CONFESQ exige el reconocimiento oficial de la Electrohipersensibilidad

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Chico con dolor de cabeza tras el uso de su ordenador

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La invisibilización institucional de las enfermedades ambientales complejas sigue abocando a miles de personas a la desprotección social, laboral y médica. Según informa el portal especializado en el ámbito asociativo Somos Pacientes, la Coalición Nacional de Fibromialgia, Encefalomielitis Miálgica, Sensibilidad Química Múltiple y Electrohipersensibilidad (CONFESQ) ha lanzado una alerta urgente para exigir el reconocimiento oficial de la Electrohipersensibilidad (EHS) en el sistema sanitario español.

La entidad advierte que la ausencia de un marco diagnóstico unificado y el desconocimiento generalizado sobre esta condición no solo privan a los afectados de un abordaje médico adecuado, sino que los exponen a situaciones extremas de exclusión laboral, aislamiento social y denegación de asistencia en recintos hospitalarios.

La electrohipersensibilidad en el limbo médico: sintomatología, vacío legal y falta de codificación

La Electrohipersensibilidad (EHS) es una condición caracterizada por la aparición de un conjunto heterogéneo de síntomas multisistémicos atribuibles, según la vivencia de los pacientes, a la exposición a campos electromagnéticos (CEM) no ionizantes de baja y alta frecuencia, como los emitidos por redes Wi-Fi, antenas de telefonía móvil, dispositivos inteligentes, líneas de alta tensión o transformadores eléctricos. Entre las manifestaciones clínicas descritas figuran cefaleas crónicas, astenia o fatiga extrema, trastornos del sueño, acúfenos, mareos, arritmias, niebla mental y alteraciones cutáneas.

Pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la realidad de estos síntomas incapacitantes y su fuerte impacto en la calidad de vida, España carece de una codificación específica dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) adaptada al sistema público de salud. Este vacío normativo sitúa a los enfermos en una posición de vulnerabilidad sistemática frente a la administración. Al no figurar como una patología ambiental reconocida de forma clara en las guías del Ministerio de Sanidad, los profesionales de atención primaria y especializada carecen de protocolos clínicos unificados para su diagnóstico y derivación, lo que deriva en diagnósticos erróneos, psiquiatrización injustificada de los síntomas y peregrinaje médico infructuoso durante años.

Extrema vulnerabilidad laboral: barreras en el puesto de trabajo y para la incapacidad permanente

El impacto de la Electrohipersensibilidad en el ámbito laboral es devastador. En una sociedad hiperconectada donde los entornos de trabajo están masivamente digitalizados mediante redes inalámbricas, ordenadores y dispositivos móviles continuos, los profesionales afectados ven seriamente comprometida su capacidad de desempeño diario:

  • Incompatibilidad con entornos de oficina modernos: La exposición continuada a fuentes de radiación electromagnética en espacios cerrados desencadena brotes agudos de dolor, desorientación y agotamiento, obligando a los trabajadores a solicitar bajas médicas recurrentes.
  • Denegación de adaptación del puesto: Al no existir una definición clara en la normativa de prevención de riesgos laborales, las empresas raramente implantan medidas de adaptación razonable, como la sustitución de redes Wi-Fi por conexiones cableadas por Ethernet, el apantallamiento de espacios o la facilitación del teletrabajo en zonas de baja radiación.
  • Invisibilidad ante los tribunales médicos: Las solicitudes de incapacidad temporal o permanente interpuestas por pacientes con EHS son desestimadas de forma mayoritaria por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) al alegar falta de evidencia en el catálogo oficial de enfermedades. Esta situación aboca a los afectados a despidos disciplinarios o procedentes por inasistencia, dejándolos sin ingresos económicos ni prestaciones por desempleo o invalidez.

La urgencia de 'zonas blancas' en recintos sanitarios y demandas de CONFESQ

El aspecto más paradójico y grave denunciado por CONFESQ radica en las barreras de acceso a la propia atención sanitaria. Los centros de salud y hospitales públicos cuentan con un elevado nivel de contaminación electromagnética derivado de la instrumentación médica, los sistemas de telemetría, las antenas interiores y la proliferación de dispositivos móviles de usuarios y personal. Como consecuencia, los pacientes con Electrohipersensibilidad grave sufren un empeoramiento agudo de su estado de salud al acudir a consultas o urgencias, viéndose obligados en ocasiones a rechazar pruebas diagnósticas esenciales o ingresos hospitalarios por no poder tolerar el entorno.

Para revertir esta discriminación estructural, CONFESQ traslada una batería de peticiones prioritarias al Ministerio de Sanidad y a las comunidades autónomas:

  • Codificación y reconocimiento oficial: Asignar un código específico a la Electrohipersensibilidad en la CIE-11 e integrar la condición en el Catálogo de Enfermedades del Sistema Nacional de Salud.
  • Creación de 'zonas blancas' en hospitales: Habilitar espacios de baja radiación electromagnética (libres de Wi-Fi y telefonía móvil) en recintos sanitarios y edificios públicos para garantizar la atención médica segura de los afectados.
  • Formación y guías clínicas: Elaborar protocolos oficiales de actuación para el personal sanitario y publicar guías sobre prevención de riesgos laborales en materia de contaminación electromagnética.
  • Impulso a la investigación científica: Destinar fondos públicos a estudios epidemiológicos y clínicos independientes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la biología humana.

El reconocimiento oficial de la electrohipersensibilidad es un imperativo ético y sanitario básico para evitar que miles de personas queden marginadas del trabajo, la sanidad y la vida social.

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