La reina Letizia alerta sobre la salud mental invisible

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La reina Letizia en el acto de Salud Mental España

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La reina Letizia ha reivindicado la importancia de comprender el sufrimiento psicológico, incluso cuando no existe una causa traumática evidente para quienes lo padecen. Durante un acto dedicado a la salud mental, la Reina recordó el testimonio de Toñi, una mujer que perdió a su marido, Miguel, y a su hija, Sara, durante la dana. Su historia sirvió para ilustrar cómo una experiencia devastadora puede cambiar por completo la vida de una persona y dejar secuelas emocionales profundas.

En su intervención, doña Letizia estableció una conexión entre el dolor que experimentan quienes han vivido una tragedia y el malestar de aquellas personas que sufren problemas de este tipo sin que su entorno consiga identificar el motivo. Los ataques de pánico, el insomnio, la ansiedad, la autolesión o la dificultad para encontrar fuerzas para levantarse de la cama fueron algunos de los ejemplos que mencionó para visibilizar realidades que, en muchas ocasiones, permanecen ocultas.

La historia de Toñi: una tragedia que cambió su vida para siempre

La Reina comenzó su discurso recordando una conversación telefónica extensa que había mantenido recientemente con Toñi, una de las personas afectadas por la dana. Durante aquella llamada, la mujer le relató cómo vivió la tarde de octubre en la que perdió a dos de las personas más importantes de su vida.

Según explicó doña Letizia, Toñi estaba en casa con su marido, Miguel, y su hija, Sara, cuando comenzaron a escuchar ruidos procedentes de los vecinos. Al asomarse al balcón, comprobaron que ya había agua en la calle. Ante la posibilidad de que la inundación fuera a más, el padre y la hija decidieron bajar al garaje para retirar los coches.

Mientras tanto, Toñi permaneció en la vivienda, convencida de que podría esperar hasta que la situación se resolviera. Sin embargo, las horas pasaron y la espera se convirtió en una tragedia. Una enorme corriente de agua y barro acabó llevándose a su marido y a su hija.

La Reina resumió el impacto de aquella pérdida con una expresión especialmente significativa: Toñi había perdido «dos tercios de su vida». Casi dos años después de lo sucedido, según relató durante el acto, la mujer ya no era la misma persona.

Las consecuencias de una experiencia tan traumática no se limitan al dolor por la pérdida. Doña Letizia explicó que Toñi debe afrontar cada día un sufrimiento profundo, acompañado de problemas como el insomnio, la ansiedad, el estrés, las pesadillas y el miedo. Su testimonio puso de manifiesto la dimensión psicológica de las catástrofes y la necesidad de prestar atención a quienes deben reconstruir su vida después de una pérdida irreparable.

Cuando el sufrimiento no tiene una explicación visible entra en juego la salud mental

A partir de la experiencia de Toñi, la Reina quiso ampliar el debate y recordar que no todo el malestar emocional está relacionado con una tragedia fácilmente identificable. Aunque resulta comprensible que una persona que ha vivido una situación extrema necesite ayuda psicológica, existen muchas otras que sufren sin saber explicar qué les ocurre.

Durante su discurso, doña Letizia mencionó a quienes experimentan un ataque de pánico mientras se dirigen al trabajo, pasan las noches sin poder dormir o encuentran alivio al autolesionarse. También se refirió a las personas que sienten deseos de permanecer en la cama, encogidas y aisladas del mundo, y a quienes han llegado a pensar seriamente en saltar al vacío.

Con estos ejemplos, quiso subrayar que el sufrimiento psicológico puede presentarse de maneras muy distintas y que no siempre resulta evidente para los demás. Una persona puede aparentar normalidad en su vida cotidiana y, al mismo tiempo, atravesar una situación emocional extremadamente difícil.

Entre los factores que pueden contribuir a ese malestar, la Reina señaló las condiciones de vida precarias, la falta de empleo y de oportunidades, la soledad no deseada, la presión social y la influencia de las redes sociales. Circunstancias que, en ocasiones, se acumulan y terminan afectando al equilibrio emocional.

