Inteligencia artificial y discapacidad: autonomía, retos y preocupaciones

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Inteligencia Artificial

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El impacto de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana de las personas con discapacidad ha sido analizado en un nuevo informe que pone sobre la mesa una realidad compleja: progreso en autonomía y accesibilidad, pero también inquietudes crecientes sobre privacidad, dependencia y desigualdad. El estudio, titulado “La inteligencia artificial desde la perspectiva de las personas con discapacidad”, ha sido presentado en el Hub de la Fundación Randstad, tras un trabajo de campo realizado entre octubre de 2025 y enero de 2026.

Las conclusiones se compartieron en un encuentro dirigido a entidades sociales y administraciones públicas con la intención de ofrecer una radiografía actualizada sobre cómo esta tecnología está transformando, o condicionando, la vida de este colectivo.

La jornada comenzó con la intervención de Silvia Galán, quien dio la bienvenida a los asistentes y contextualizó la importancia del informe dentro de las líneas de trabajo de la entidad. A continuación, Randstad Research, a través de Valentín Bote, presentó los principales resultados del estudio, destacando los avances en adopción tecnológica.

Posteriormente, Beatriz Gálvez y María Salsamendi aportaron una lectura cualitativa de los datos, subrayando tanto las oportunidades como los desafíos que plantea la IA en términos de inclusión.

La inteligencia artificial aporta más autonomía, pero también más dudas

Uno de los datos más relevantes del informe es que el 44% de las personas con discapacidad afirma haber mejorado su autonomía en tareas concretas gracias al uso de la inteligencia artificial. Este dato refleja un impacto directo en la vida diaria, especialmente en actividades relacionadas con la organización personal, la comunicación o el acceso a la información.

Sin embargo, junto a este avance, el estudio también evidencia un alto nivel de preocupación: el 78 % de los encuestados muestra inquietud por la privacidad de sus datos, mientras que un 43 % teme que el uso de estas herramientas pueda generar una dependencia excesiva.

Estos resultados dibujan un escenario en el que la IA es percibida como una herramienta útil, pero no exenta de riesgos que preocupan a una parte significativa de los usuarios.

Conocimiento alto, uso todavía limitado

El informe revela que la inteligencia artificial es ampliamente conocida entre las personas con discapacidad, alcanzando un 89,5 % de reconocimiento. Sin embargo, este conocimiento no se traduce completamente en uso efectivo. Solo el 47,6 % afirma utilizar estas tecnologías, lo que supone aproximadamente el 53,2 % de quienes dicen conocerlas.

A pesar de esta brecha, la percepción general es positiva: el 61 % considera que la IA facilita sus tareas diarias, y un 70 % valora de forma favorable la facilidad de uso de las herramientas disponibles en el mercado.

En el ámbito de la accesibilidad, el estudio muestra una evolución positiva, aunque aún insuficiente. El 73 % de los usuarios valora positivamente la adaptación de interfaces, incluyendo aspectos como la claridad de las voces, el tamaño del texto o la navegación simplificada.

No obstante, los datos también reflejan limitaciones importantes: una de cada cinco personas (21 %) ha encontrado herramientas completamente inutilizables debido a la falta de adaptación.

Entre las principales mejoras propuestas por los participantes destacan el refuerzo de la privacidad (53 %), la simplificación del uso (45 %), la generación de respuestas más claras (44 %), la compatibilidad con herramientas de apoyo (27 %) y una mayor personalización (26 %).

Impacto en el empleo: oportunidades y riesgos

El informe también analiza el papel de la inteligencia artificial en el ámbito laboral. En este sentido, el 75 % de las personas encuestadas considera que la IA mejora la accesibilidad al empleo y facilita la realización de tareas. Además, un 67 % destaca su potencial para impulsar el teletrabajo, mientras que el 56 % mantiene una visión positiva sobre su capacidad para generar nuevas oportunidades laborales.

Sin embargo, no todo es optimismo. Un 37 % de los usuarios ha experimentado dificultades o situaciones de exclusión relacionadas con sistemas basados en IA, y un 39 % teme que, si no se desarrolla de forma inclusiva, esta tecnología pueda incrementar las desigualdades existentes.

Durante la presentación, Valentín Bote subrayó que los datos reflejan un avance claro en la adopción de la IA respecto a años anteriores. Según explicó, el uso de estas herramientas está aumentando en intensidad, lo que considera una evolución positiva.

Además, insistió en que el debate no debe centrarse únicamente en el tipo de profesión o nivel de cualificación, sino en la capacidad de adaptación de las personas. En su opinión, el verdadero riesgo no es la sustitución de empleos, sino la falta de adopción tecnológica por parte de algunos trabajadores, lo que podría afectar directamente a su productividad y empleabilidad.

Conclusión: inclusión como eje del desarrollo tecnológico

El informe presentado en el Hub de la Fundación Randstad deja una idea clara: la inteligencia artificial tiene un enorme potencial para mejorar la autonomía, la accesibilidad y las oportunidades laborales de las personas con discapacidad. Sin embargo, ese potencial solo podrá materializarse plenamente si se abordan los retos relacionados con la privacidad, la usabilidad y la inclusión.

En definitiva, el estudio no solo ofrece cifras, sino también una hoja de ruta implícita: desarrollar una inteligencia artificial más accesible, más comprensible y más equitativa, capaz de adaptarse a todas las personas sin dejar a nadie atrás

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