La Palma podrá predecir las futuras crisis volcánicas gracias al estudio de la erupción del Tajogaite

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El cono volcánico del Tajogaite fotografiado en 2025

Lectura fácil

La erupción del volcán Tajogaite acontecida en el año 2021, dentro de la zona de Cumbre Vieja en la isla de La Palma, marcó un hito trascendental en la historia geológica reciente de España. Ahora, un exhaustivo trabajo de investigación publicado en Frontiers in Earth Science ha logrado reconstruir la dinámica magmática previa y simultánea a este evento mediante datos petrológicos, geoquímicos y geofísicos, lo que permitirá mejorar la predicción de futuras crisis volcánicas.

El artículo científico sostiene que la recolección y análisis de datos realizada permitirá descifrar con mayor precisión cómo se reactivó el sistema magmático antes de la erupción de 2021 y cómo evolucionó durante el episodio eruptivo. El estudio está firmado por H. Albert, Torres-González, Lamolda, Villasante-Marcos y Luengo-Oroz, entre otros investigadores vinculados a la Universidad de Barcelona (UB), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad de Uppsala y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Un análisis multidisciplinar integrado

El trabajo analiza conjuntamente la composición química de roca total y minerales, la cronología de difusión en cristales de olivino, la geoquímica de gases, los datos GNSS, la interferometría radar InSAR, la sismicidad y la altura de la columna eruptiva. La combinación de todas estas fuentes permitió a los investigadores reconstruir las condiciones de almacenamiento del magma, los procesos de recarga magmática y la evolución temporal del sistema de alimentación de la erupción.

Gracias a este enfoque integral, la comunidad científica cuenta ahora con un marco conceptual robusto que transforma la manera en que se abordará el monitoreo de las crisis volcánicas en el archipiélago canario.

Claves científicas para anticipar las crisis volcánicas

Una de las principales conclusiones es que el Tajogaite no fue el resultado de un único episodio repentino de ascenso magmático, sino de una historia en varias fases. Según el estudio, el sistema habría experimentado al menos tres intrusiones preeruptivas: una entre 2017 y 2018, otra en 2020 y una tercera en las semanas inmediatamente anteriores al inicio de la erupción, en septiembre de 2021. Estas intrusiones habrían contribuido a reactivar progresivamente el sistema volcánico de Cumbre Vieja.

Este hallazgo es fundamental para la gestión del riesgo geológico, ya que demuestra la necesidad de realizar un seguimiento a largo plazo de las anomalías del subsuelo para una mejor preparación ante posibles crisis volcánicas globales.

La cronología de difusión en cristales de olivino permitió estimar que la erupción de 2021 fue desencadenada por una intrusión tardía registrada a comienzos de septiembre, con tiempos de ascenso del magma de entre 10 y 30 días. Esta técnica funciona como una especie de reloj mineral: los cristales conservan huellas químicas de los procesos que han vivido dentro del magma y permiten calcular cuándo se produjeron determinadas recargas o movimientos en profundidad.

El artículo también apunta que los primeros magmas emitidos durante la erupción eran más evolucionados y contenían cristales de olivino con zonación oscilatoria, señal de apertura del conducto y ascenso rápido del magma. Esto arroja luz sobre la dinámica interna de las crisis volcánicas de origen monogenético.

El misterio del 'crystal mush' y el desfase temporal

Durante la segunda mitad de la erupción, el sistema evolucionó hacia un régimen distinto, marcado por la formación de una zona de acumulación magmática parcialmente cristalizada, conocida como crystal mush. Este puede entenderse como una mezcla de cristales y fundido magmático que no necesariamente asciende de inmediato hasta la superficie, pero que puede almacenar magma en la corteza y condicionar la dinámica eruptiva posterior.

Esta fase quedó reflejada en tiempos de residencia más prolongados de los cristales de olivino y en un desfase de unos cinco días entre los picos de deformación del terreno y los máximos de altura de la columna eruptiva. Para los autores, ese desfase sugiere episodios de acumulación, presurización y posterior expulsión del magma, demostrando que los cambios internos del sistema no siempre muestran una respuesta inmediata en superficie, una lección crucial para comprender que las crisis volcánicas no irrumpen de forma súbita.

Un nuevo horizonte para la vigilancia volcánica

Esta conclusión resulta útil para la vigilancia volcánica, porque muestra que no basta con medir cada parámetro por separado, sino que hay que interpretar la relación temporal entre sismicidad, deformación, gases y características del magma emitido. El estudio señala que, después de finales de noviembre de 2021, descendieron las concentraciones de elementos máficos y dejaron de recuperarse escalas temporales de difusión en olivino, indicando una transición hacia magmas más evolucionados.

En la práctica, el volcán Tajogaite demuestra que los fenómenos precursores pueden empezar a gestarse años antes de la erupción mediante pequeñas intrusiones, cambios en la desgasificación, enjambres sísmicos y deformaciones que, analizados de forma aislada, pueden resultar difíciles de interpretar. La isla de La Palma se consolida como un laboratorio natural excepcional que aporta una base científica de primer orden para mejorar la anticipación de futuras crisis volcánicas en Canarias y en todo el mundo.

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