"La mala salud mental a veces es invisible", advirtió, poniendo el acento en la necesidad de escuchar, comprender y acompañar a quienes atraviesan dificultades, aunque desde fuera no existan señales claras de lo que están viviendo.

Más conciencia social, pero dificultades para acceder a ayuda especializada

Doña Letizia reconoció que la sociedad ha avanzado en la aceptación de los problemas psicológicos y que actualmente existe una mayor comprensión hacia quienes deciden acudir a un psicólogo. Sin embargo, advirtió de que esa mayor conciencia no elimina las dificultades para recibir atención adecuada.

La disponibilidad de profesionales suficientes y bien preparados continúa siendo una cuestión relevante para atender tanto a las personas con patologías mentales de distinta gravedad como a quienes experimentan un intenso sufrimiento emocional.

El mensaje de la Reina incidió así en la importancia de no minimizar el malestar ajeno ni exigir que exista una causa evidente para reconocerlo. La necesidad de ayuda, recordó en esencia, no debería depender de que otras personas consideren suficientemente grave o comprensible el motivo del sufrimiento.

Otro de los ejes centrales de la jornada fue la prevención. Doña Letizia respaldó el planteamiento de Salud Mental España sobre la conveniencia de incorporar la educación emocional desde edades tempranas, para que niños y jóvenes dispongan de herramientas con las que reconocer y gestionar sus sentimientos.

Según explicó, aprender a comprender las propias emociones también podría contribuir a evitar una excesiva patologización de determinadas situaciones y, con ello, reducir la presión sobre los servicios sanitarios.

En este sentido, la Reina recuperó una propuesta que había comentado anteriormente con Nel González Zapico y otras personas vinculadas a los ámbitos de la salud y la educación: crear una asignatura de «educación integral para la salud».

La materia no se limitaría a enseñar técnicas de gestión emocional. También permitiría ofrecer conocimientos adaptados a cada etapa escolar sobre el funcionamiento del cuerpo y de la mente, con el objetivo de que los estudiantes comprendieran mejor sus necesidades físicas y psicológicas.

Vivienda, empleo, pantallas y hábitos saludables: factores que también importan

Por su parte, el presidente de Salud Mental España puso el foco en los determinantes sociales que influyen en el bienestar mental de los jóvenes, entre ellos el acceso a la vivienda, las oportunidades laborales y el entorno digital.

Doña Letizia coincidió en que se trata de una cuestión compleja que no puede explicarse atribuyendo todos los problemas a una única causa. No obstante, señaló que existen estudios y evidencias científicas que relacionan determinados hábitos con un posible empeoramiento de la salud mental.

Entre los aspectos mencionados se encuentran una alimentación inadecuada, el consumo de productos ultraprocesados, el sedentarismo y la exposición excesiva a las pantallas, incluido el uso intensivo de contenidos y servicios digitales.

La Reina destacó asimismo la importancia de fomentar hábitos saludables durante la adolescencia, una etapa en la que la educación y la prevención pueden desempeñar un papel relevante.

Un llamamiento a comprender y acompañar

Doña Letizia reivindicó la necesidad de detenerse en ocasiones, avanzar con delicadeza y encontrar momentos para respirar.

Su mensaje dejó sobre la mesa una reflexión que atravesó toda la jornada: el sufrimiento emocional no siempre se ve, pero eso no significa que sea menos real. La historia de Toñi permitió recordar las consecuencias de una pérdida traumática, mientras que los ejemplos de otras formas de malestar invitaron a mirar más allá de las apariencias.

La Reina insistió así en la prevención, la educación emocional y la necesidad de facilitar el acceso a profesionales especializados. También defendió una mayor comprensión social hacia quienes sufren, tanto si sus dificultades nacen de una tragedia reconocible como si se desarrollan en medio de circunstancias cotidianas que, poco a poco, deterioran su bienestar.

La atención a la salud mental, según el planteamiento expuesto durante el acto, requiere escuchar sin juzgar, reconocer las señales de sufrimiento y ofrecer recursos suficientes. Porque detrás de una apariencia de normalidad puede existir una realidad dolorosa que necesita apoyo, comprensión y atención.

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