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El coordinador de Alianza Verde, Juantxo López de Uralde, ha reclamado este lunes que los gobiernos autonómicos suspendan la media veda en las zonas afectadas por los incendios forestales, al considerar que la recuperación de los ecosistemas debe primar sobre la actividad cinegética. El partido ecologista ha calificado de “lamentable” que la caza se haya autorizado con normalidad tras un verano que, según sus responsables, ha sido especialmente duro por el impacto de los fuegos.
La petición concreta: un año sin caza en áreas quemadas y su entorno
Alianza Verde reitera su petición a comunidades como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid y Extremadura para que prohiban la caza al menos durante un año en las áreas quemadas y en un perímetro de seguridad de 30 kilómetros alrededor de ellas. Según la formación, esta medida “permitiría garantizar una recuperación mínima de los espacios naturales afectados y de las poblaciones de fauna silvestre dañadas por el fuego”.
La propuesta no busca una moratoria general, sino una suspensión temporal y territorialmente delimitada, centrada en los territorios donde el fuego ha alterado hábitats y reducido la disponibilidad de refugio y alimento para la fauna. En la práctica, esto implicaría que las juntas de caza y las consejerías competentes delimiten los polígonos afectados por los grandes incendios forestales (GIF) y establezcan vedas excepcionales en esos recintos y en su zona de amortiguación.
Para justificar la urgencia de la medida, Alianza Verde se apoya en las cifras del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) y del programa Copernicus, que han contabilizado cerca de 284.000 hectáreas arrasadas por incendios en España en lo que va de año. Esta cifra, a juicio de los ecologistas, sitúa el verano de 2026 entre los más destructivos de las últimas décadas.
Los datos oficiales más recientes apuntan en la misma dirección. Hasta el 12 de agosto, España registraba 265.457 hectáreas quemadas según EFFIS-Copernicus, una superficie que ya supera ampliamente la de años anteriores y que sigue creciendo conforme avanza la campaña estival. A principios de agosto, la misma fuente cifraba en 222.783 las hectáreas calcinadas desde el 1 de enero, lo que refleja la rapidez con la que se ha disparado la superficie afectada en las últimas semanas.
El Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), por su parte, ofrecía a finales de julio una estimación de 173.651 hectáreas quemadas entre el 1 de enero y el 28 de julio, casi seis veces más que en el mismo periodo de 2025, tras incorporar reajustes satelitales de EFFIS. En ese corte temporal, se habían registrado 35 grandes incendios forestales (GIF), frente a los 7 del año anterior, lo que subraya la excepcionalidad de la campaña.
Por qué importa la fauna: codorniz y tórtola en el centro del debate
Entre las especies que suelen citar los ecologistas para argumentar la necesidad de pausar la caza tras los incendios destacan la codorniz común (Coturnix coturnix) y la tórtola europea (Streptopelia turtur), por el debate sobre el estado de conservación de sus poblaciones. Ambas son aves migratorias que dependen de mosaicos agrícolas y de matorrales para nidificar y alimentarse, hábitats que los grandes fuegos han fragmentado o eliminado en amplias zonas.
La tórtola europea, en particular, lleva años bajo presión por la pérdida de hábitat y los cambios en los usos del suelo, y su estado de conservación es objeto de seguimiento en el marco de la directiva de aves de la UE. La codorniz, aunque más adaptable, también ve reducidas sus poblaciones locales cuando desaparecen los linderos, los rastrojos y las zonas de refugio tras un incendio de gran magnitud. En este contexto, los ecologistas argumentan que mantener la presión cinegética inmediatamente después del fuego puede dificultar la recuperación demográfica de estas y otras especies.
Bien de Interés Cultural para la media veda: una propuesta que divide
En medio de este debate, Alianza Verde ha criticado la propuesta de la Federación de Caza de Castilla y León para declarar la media veda Bien de Interés Cultural (BIC) y ha expresado su rechazo al respaldo mostrado a esta iniciativa por responsables del Gobierno autonómico. Para la formación ecologista, blindar la media veda como patrimonio cultural choca con la necesidad de priorizar “la recuperación de los territorios afectados” frente a los intereses cinegéticos tras un verano de incendios sin precedentes recientes.
López de Uralde ha insistido en que, tras los incendios registrados este verano, las comunidades autónomas “deben actuar con responsabilidad y adoptar medidas orientadas a proteger el territorio, la biodiversidad y la fauna silvestre afectadas por el fuego”. En su visión, la figura de BIC para la media veda enviaría un mensaje equivocado en un momento en el que, según los datos de EFFIS y Copernicus, España acumula una de las mayores superficies quemadas de la historia reciente.
La magnitud de la campaña española se refleja también en el balance europeo. Hasta finales de julio, los incendios forestales habían arrasado 457.459 hectáreas en la Unión Europea, un 31,8 % más que en el mismo periodo de 2025, según EFFIS. España concentraba entonces 217.609 hectáreas, impulsando el aumento continental, seguida de Francia, Italia y Portugal.
A mediados de agosto, otras fuentes situaban la superficie quemada en España ya por encima de las 270.000 hectáreas según la estimación en tiempo real de EFFIS, frente a unas 140.000 en la misma fecha de 2025. Esta disparidad de cifras, entre los datos consolidados por el Miteco y las estimaciones satelitales de Copernicus, es habitual, ya que las metodologías difieren: una se basa en partes de campo y la otra en teledetección, pero ambas apuntan a una campaña excepcionalmente severa.
Qué implicaría suspender la media veda en la práctica
Suspender la media veda en las áreas quemadas y en un radio de 30 kilómetros no significa prohibir toda la caza, sino aplicar una moratoria temporal y espacialmente acotada. En la práctica, las consejerías de medio ambiente y las entidades locales de caza tendrían que:
- Delimitar los polígonos afectados por los GIF y sus zonas de amortiguación.
- Publicar órdenes o resoluciones que establezcan la veda excepcional y su duración (mínimo un año, según propone Alianza Verde).
- Informar a las sociedades de cazadores y actualizar los planes técnicos de caza en esos territorios.
El objetivo, según los ecologistas, es dar un margen de tiempo para que la vegetación se regenere, se restablezcan las estructuras del hábitat y las poblaciones de fauna afectadas puedan recuperar sus niveles demográficos básicos antes de volver a ser sometidas a presión cinegética.
La encrucijada: tradición cinegética frente a emergencia ecológica
El conflicto de fondo es político y de prioridades: por un lado, la defensa de la media veda como actividad tradicional y económica en el medio rural; por otro, la exigencia de adaptar la gestión del territorio a un contexto de incendios más frecuentes y extensos. Alianza Verde sitúa la balanza del lado de la recuperación ecológica y considera que, tras un verano en el que EFFIS y Copernicus registran cerca de 284.000 hectáreas arrasadas, lo “lamentable” es mantener la normalidad cinegética como si nada hubiera cambiado.
La respuesta de las comunidades autónomas a esta petición marcará el tono de la próxima temporada de caza en las regiones más afectadas y podría abrir un precedente sobre cómo integrar la gestión cinegética en la estrategia de recuperación postincendio.
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