La Guardia Civil destapa la lacra del grooming: el 39 % de los menores habla con desconocidos en la red

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adolescente mirando el móvil

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El mecanismo utilizado por los agresores en la red suele seguir un patrón operativo idéntico: ganarse la confianza de un niño o adolescente de forma meticulosa utilizando sus aficiones particulares, un videojuego o haciéndose pasar por alguien de su misma edad. Una vez que las víctimas bajan la guardia, comienzan las extorsiones, la manipulación emocional y el control. El grooming, definido como la estrategia de engaño de un adulto hacia un menor con fines de explotación sexual, ha mutado gracias a internet, convirtiéndose en una lacra invisible pero creciente que urge atajar desde todos los estamentos de la sociedad.

Casi el 40 % de los adolescentes españoles reconoce haber mantenido alguna relación digital con personas que no conocía en el mundo presencial u offline. En estos intercambios, compartieron datos personales de gran importancia como sus gustos, el nombre de su centro escolar, el número de teléfono móvil e incluso imágenes o la ubicación de su casa. Esta preocupante vulnerabilidad digital facilita enormemente que los ciberdelincuentes ejecuten prácticas de grooming sin levantar sospechas iniciales en el entorno familiar del menor.

El primer estudio estatal sobre el impacto del grooming

Esta grave problemática ha sido analizada minuciosamente en el primer informe nacional sobre la materia, elaborado por fundaciónSOL y la Guardia Civil. Los resultados, presentados este miércoles por expertos en protección a la infancia, alertan de que esta práctica constituye una variante directa de acoso sexual. El estudio, que recopila datos tras encuestar a más de 1.500 alumnos desde quinto de Primaria hasta primero de Bachillerato, evidencia que el 39 % de los estudiantes de Secundaria y el 14% de los de Primaria han contactado con desconocidos en entornos virtuales. Además, un preocupante 12 % en la ESO confirma haber recibido mensajes de explícito contenido sexual no solicitados por parte de perfiles desconocidos.

La confianza online se construye mediante interacciones cotidianas en las plataformas de mensajería, comentarios afectuosos y falsas validaciones que desactivan las barreras naturales de protección de los menores. Según explican los investigadores, el riesgo real no se percibe en las fases iniciales, permitiendo que hablen con adultos durante meses incrementando el peligro de sufrir grooming prolongado.

La importancia de la patria potestad digital en el entorno familiar

Durante la presentación del informe, la fiscal de Sala Coordinadora de Menores, Teresa Gisbert, insistió en que el aislamiento progresivo es la principal arma del agresor. La jurista recordó que estas dinámicas suelen iniciarse con fotos y pueden derivar en agresiones físicas. Por ello, Gisbert instó a ejercer una férrea patria potestad digital, monitorizando activamente los dispositivos de sus hijos.

Existen múltiples señales de alerta ante las cuales las familias deben permanecer vigilantes. Los cambios bruscos de comportamiento, el aislamiento prolongado, el rechazo a mostrar las pantallas o recibir regalos inesperados son indicios claros de que el menor padece un caso activo de grooming. La prevención mediante una regulación más estricta del acceso a las redes sociales y sistemas de verificación de edad en páginas web resultan medidas urgentes para atajar esta impunidad.

Romper el silencio y conservar las evidencias digitales

La principal barrera para combatir este delito es el absoluto silencio de las víctimas. El miedo al castigo, la vergüenza o el temor a que les retiren el teléfono móvil impiden que los afectados soliciten ayuda. Desde el ámbito médico, el doctor Celso Arango, jefe de Psiquiatría Infantil del Hospital La Paz, subraya que los menores con vulnerabilidad psicológica o soledad presentan un riesgo elevado de caer en redes de manipulación. Arango defiende que el mejor factor protector es recuperar la comunicación intrafamiliar mediante rutinas sencillas como cenar juntos sin pantallas.

Finalmente, el capitán jefe del EMUME de la Guardia Civil, Daniel Moreno, recordó la importancia de no borrar las conversaciones ni las imágenes. Aunque las víctimas sientan el impulso de hacer desaparecer todo rastro del chantaje, las autoridades necesitan conservar esas evidencias digitales para poder investigar judicialmente los hechos. La intervención temprana, el acompañamiento familiar sin reproches y entender que la culpa del grooming recae exclusivamente sobre el adulto manipulador son las claves para erradicar este peligro. Así, combatir el grooming es una tarea prioritaria para proteger a la infancia en la era digital.

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