El mantenimiento ferroviario en España, bajo la lupa tras los accidentes de tren

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El trágico choque de trenes en la línea Madrid-Sevilla ha encendido todas las alarmas sobre el modelo de transporte en España. El segundo accidente grave en lo que va de año en la alta velocidad ha puesto en el punto de mira las carencias del mantenimiento ferroviario en nuestro país. Con las investigaciones todavía en marcha y el dolor de las familias muy presente, ingenieros, maquinistas y expertos universitarios coinciden en una advertencia demoledora: durante años se ha priorizado cortar cintas e inaugurar trazados antes que asegurar el cuidado diario de las líneas existentes. La explosión de pasajeros tras la entrada de nuevos operadores comerciales no ha venido acompañada del refuerzo necesario sobre el terreno, dejando al descubierto debilidades que ya nadie puede esconder.

Más vías nuevas que atención a las existentes

Las cifras de inversión retratan con total claridad hacia dónde han mirado las prioridades del país en los últimos tiempos. Entre 2018 y 2022, las arcas públicas destinaron al mantenimiento ferroviario unos 240 millones de euros anuales, lo que representó apenas el 16 % de todo el presupuesto invertido en las líneas rápidas. Los 1.240 millones restantes se esfumaron en levantar obras nuevas y sumar kilómetros a un mapa que ya es el segundo más extenso del planeta. Frente a este modelo expansivo, potencias como Francia o Alemania dedican cerca de un tercio de su gasto total a vigilar, reparar y poner al día sus trazados operativos. Esta enorme disparidad presupuestaria explica por qué los especialistas llevan meses alertando de que el sistema acusaba una pérdida progresiva de robustez frente a cualquier imprevisto sobre los raíles.

La brecha en el mantenimiento ferroviario

Los datos comunitarios confirman que la brecha económica con nuestros vecinos del continente resulta abismal. En 2022, España gastó una media de 95.860 euros por cada kilómetro de vía para su conservación, una cantidad que se queda exactamente a la mitad de la media europea, situada en 191.090 euros. Mientras tanto, el número de viajeros no paraba de pulverizar marcas históricas en los andenes. El año pasado se alcanzaron los 44,5 millones de usuarios en la alta velocidad, duplicando holgadamente los registros previos al parón de la pandemia y a la llegada de la competencia. Esta avalancha demuestra que el mantenimiento ferroviario ha quedado completamente desbordado por el incremento vertiginoso del tráfico. Para el profesor Salvador García-Ayllón, de la Universidad Politécnica de Cartagena, el siniestro no responde a una avería aislada sino a años de falta de inversión, mala planificación y fallos de gestión acumulados. A su juicio, la red ha ido perdiendo resiliencia a pasos agigantados, pasando primero por retrasos habituales, luego por averías repetidas y finalmente por accidentes graves como el de Adamuz en enero.

Un sistema de seguridad anclado en 1992

El talón de Aquiles de esta falta de recursos se encuentra en la tecnología que supervisa la circulación de los convoyes. El corredor que conecta Madrid con Sevilla sigue funcionando con el LZB, un sistema de señalización de origen alemán instalado para la Expo del 92. Aunque cumplió su papel con creces durante décadas, se trata de una herramienta amortizada que carece de la flexibilidad de los estándares modernos. Su sustituto natural, el ERTMS de nivel europeo, ya funciona con normalidad en corredores hacia Barcelona, Valencia o León, pero en la línea andaluza todavía no se ha estrenado de forma comercial. La adjudicación para implantar este nuevo mecanismo se firmó en 2021 por 94 millones de euros, pero los retrasos en las pruebas nocturnas han impedido su puesta en servicio. Desde las empresas operadoras ya se había dado la voz de alarma ante la obsolescencia técnica del trazado. Sus responsables compararon la situación con intentar ver contenidos modernos en un televisor en blanco y negro, advirtiendo de que actualizar el mantenimiento ferroviario en materia de señalización resultaba imprescindible para garantizar viajes seguros.

Fallo informático, protocolos y falta de personal

El desencadenante inmediato del choque estuvo en una avería informática imprevista. Tres ordenadores sufrieron una caída simultánea que dejó ciego al sistema LZB a lo largo de un tramo crítico de 63 kilómetros. Aunque el ministro de Transportes, Óscar Puente, admitió la gravedad del episodio, los expertos debaten sobre la cadena de decisiones posterior. Desde la Universidad Francisco de Vitoria, Jordi Viñolas señala que el sistema de parada automática funcionó al detectar el fallo, por lo que el problema de fondo radica en la gestión del tráfico degradado y en los protocolos humanos. Viñolas matiza además que siniestros anteriores como el de Adamuz tuvieron una vinculación mucho más estrecha con el mantenimiento ferroviario tradicional que el episodio registrado en Urda. Por su parte, José María Goicolea recalca que no basta con comprar tecnología, sino que urge contratar técnicos y diseñar sistemas redundantes. La plantilla de Adif apenas subió un 3 % entre 2017 y 2023, rozando los 13.000 empleados, mientras los viajeros crecían un 50 %.

Exigencias de cambios para recuperar la confianza

El Colegio de Ingenieros de Caminos ha reclamado una auditoría profunda e inmediata para garantizar la seguridad de los viajeros y devolver la tranquilidad a los andenes. Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha prometido esclarecer lo sucedido hasta el final, recordando que ningún país moderno puede tolerar dos tragedias sobre las vías en un mismo ejercicio. El Ejecutivo defiende que desde 2018 la inversión global se ha multiplicado por tres y que el gasto en conservar las vías ha crecido un 58 %, achacando los problemas actuales a la herencia dejada por mandatos anteriores. Pese a estas explicaciones oficiales, los profesionales del sector reclaman que el mantenimiento ferroviario pase a ser la prioridad absoluta de la política de transportes en España. La reputación de excelencia que nuestro ferrocarril exportaba al mundo entero exige ahora hechos contundentes y reformas estructurales para evitar que el olvido vuelva a imponerse tras el impacto de la catástrofe.

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