El piragüismo devolvió la vida a Nicolás Adega tras superar un cáncer infantil

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Nicolás Adega compitiendo en piragüismo

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El piragüista paralímpico Nicolás Adega ha convertido una historia atravesada por la enfermedad en un ejemplo de resiliencia. El deportista asegura que el piragüismo supuso un antes y un después en su vida, hasta el punto de devolverle una sensación que había perdido durante años: la de sentirse igual que los demás. Su infancia, sin embargo, estuvo lejos de ser sencilla, marcada por el cáncer, múltiples operaciones y un largo proceso de recuperación física y emocional.

Antes del diagnóstico, Nicolás Adega era un niño inquieto, activo y profundamente vinculado al deporte. Su rutina diaria estaba llena de movimiento, hasta que un hecho aparentemente menor cambió su destino. Durante un entrenamiento de fútbol, comenzó a cojear. Lo que parecía una molestia sin importancia derivó en una serie de pruebas médicas que culminaron en una noticia devastadora: cáncer óseo en la rodilla a los siete años.

Un proceso médico largo y exigente

A partir de ese momento, la vida de Nicolás Adega y su familia dio un giro radical. Tras diversas pruebas, entre ellas una resonancia urgente, los especialistas confirmaron la presencia del tumor. El impacto emocional fue enorme, especialmente para sus padres, que vivieron con angustia cada fase del proceso.

El tratamiento fue intenso y prolongado. Nicolás Adega tuvo que someterse a 20 ciclos de quimioterapia y a una compleja intervención quirúrgica en la que le extirparon la rodilla y parte del fémur. En su lugar, se le implantó una prótesis interna. Aquella operación marcó el inicio de una nueva etapa, caracterizada por revisiones constantes y nuevas intervenciones.

Durante años, pasó por quirófano cada ocho o diez meses para adaptar la prótesis a su crecimiento. Cada operación suponía volver a empezar: rehabilitación, dolor y esfuerzo físico constante. A esto se sumaron complicaciones como el desgaste de la prótesis, la fractura del fémur o problemas en la cadera, que requirieron nuevas cirugías y largos periodos de inactividad.

El impacto emocional y la búsqueda de alternativas

Más allá de las secuelas físicas, el impacto psicológico fue profundo. Nicolás Adega pasó de ser un niño activo a enfrentarse a limitaciones importantes. No podía correr, saltar ni participar en juegos como antes, lo que le llevó a buscar nuevas formas de mantenerse activo.

Durante aproximadamente cinco años probó distintas disciplinas deportivas. Algunas fueron descartadas por recomendación médica debido al riesgo que implicaban. Otras, como la natación o la bicicleta estática, no lograron despertar en él el mismo interés. Sentía que le faltaba algo esencial: la competitividad y la conexión con el deporte.

El punto de inflexión llegó de manera inesperada. Adega descubrió el piragüismo casi por casualidad, y desde el primer momento sintió que había encontrado su lugar. Por primera vez en mucho tiempo, volvió a experimentar una sensación de igualdad con respecto a los demás.

Sus inicios en el piragüismo no fueron fáciles. Las caídas eran frecuentes y el aprendizaje exigente, pero su carácter competitivo le empujó a seguir adelante. Con el tiempo, encontró en el paracanoe, la modalidad adaptada, el espacio ideal para desarrollarse como deportista.

Su progresión fue rápida. Comenzó a destacar en competiciones autonómicas y nacionales, lo que le permitió acceder al Centro de Alto Rendimiento Gallego. Sin embargo, su avance volvió a verse interrumpido por nuevos problemas médicos, como la rotura del fémur o una lesión en la cadera que le obligaron a pasar nuevamente por quirófano.

Consolidación en la élite deportiva del piragüismo

A pesar de las dificultades, Nicolás Adega logró regresar al agua y continuar su carrera deportiva. Con tan solo 16 años, alcanzó el Campeonato de Europa absoluto de piragüismo, compitiendo contra rivales de mayor edad y experiencia, una característica habitual en el deporte adaptado, donde no existen categorías por edad.

El gran salto llegó en septiembre de 2025, cuando se proclamó campeón del mundo en Győr (Hungría), en la modalidad de maratón. Su victoria fue inesperada incluso para él mismo, ya que acudía sin grandes expectativas. Sin embargo, logró imponerse a algunos de los mejores especialistas internacionales.

Actualmente, entrena con el equipo nacional en Sevilla, donde también cursa estudios de Ingeniería Informática. Compagina así la exigencia académica con la preparación de alto nivel, con un objetivo claro en el horizonte: participar en unos Juegos Paralímpicos, con la mirada puesta en Los Ángeles.

Más allá del deporte: inspirar a otros

Además de su carrera deportiva, Nicolás Adega ha iniciado una labor de divulgación. A través de charlas en colegios, empresas y fundaciones, comparte su experiencia con el objetivo de motivar a otras personas, especialmente a niños que atraviesan situaciones similares.

También pone el foco en la importancia de la rehabilitación, un aspecto que considera fundamental en el proceso de recuperación. Reconoce que en algunos momentos no le dio la relevancia necesaria, lo que ha tenido consecuencias en su estado físico actual.

Con una discapacidad permanente y secuelas como la limitación en la movilidad de la rodilla o la diferencia de longitud entre sus piernas, afronta el presente con una actitud constructiva. Para él, el piragüismo no solo es un deporte, sino una herramienta que le ha permitido encontrar propósito en su vida.

Su historia refleja la capacidad de reconstruirse tras una experiencia traumática y de encontrar nuevas oportunidades. Además, pone en valor el papel del deporte adaptado, como con el piragüismo, como elemento de inclusión y visibiliza realidades como el cáncer infantil, contribuyendo a generar una sociedad más consciente y empática.

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