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La violencia dentro del hogar o violencia intrafamiliar continúa siendo una realidad preocupante para miles de niños y adolescentes en España. Los casos de menores que sufren algún tipo de maltrato en el entorno familiar y que necesitan ayuda han experimentado un incremento del 75,2 % en los últimos cinco años, según los datos recopilados por la Fundación ANAR. El estudio también revela que el padre es el principal responsable de estas situaciones en casi la mitad de los casos y que apenas una de cada cuatro víctimas había recibido atención psicológica cuando contactó con la organización.
Estas conclusiones forman parte del informe Violencia intrafamiliar en la infancia y adolescencia según género: tipología, causas y consecuencias, un análisis que recoge la situación de 27.138 menores atendidos por la entidad entre junio de 2020 y junio de 2025. Los resultados ponen de manifiesto la dimensión de un problema que, en muchas ocasiones, permanece oculto dentro de las propias viviendas y que afecta tanto al bienestar emocional como al desarrollo educativo y social de las víctimas.
Uno de los aspectos más alarmantes es la frecuencia y duración de los episodios violentos. Más de seis de cada diez menores atendidos experimentaban estas situaciones diariamente, mientras que en el 77,6 % de los casos el maltrato se prolongaba durante más de doce meses. Además, el 83,3 % de las situaciones fueron consideradas de gravedad alta y el 70,9 % presentaban también un nivel elevado de urgencia.
Más de 27.000 menores atendidos en cinco años por violencia intrafamiliar
Entre junio de 2020 y junio de 2025, la Fundación ANAR recibió un total de 373.926 peticiones de ayuda relacionadas con la violencia intrafamiliar a través de sus diferentes canales de atención: teléfono, correo electrónico y Chat ANAR. Gracias a estos servicios, la organización pudo intervenir en 27.138 casos de niños y adolescentes que sufrían violencia en sus hogares.
La evolución de las cifras evidencia un aumento considerable de esta problemática. Durante el primer periodo analizado, entre junio de 2020 y junio de 2021, se contabilizaron 3.216 casos. La cifra ascendió hasta los 7.368 entre julio de 2021 y junio de 2022. Posteriormente, se registraron 5.051 casos en el siguiente ejercicio, 5.867 entre julio de 2023 y junio de 2024 y otros 5.636 durante el último periodo estudiado.
En conjunto, el crecimiento alcanza el 75,2 % en cinco años. Una proporción que refleja hasta qué punto la violencia en el ámbito familiar constituye una de las principales preocupaciones en la atención a la infancia. De hecho, uno de cada tres casos relacionados con cualquier problemática que atendió ANAR durante estos años estaba vinculado con situaciones de violencia dentro del hogar.
El maltrato físico y psicológico, las formas más habituales
El informe identifica diferentes manifestaciones de violencia contra niños y adolescentes. Las más frecuentes son el maltrato físico, presente en el 34,9 % de los casos, y el psicológico, que representa el 29,4 %.
A continuación aparecen las situaciones de abandono, con un 14,5 %; la violencia de género dentro del entorno familiar, que supone el 10,7 %, y las agresiones sexuales, identificadas en el 10,5 % de los menores atendidos.
Aunque todas las modalidades han aumentado durante el periodo analizado, algunas presentan una evolución especialmente preocupante. La violencia de género en el ámbito familiar ha registrado un incremento del 237,4 %, convirtiéndose en la tipología que más ha crecido. Le siguen las agresiones sexuales, con una subida del 116,6 %, y el abandono, cuyo aumento alcanza el 97,6 %.
El estudio también advierte de la presencia de un uso inadecuado de la tecnología en la mitad de las situaciones de violencia intrafamiliar. Esta circunstancia aparece especialmente relacionada con el maltrato psicológico y físico, lo que demuestra que los dispositivos digitales pueden formar parte de dinámicas de control, intimidación y agresión dentro de las familias.
Las niñas representan seis de cada diez víctimas
El análisis de los datos por género refleja una mayor presencia femenina entre los menores que sufren violencia en el hogar. Las niñas y adolescentes representan el 60,2 % del total de víctimas atendidas por la Fundación ANAR.
Esta diferencia resulta especialmente significativa en determinadas modalidades de maltrato. Las chicas constituyen el 80,8 % de las víctimas de agresiones sexuales, el 60,8 % de quienes sufren maltrato psicológico y el 59,3 % de los menores afectados por violencia física.
En cuanto a las edades, el grupo más numeroso corresponde a los adolescentes de entre 13 y 17 años, que representan el 43,5 % de los casos. Sin embargo, la violencia también afecta de manera importante a los más pequeños: el 37,8 % de las víctimas tiene nueve años o menos.
Los menores de menor edad presentan una vulnerabilidad particular ante situaciones de abandono y violencia de género en el entorno familiar, debido a su mayor dependencia de los adultos y a las dificultades que pueden encontrar para identificar lo que están viviendo y comunicarlo a otras personas.
La discapacidad aumenta la vulnerabilidad ante el maltrato
Otro de los aspectos destacados por la investigación es la situación de los niños y adolescentes con discapacidad. Este colectivo representa el 24,9 % de los menores atendidos, una proporción que evidencia la especial exposición de estos niños a diferentes formas de violencia.
