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El calentamiento global aumenta el riesgo de que los partidos del Mundial de Fútbol, que comenzará el próximo 11 de junio y se disputará en Canadá, Estados Unidos y México, se desarrollen a un ritmo más lento y de que el rendimiento de los jugadores se vea reducido en casi todos los encuentros. Esa es la conclusión de un nuevo análisis de científicos de Climate Central, quienes examinaron la probabilidad de que las temperaturas superen los 28 grados, un umbral relacionado con la disminución del rendimiento de los jugadores. El análisis comparó las condiciones climáticas actuales -influenciadas por el cambio climático antropogénico- con un escenario hipotético sin alteración térmica.
Los investigadores descubrieron que 97 de los 104 partidos programados se enfrentan a una mayor probabilidad de sufrir condiciones que mermen el rendimiento. Esta tendencia supone una amenaza directa para la velocidad del juego y la seguridad de los deportistas sobre el terreno.
Los partidos de la selección española bajo la lupa climatológica
De todos los partidos, el cambio climático es el factor que más incrementa la probabilidad de que se produzcan condiciones de calor que afecten al rendimiento durante el encuentro entre España y Uruguay del próximo 26 de junio en Guadalajara (México), que se jugará a las 20.00 hora local. La probabilidad del 70 % de que se den esas condiciones de calor durante ese partido es 37 puntos porcentuales mayor debido a esta alteración. En los otros dos partidos de la fase de grupos de España, que se jugarán en Atlanta (Estados Unidos), esa probabilidad es del 77 % tanto en el encuentro contra Cabo Verde el lunes 15 de junio como en el de Arabia Saudí el domingo 21 de junio, con 15 puntos porcentuales más.
El impacto directo en la calidad del juego provocado por el cambio climático
Casi la mitad de los partidos tienen al menos un 50 % de probabilidades de sufrir un calor que pueda mermar el rendimiento. El análisis deja claro que el aumento de las temperaturas no solo supone un grave riesgo para la salud de jugadores y aficionados, sino que también está empezando a afectar a la calidad del juego. Cuando el calor afecta a la velocidad, la recuperación y la intensidad general, cambia la forma de jugar al fútbol, y no para mejor. Por eso los futbolistas exigen tomar estos riesgos en serio y garantizar la protección del deporte que aman, tanto para quienes están en el campo como para los espectadores.
Riesgos para la salud y transformaciones tácticas
La investigación se basa en el reciente análisis de Climate Central, que muestra que, debido al cambio climático, casi todos los estadios anfitriones registran ahora más días de calor extremo que en la década de 1970. Jugar a temperaturas superiores a 28 grados cambia el juego, afectando las tácticas, el ritmo y la calidad general. Se observa una menor intensidad, menos sprints y, potencialmente, menos oportunidades de gol. A medida que las temperaturas suben, los riesgos aumentan. La exposición prolongada y la deshidratación pueden provocar agotamiento por calor o incluso un golpe de calor, especialmente en partidos de alta presión, donde los jugadores tienden a sobrepasar sus límites de resistencia naturales.
Un planeta transformado que reescribe las reglas del deporte
Los Mundiales del pasado no volverán, no porque los jugadores hayan cambiado, sino porque el planeta sí. Las olas de calor, el clima impredecible y el cambio de estaciones están reescribiendo las reglas de los deportes que amamos. Los deportistas se ven obligados a jugar con más precaución, elaborar estrategias diferentes y abandonar los riesgos que antes hacían que el fútbol fuera emocionante. A menos que dejemos de quemar combustibles fósiles, el futuro de la competición no se basará en quién juega mejor, sino en quién puede soportar el calor.
El calor extremo, más probable debido a la contaminación que atrapa el calor y que impulsa el cambio climático, podría marcar la diferencia en la edición de este verano del mayor evento deportivo del planeta. En el fútbol, un centrocampista típico corre más de 10 kilómetros por partido. Y es un esfuerzo de alta intensidad, con cambios de dirección y breves aceleraciones. El análisis muestra cómo estos deportistas de élite se verán afectados por las temperaturas más altas, que se ven incrementadas por el cambio climático global. Si no se detiene el cambio climático, las competiciones internacionales del futuro se transformarán irreversiblemente.
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