Muere Maricarmen Abascal, símbolo de la lucha por la vivienda en España

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Maricarmen en su casa de Madrid

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El movimiento social en defensa de la vivienda pierde a su figura más emblemática. Maricarmen Abascal, la octogenaria cuya expulsión de su piso en el barrio madrileño de Retiro levantó una inédita marea de indignación popular, ha muerto este miércoles a los 87 años en el Hospital Gregorio Marañón. El Sindicato de Inquilinas ha confirmado el deceso a través de un comunicado conjunto con la representación legal y la familia de la octogenaria, quienes han expresado su profundo dolor tras semanas de intensa lucha asistencial y jurídica.

El desalojo forzoso se ejecutó el pasado 23 de septiembre en la vivienda donde residía desde 1956. A pesar de que la movilización ciudadana logró forzar un compromiso sin precedentes con la propiedad para formalizar un arrendamiento renovado que le hubiera permitido regresar, el acuerdo llegó demasiado tarde para frenar la rápida degradación de su estado de salud. Su caso ha redefinido el tablero político estatal, acelerando manifestaciones masivas, acampadas urbanas, la huelga general e incluso el adelanto de los comicios generales.

La batalla judicial y el impacto del desalojo en la salud de Maricarmen

El conflicto legal en torno al inmueble se prolongó durante casi siete años. En 2018, un fondo inversor adquirió la propiedad del piso por un precio notablemente reducido al estar sujeto a una renta antigua de unos 500 euros mensuales entre alquiler y suministros, un importe que la anciana abonó de forma puntual con su pensión de 1.400 euros. Sin embargo, en 2020 la propiedad instó el desalojo alegando la extinción de las subrogaciones permitidas por ley, al haberse transmitido previamente a su madre y posteriormente a ella. La empresa rechazó de forma reiterada las ofertas para abonar la diferencia hasta los 1.600 euros exigidos de renta de mercado o para adquirir la finca.

El acoso inmobiliario y los cuatro intentos consecutivos de alzamiento deterioraron gravemente la salud de Maricarmen, quien precisaba asistencia continua y se desplazaba en silla de ruedas. La pérdida paulatina de masa muscular y la imposibilidad de alimentarse con normalidad complicaron severamente su cuadro clínico en las semanas previas a la ejecución del lanzamiento. Tras ser evacuada de su hogar de toda la vida entre pancartas de apoyo, la anciana ingresó directamente en el centro hospitalario, donde permaneció bajo cuidados constantes hasta el momento de su fallecimiento.

Siete décadas de vivencias e historia en el barrio de Ibiza

La vinculación de la inquilina con su vivienda se remontaba a mediados del siglo pasado. Su padre formalizó el contrato de arrendamiento en 1956 en la zona de Ibiza, donde transcurrió la totalidad de su vida junto a sus allegados. Tras cursar estudios de secretariado y taquimecanografía, trabajó durante 34 años seguidos como secretaria del consejo de administración de una compañía del sector farmacéutico hasta su jubilación en 1998.

Tras concluir su etapa laboral activa, mantuvo sus costumbres diarias caminando por el barrio, haciendo sus compras en los comercios de proximidad y cuidando con esmero de sus enseres domésticos, piezas de porcelana y colecciones familiares. La personalidad de Maricarmen combinaba una destacada firmeza con una tenacidad incansable que transmitió a los colectivos sociales en cada una de sus apariciones públicas. Incluso cuando la debilidad física le impedía asistir a las concentraciones en la calle, enviaba constantes mensajes de ánimo a los manifestantes y les repetía una consigna clara que hoy se ha convertido en su legado: "Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro".

De un caso individual a la creación de un icono de trascendencia internacional

La imagen de la anciana traspasó rápidamente las fronteras madrileñas para convertirse en una causa global en favor del derecho a un techo digno. El lema "Todos somos Maricarmen" se multiplicó en pancartas, murales y concentraciones organizadas en numerosas capitales de provincia. Sus apelaciones a la resistencia comunitaria difundidas desde la cama del hospital se convirtieron en el motor de la protesta ciudadana que ha forzado reformas legislativas de alcance nacional.

A pesar de su ateísmo confeso, la inquilina manifestaba un profundo respeto por la justicia social y expresaba cada noche su afecto por los suyos y por los colectivos desfavorecidos. El único anhelo que mantenía en sus últimos días era el de fallecer en la misma estancia familiar donde habían muerto sus padres y descansar finalmente en las aguas del mar Cantábrico. Aunque no pudo cumplir su deseo de morir en su casa, su lucha ha marcado un punto de inflexión definitivo en la legislación residencial en España.

El legado imperecedero de Maricarmen en las reivindicaciones de las familias inquilinas

La noticia de su fallecimiento ha generado una cascada de reacciones entre los colectivos por el derecho a la vivienda y la ciudadanía movilizada. Las organizaciones sociales han reafirmado su compromiso de continuar con las convocatorias de huelga y protestas masivas, haciendo honor a la petición expresa de la anciana antes de ser trasladada al centro sanitario.

El comunicado del Sindicato de Inquilinas concluye recordando que la victoria colectiva de haber conseguido un acuerdo para su regreso sienta un antecedente histórico en la protección frente a la especulación inmobiliaria, aunque lamentan profundamente que el desenlace biológico se haya anticipado a la restitución plena de sus derechos. El nombre de Maricarmen queda inscrito desde hoy como el símbolo indiscutible de una ciudadanía que ha decidido organizarse para garantizar que ninguna persona sea privada de un hogar en la vejez.

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