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La situación de los migrantes que permanecen en Ceuta tras la entrada masiva registrada a finales de julio continúa generando preocupación. Amnistía Internacional ha denunciado presuntos casos de torturas, malos tratos y vejaciones atribuidos a miembros de las fuerzas armadas españolas, al tiempo que alerta de las precarias condiciones en las que se encuentran muchas de las personas que siguen en la ciudad autónoma.
La organización asegura que miles de migrantes carecen de alimentos suficientes, asistencia sanitaria adecuada y unas condiciones mínimas de acogida. Según sus datos, alrededor de 80.000 personas accedieron de manera irregular a Ceuta durante los días 30 y 31 de julio.
Las conclusiones proceden de una misión desarrollada por Amnistía Internacional entre el 10 y el 15 de septiembre. Durante esos días, sus representantes entrevistaron a más de 65 y mantuvieron encuentros con distintas organizaciones, la Fiscalía y representantes del Gobierno de Ceuta.
Tras la investigación, la ONG remitió una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas. En ella reclama medidas inmediatas para garantizar asistencia humanitaria, una acogida digna y una protección específica para los menores que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad.
Lesiones y testimonios de presuntos malos tratos a los migrantes
Uno de los aspectos más graves señalados por Amnistía Internacional son los testimonios sobre supuestas agresiones físicas. La organización afirma haber documentado mediante fotografías y vídeos diferentes lesiones y cuerpos magullados que, según su valoración, serían compatibles con golpes realizados con porras reglamentarias.
Entre los relatos recogidos aparece el de un joven que aseguró haber sido reducido con bridas, introducido en el maletero de un vehículo y posteriormente amordazado. Según su testimonio, sus agresores le golpearon la cara contra un árbol y le propinaron porrazos y puñetazos antes de arrojarlo por un terraplén. Los investigadores aseguran que pudieron observar marcas en sus muñecas.
Otro de los testimonios corresponde a un joven marroquí que afirmó llevar 25 días sin poder caminar. Según explicó a la organización, un militar lo habría empujado desde una altura después de que un grupo de militares despertara y acosara a varias personas que dormían en las inmediaciones de la Ermita de San Antonio.
Además de las presuntas agresiones físicas, la ONG asegura haber recibido relatos sobre insultos, amenazas y diferentes formas de hostigamiento destinadas, según su investigación, a obligar a los migrantes a abandonar Ceuta.
Amnistía Internacional también habla de comportamientos que considera vejatorios y discriminatorios. Entre los ejemplos recogidos figuran supuestas amenazas continuadas, dificultades para dormir durante la noche y obstáculos para desplazarse libremente por la ciudad durante el día.
La organización asegura asimismo haber recibido testimonios sobre situaciones en las que personas musulmanas habrían sido obligadas a arrodillarse para besar una cruz cristiana. También menciona casos en los que se habría retirado la comida a personas que se negaban a cumplir determinadas órdenes.
Según la ONG, este comportamiento formaría parte de un patrón de hostigamiento que califica de racista, xenófobo e islamófobo. La organización sostiene que algunos migrantes son sometidos a identificaciones que describe como agresivas y que se les dificulta el acceso a determinadas zonas del centro, así como a tiendas y supermercados.
Durante su propia visita, los integrantes de Amnistía aseguran haber presenciado cómo militares se acercaron a un grupo de personas racializadas que estaba sentado en un banco próximo al centro de Ceuta. Según la organización, les preguntaron si eran de allí y posteriormente les ordenaron abandonar el lugar. Cuando los representantes de la ONG preguntaron por el motivo de esa actuación, aseguran que recibieron una respuesta concreta: "Tenemos órdenes para que no se sientan cómodos".
Una atención sanitaria que, según la ONG, resulta insuficiente
La situación sanitaria constituye otro de los puntos destacados por Amnistía Internacional. La organización sostiene que los migrantes no disponen de una atención humanitaria y médica adecuada.
Según la investigación, muchas personas reciben únicamente una comida diaria. Para acceder a ella, algunas tendrían que caminar durante horas y soportar colas de más de tres horas bajo el sol. El problema se agrava, según la ONG, porque la asistencia sanitaria se ofrece al mismo tiempo en otro punto, lo que obliga a determinadas personas a escoger entre acudir a por alimentos o recibir atención para sus heridas y enfermedades.
La organización también recoge testimonios sobre presuntos episodios de discriminación en el ámbito sanitario. Algunos habrían denunciado comentarios racistas y xenófobos durante sus visitas al hospital, incluyendo referencias a ellos como "invasores".
Amnistía asegura además que algunas personas, incluso menores o pacientes con heridas abiertas en la cabeza, habrían tenido que permanecer en el exterior en lugar de acceder a la sala de espera de urgencias.
La ONG presta especial atención a la situación de mujeres y menores que carecen de referentes adultos. Según su informe, cientos de estas personas continúan durmiendo en la calle o en asentamientos improvisados, sin acceso suficiente a duchas y aseos.
Entre los menores que se encuentran solos, algunos habrían acudido prácticamente a diario a dependencias policiales para solicitar protección. Sin embargo, según los testimonios recopilados por Amnistía Internacional, sus peticiones habrían sido rechazadas de forma reiterada, al derivarse la responsabilidad hacia organizaciones locales.
Estas entidades, señala la organización, estarían trabajando al límite de sus posibilidades debido al elevado número de personas que necesitan ayuda.
La ONG alerta del aumento de los discursos de odio
Amnistía Internacional sitúa todas estas denuncias dentro de un contexto más amplio de creciente deshumanización de las personas migrantes. La organización advierte de que la crisis de Ceuta habría venido acompañada de un incremento de discursos de odio, bulos y mensajes estigmatizantes.
Según la ONG, esta retórica no solo afecta a quienes han llegado a la ciudad, sino también a las personas y organizaciones que les prestan asistencia o cuestionan determinados discursos. Como ejemplo, menciona los ataques dirigidos contra activistas de Luna Blanca y No Name Kitchen.
La propia delegación de Amnistía afirma haber experimentado situaciones de hostigamiento durante su trabajo de campo. Según el comunicado difundido por la organización, sus integrantes fueron identificados por la Policía y, el 11 de septiembre, recibieron insultos de un grupo de militares que patrullaba en las inmediaciones de un hospital.
De acuerdo con el relato incluido en el informe, uno de los militares se dirigió a los miembros de la organización con la expresión: "Perroflautas, ¡A chuparla!".
Con estas conclusiones sobre la mesa, Amnistía Internacional reclama a las autoridades españolas y ceutíes una actuación urgente para mejorar las condiciones de los migrantes, garantizar su acceso a alimentos y atención sanitaria y reforzar la protección de los menores. La organización considera que la respuesta a la crisis debe incluir medidas de acogida y protección que eviten que las personas afectadas permanezcan en la calle y que permitan atender de forma específica a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
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