Dentro de este grupo existe, además, una mayor presencia masculina: los chicos suponen el 66,4 % de las víctimas con discapacidad. Las modalidades más habituales son el maltrato físico y el psicológico.
Estas cifras ponen de relieve la necesidad de prestar una atención especial a los menores que, por sus circunstancias personales, pueden tener mayores dificultades para expresar lo que ocurre en sus hogares, denunciar los abusos o acceder a mecanismos de protección.
Los progenitores aparecen como principales responsables
La investigación también analiza quiénes ejercen la violencia contra los menores y señala directamente al entorno familiar más cercano. El padre aparece identificado como agresor en el 48,5 % de los casos, mientras que la madre figura como responsable en el 28,6 %. Cuando ambos progenitores participan en las situaciones de violencia, el porcentaje alcanza el 12,2 %.
El padre es, por tanto, la principal figura agresora en todas las modalidades analizadas. En el caso de las agresiones sexuales, el informe señala una presencia predominante de hombres pertenecientes al entorno familiar, entre ellos padres, padrastros, hermanos, primos, tíos y abuelos.
El documento también identifica circunstancias familiares que pueden aumentar la vulnerabilidad de los menores. Un 36,2 % de las víctimas vive únicamente con su madre, una situación en la que pueden existir dificultades añadidas relacionadas con la falta de recursos económicos y de apoyo.
Asimismo, casi la mitad de los menores atendidos pertenece a familias migrantes. En este colectivo aparecen especialmente situaciones de maltrato físico, abandono y agresiones sexuales.
Los problemas de salud mental también tienen una presencia importante en los hogares afectados por la violencia: están presentes en el 44,5 % de las familias analizadas. En los casos de abandono destacan, además, las adicciones, la pobreza infantil y los conflictos derivados de separaciones, custodias y regímenes de visitas. Por su parte, el maltrato psicológico aparece relacionado principalmente con los problemas de convivencia, las dificultades de comunicación y los conflictos entre familiares.
Las consecuencias llegan al colegio y a la salud mental
La violencia intrafamiliar no termina en los episodios de agresión. Sus efectos pueden prolongarse durante años y repercutir en diferentes ámbitos de la vida de los niños y adolescentes.
Uno de los indicadores más preocupantes aparece en el rendimiento académico. Según el estudio, el 73,4 % de los menores víctimas de violencia familiar presenta un nivel escolar medio o bajo. Las dificultades para concentrarse, el malestar emocional y la falta de estabilidad en el hogar pueden interferir directamente en su aprendizaje y en sus relaciones con otros compañeros.
La salud mental constituye otro de los ámbitos más afectados. Los problemas psicológicos aparecen asociados a todas las modalidades de violencia analizadas, aunque tienen una incidencia especialmente elevada entre quienes han sufrido agresiones sexuales, con un 63,2 %, y entre las víctimas de maltrato psicológico, con un 61,9 %.
En el caso de las niñas y adolescentes, el informe destaca también las autolesiones como uno de los principales indicadores asociados a la violencia en el entorno familiar.
Pese a la gravedad de estas consecuencias, solamente el 26,3 % de los menores atendidos había recibido tratamiento psicológico antes de ponerse en contacto con la Fundación ANAR. Esto significa que una amplia mayoría de las víctimas no había tenido acceso previo a esta atención especializada.
Además, cada menor presentaba una media de 4,8 problemas asociados a su situación. Entre ellos se encontraban las dificultades en las relaciones familiares, el maltrato psicológico y los problemas de salud mental, lo que refleja que estas experiencias suelen producirse en contextos complejos en los que confluyen diferentes factores de riesgo.
La importancia de detectar una violencia que permanece oculta
Desde la Fundación ANAR insisten en que uno de los principales obstáculos para combatir la violencia intrafamiliar es que ocurre en un espacio privado, donde los menores pueden sentirse aislados y sin posibilidades de pedir ayuda.
Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda de la organización, ha explicado que muchos niños viven estas experiencias en silencio y sienten que no tienen a quién acudir. En su descripción de los testimonios recibidos diariamente, ha señalado que algunos menores relatan haber sufrido mordiscos, golpes, sacudidas y humillaciones, además de convivir permanentemente con el miedo dentro de sus propias casas.
La responsable de la entidad ha subrayado la importancia de que otros adultos del entorno sean capaces de reconocer las señales de alarma y actuar cuanto antes para proteger a las víctimas.
Los resultados del informe dibujan una realidad que requiere una respuesta coordinada entre familias, centros educativos, profesionales sanitarios y servicios sociales. El aumento de los casos, la elevada duración de los episodios violentos y el reducido porcentaje de menores que ha recibido atención psicológica muestran la necesidad de mejorar tanto la prevención como la detección temprana.
La violencia dentro del hogar puede permanecer invisible durante mucho tiempo, pero sus consecuencias afectan profundamente al desarrollo de la infancia y la adolescencia. Por eso, identificar los primeros indicios, escuchar a los menores y facilitarles vías seguras para solicitar ayuda resulta fundamental para evitar que estas situaciones continúen prolongándose.
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