacidad máxima del sistema.
“La disminución de las lluvias reduce la recarga de embalses clave, como Valmayor o El Atazar, debilitando el margen de seguridad del sistema. Además, la concentración del riesgo entre julio y octubre hace que Madrid sea cada vez más vulnerable a periodos largos de escasez de agua”, indicó Ylla. La gestión hídrica requerirá, obligatoriamente, la puesta en marcha de medidas climáticas destinadas al ahorro y la reutilización.
Aunque en Madrid llueve cada vez menos, cuando lo hace las precipitaciones son más intensas y concentradas, lo que aumenta el riesgo de inundaciones repentinas y episodios extremos. De aquí a 2050, Madrid seguirá especialmente expuesta a inundaciones urbanas provocadas por lluvias torrenciales y, en menor medida, al desbordamiento de ríos como el Manzanares, el Jarama, el Guadarrama, el Henares o el Alberche. Por ello, estas medidas climáticas deben integrarse con celeridad en los planes hidrológicos estatales.
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