Los barrios pobres se vinculan con una peor salud cerebral

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Los barrios pobres y la salud cerebral

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Vivir en barrios con mayores carencias socioeconómicas podría estar relacionado con un envejecimiento más rápido del cerebro y con un menor volumen cerebral. Un estudio publicado en la revista Radiology apunta a que las condiciones del entorno residencial pueden dejar una huella medible en el cerebro.

Vivir en zonas pobres empeora la salud cerebral, según expertos

Vivir en zonas con mayores carencias económicas y sociales puede estar relacionado con una peor salud cerebral. Así lo señala un estudio publicado en la revista Radiology, que estudia la relación entre el barrio y varios indicadores cerebrales.

Los investigadores estudiaron a miles de personas para comprobar si el entorno residencial se reflejaba en las resonancias magnéticas. Los resultados apuntaron a una asociación entre residir en áreas con mayor desventaja socioeconómica y un deterioro de la salud cerebral.

El trabajo parte de una idea que los científicos llevan años estudiando: las condiciones sociales y ambientales pueden influir en el organismo. El análisis se centró en saber si esas diferencias podían observarse en el cerebro. Según los autores, los resultados aportan datos cuantificables sobre esa relación y sugieren que el contexto residencial puede tener importancia para la salud cerebral.

Resonancias de más de 2.800 pacientes

Para realizar la investigación, el equipo examinó las imágenes cerebrales de 2.826 pacientes, con edades comprendidas entre los 18 y los 96 años. Las resonancias procedían de pruebas clínicas realizadas en hospitales, consultas externas y centros colaboradores de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, entre enero y junio de 2024.

Los especialistas calcularon un índice para medir el nivel de privación socioeconómica de su zona de residencia. El índice incluye ingresos, educación, empleo y características de las viviendas. Así compararon los resultados de personas que vivían en barrios con diferentes condiciones.

Uno de los principales indicadores fue la diferencia entre la edad real de una persona y la edad estimada de su cerebro a partir de la resonancia. Una mayor distancia puede indicar un envejecimiento cerebral más rápido. El estudio encontró que quienes residían en las zonas con mayores niveles de privación presentaban una diferencia más elevada, además de un menor volumen cerebral total.

Alteraciones observadas en el cerebro

Estos resultados se acompañaron de otras diferencias observadas en las imágenes. Los residentes de los barrios más desfavorecidos mostraron un mayor volumen de hiperintensidades de la sustancia blanca, unas alteraciones que pueden estar relacionadas con daños en los pequeños vasos sanguíneos del cerebro. Este hallazgo resulta relevante porque estas lesiones se han relacionado con problemas de memoria, dificultades cognitivas y un mayor riesgo de demencia.

Los investigadores señalan que factores como la hipertensión, la falta de descanso o la exposición prolongada al estrés podrían contribuir a explicar parte de estas diferencias. Sin embargo, el estudio muestra una asociación y no demuestra que vivir en un determinado barrio sea, por sí solo, la causa directa de los cambios observados.

En conjunto, los datos refuerzan la importancia de las condiciones sociales y económicas en la salud cerebral. El lugar donde una persona vive puede estar relacionado con factores que afectan a largo plazo al cerebro y a la salud del cerebro.

Los autores consideran que estudiar estas desigualdades puede ayudar a comprender mejor por qué determinadas poblaciones presentan un mayor riesgo de problemas de salud cerebral. También plantean la necesidad de tener en cuenta el entorno social cuando se analizan las diferencias en la salud cerebral y el envejecimiento neurológico.

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