Guterres vincula las protestas callejeras por el coste de la vida con la guerra y la desigualdad global

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Manifestantes protestan de noche. (archivo)

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Guterres alerta de que la desigualdad y la guerra son el "combustible" de la agitación social y protestas globales frente al aumento del coste de la vida

La sucesión de protestas callejeras que recorren Europa y otras regiones del mundo por el encarecimiento de la vida no son episodios aislados, sino síntomas de una fractura estructural. Según detalla Noticias ONU, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha instado a la comunidad internacional a "unir los puntos" para comprender cómo la escalada de la inflación, el alza de los tipos de interés y el impacto expansivo de los conflictos armados están asfixiando a las capas más vulnerables de la sociedad. A punto de iniciar una visita oficial a Egipto, Guterres ha denunciado la injusticia de un sistema económico que obliga a "quienes menos tienen a absorber los mayores choques", advirtiendo de que la guerra actúa como un multiplicador de la pobreza que drena los recursos para el desarrollo, fractura las cadenas de suministro y aleja la promesa de un futuro viable, especialmente para la juventud.

De la inflación a las calles, la crisis del coste de la vida no tiene fronteras

El diagnóstico de la ONU conecta de forma directa las tensiones geopolíticas con la cesta de la compra de los ciudadanos comunes. Aunque Guterres ha condenado tajantemente los recientes actos de violencia y vandalismo registrados en protestas de países como Francia o Italia, ha subrayado que las reivindicaciones pacíficas frente al aumento del precio de los alimentos, la energía y la vivienda son "reales y legítimas".

La subida generalizada de los tipos de interés ha encarecido el acceso al crédito no solo para las familias y los jóvenes que buscan emanciparse, sino también para los Estados soberanos. Esta asimetría financiera divide al mundo en dos realidades: países que pueden endeudarse de forma asumible para proteger a su población y naciones del Sur Global que se ven forzadas a elegir entre pagar los intereses de su deuda externa o invertir en educación, salud y medidas de protección social para frenar la pobreza.

El conflicto como multiplicador de la desigualdad

Guterres ha ilustrado el impacto expansivo de las protestas y conflictos actuales comparándolo con el fenómeno de 'El Niño': una disrupción originada en un punto concreto que altera las condiciones de vida a miles de kilómetros de distancia. Si bien la guerra no es la creadora de todas las desigualdades preexistentes, sí actúa como un implacable acelerador que las "alimenta y explota".

Los ataques deliberados a infraestructuras civiles, escuelas y redes energéticas en lugares como Ucrania o Sudán no solo devastan las zonas de combate, sino que provocan ondas de choque globales. Estas disrupciones colapsan los mercados energéticos, encarecen el transporte marítimo internacional y rompen las cadenas de suministro agrícola, obligando a millones de personas fuera de esas fronteras a "elegir entre comer o calentarse" ante la escalada inflacionista de los bienes básicos.

El polvorín de Oriente Medio y el llamamiento urgente a los donantes

La situación humanitaria en Oriente Medio representa el vértice más agudo de esta crisis interconectada. El titular de la ONU expresó su alarma por la expansión del enfrentamiento, señalando la escalada militar en torno a la ciudad yemení de Taiz, los ataques a infraestructuras en Arabia Saudita y la represión a la que se enfrentan los civiles en Cisjordania.

En el Territorio Palestino Ocupado, la situación es crítica ante la llegada inminente del invierno y la severa restricción de ayuda esencial por parte de Israel, lo que dificulta la implementación del Plan Integral de paz respaldado por el Consejo de Seguridad. Frente a esta emergencia, Guterres ha lanzado un llamamiento desesperado a la comunidad de donantes internacionales para que inyecten 450 millones de dólares en el Programa Mundial de Alimentos (PMA), fondos indispensables para garantizar el sustento de la población en Gaza y Cisjordania durante los próximos seis meses.

«Debemos unir los puntos: la guerra no crea todas las desigualdades, pero las alimenta y las explota, exponiendo la injusticia de un sistema que obliga a quienes menos tienen a absorber los mayores choques».

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