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Con la primavera es común sentirse más fatigado y notar ciertas variaciones en el organismo, que también pueden reflejarse en el aspecto del cabello y las pestañas. Este periodo de cambios estacionales, unido a factores como el estrés o algunos hábitos de cuidado, puede influir en su ciclo natural de renovación. Especialistas en dermocosmética explican qué hay detrás de esta caída aparente y cómo mantenerlas en buen estado.
La primavera, ¿un factor negativo para nuestras pestañas?
Con la llegada de la primavera es habitual notar más cansancio, cambios en el ánimo e incluso pequeñas variaciones en el aspecto del cabello y las pestañas. Este fenómeno, conocido como astenia primaveral, puede afectar al organismo de formas muy diversas.
Entre sus efectos más frecuentes está la sensación de debilidad capilar, que también puede reflejarse en las pestañas, haciéndolas parecer más finas o menos densas.
Las expertas en dermocosmética Marta Barrero y Elena Ramos explican que las pestañas tienen una función mucho más importante de lo que parece a simple vista.
Así, actúan como una barrera natural que protege los ojos del polvo, el sudor y otras partículas del ambiente. Además, señalan que perder algunas cada día es completamente normal, ya que forman parte de un ciclo natural de renovación. En condiciones habituales, la caída de unas pocas unidades diarias no debería ser motivo de preocupación.
Cambios estacionales y factores cotidianos
Durante la primavera, los cambios en la luz solar, la temperatura y ciertos ritmos hormonales pueden influir en el ciclo de crecimiento de las pestañas. Este proceso puede hacer que algunas entren antes de tiempo en la fase de caída, lo que genera la sensación de mayor pérdida. Sin embargo, no siempre es la estación la responsable directa.
En muchos casos, los hábitos de cuidado juegan un papel clave. Un desmaquillado agresivo, por ejemplo, puede debilitar la fibra y favorecer la rotura. Por eso, frotar en exceso o retirar la máscara de forma brusca son acciones que dañan esta zona tan delicada. También influye el uso incorrecto del rizador, especialmente si se aplica después de la máscara, cuando el pelo ya está más rígido y vulnerable.
Otro factor relevante es el estrés, que puede alterar el equilibrio hormonal y afectar al ciclo de crecimiento del pelo en general. A esto se suman otros elementos como el uso de cosméticos caducados o el abuso de extensiones sin periodos de descanso adecuados.
Aunque cierta pérdida diaria es normal, hay señales que conviene vigilar. Si aparecen zonas menos pobladas en la línea de las pestañas, si la caída es repentina o si se acompaña de picor, inflamación o descamación, lo recomendable es consultar con un especialista.
En algunos casos, detrás puede haber alteraciones hormonales, problemas de tiroides, déficits nutricionales o incluso enfermedades autoinmunes.
Hábitos para fortalecerlas
El cuidado diario es fundamental. Es importante retirar el maquillaje con suavidad, utilizando productos específicos que no obliguen a frotar en exceso. También ayuda peinarlas con un cepillo limpio para mantenerlas ordenadas y evitar manipulaciones constantes.
En cuanto a los ingredientes más recomendados, destacan los péptidos, el ácido hialurónico, el pantenol, la biotina y los extractos antioxidantes. Estos activos ayudan a mejorar la hidratación y la resistencia del pelo, haciéndolo menos propenso a la rotura.
Los sérums específicos pueden ser un gran aliado cuando se utilizan con constancia, ya que su función es prolongar la fase de crecimiento y mejorar la calidad de la fibra, lo que con el tiempo puede aportar un aspecto más denso y uniforme.
Además del cuidado externo, la alimentación también influye. Algunos nutrientes como la biotina, las vitaminas del grupo B, el zinc, el magnesio y los ácidos grasos omega-3 contribuyen a fortalecer el folículo desde el interior. Una combinación equilibrada de cuidados externos e internos es la clave para mantenerlas en buen estado durante todo el año.
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