¿Por qué una atleta ciega compite con los ojos tapados? Alba García desvela el motivo

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Alba García, saltadora ciega, y un motivo para competir con los ojos tapados

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Para el espectador neófito que sintoniza unos Juegos Paralímpicos o un mundial de atletismo, la imagen resulta contraintuitiva, casi paradójica: una atleta ciega se prepara en la cabecera de la pista de salto de longitud y, antes de iniciar la carrera, se ajusta un antifaz opaco o unas gafas negras que bloquean cualquier entrada de luz. ¿Por qué alguien que no ve necesita taparse los ojos?

La atleta paralímpica Alba García, en unas declaraciones recientes recogidas por TodoDisca, ha arrojado luz sobre esta cuestión, convirtiendo una curiosidad técnica en una lección sobre la ética deportiva, la igualdad y la diversidad dentro de la propia discapacidad.

No todos los "ciegos" ven lo mismo (o nada), la historia de esta atleta ciega

La clave para entender el antifaz reside en la complejidad médica de la discapacidad visual. La palabra "ciego" es un término paraguas que engloba realidades muy distintas.

En el atletismo paralímpico, los deportistas se dividen en clases según su grado de visión para competir en igualdad de condiciones:

  • T13 y T12: Atletas con deficiencia visual que conservan cierto resto visual (pueden ver formas, colores o distancias cortas).
  • T11: La categoría de Alba García. Aquí compiten los atletas con ceguera total o con una agudeza visual tan baja que se considera funcionalmente nula.

Sin embargo, dentro de la categoría T11, hay matices. Algunos atletas viven en la oscuridad total, mientras que otros pueden percibir cambios de luz (saber si es de día o de noche) o distinguir sombras muy vagas.

El antifaz: el gran igualador

Aquí entra en juego el reglamento del Comité Paralímpico Internacional (IPC). Si una atleta ciega T11 pudiera percibir el contraste de la tabla de batida (la línea blanca desde donde se salta) o la sombra del foso de arena, tendría una ventaja competitiva injusta sobre un rival que no percibe absolutamente nada.

Por ello, el antifaz o las gafas opacas son obligatorios. Su función es ecualizar a cero. Al tapar los ojos de todos los competidores de la clase T11, se garantiza que nadie recibe información visual externa. Todos compiten en oscuridad absoluta. Es la máxima expresión del fair play (juego limpio): la medalla debe ganarla quien tenga mejores piernas y mejor técnica, no quien vea un 1 % más que el otro.

El salto de fe, la técnica y el guía

Si no ven la tabla ni el foso, ¿cómo saltan sin matarse? Alba García explica que el salto de longitud para una atleta ciega como ella es, literalmente, un salto de fe basado en la acústica y la confianza.

A diferencia de las carreras de velocidad, donde el atleta va unido a un guía mediante una cuerda, en el salto de longitud el atleta corre solo.

  1. La carrera: La atleta ciega memoriza el número exacto de zancadas desde el inicio hasta la tabla. Debe correr en línea recta perfecta sin referencias visuales, algo que requiere un equilibrio (propiocepción) extraordinario.
  2. El Llamador: En lugar de ver la tabla, la escuchan. Un guía (llamador) se coloca cerca del foso y da instrucciones a gritos o con palmas. Sirve de faro acústico. El atleta corre hacia el sonido.
  3. El Silencio: En los estadios, se pide silencio absoluto al público durante estos saltos. Cualquier ruido externo podría desorientar al atleta y provocar un accidente grave.

Superar el miedo instintivo

Competir con los ojos tapados añade una capa de dificultad psicológica. El instinto humano, al correr a máxima velocidad, es frenar si no se ve el horizonte. Alba García y sus compañeros deben entrenar para anular ese instinto de supervivencia. Deben acelerar hacia la negrura, confiar en que sus pasos son los correctos y lanzarse al aire creyendo ciegamente (nunca mejor dicho) en las indicaciones de su entrenador.

La explicación de la atleta ciega, Alba García, desmitifica la discapacidad. El antifaz no es un adorno ni una exageración; es la herramienta que transforma la discapacidad diversa en deporte de élite estandarizado. Al ponerse esas gafas opacas, Alba no se está limitando; está entrando en el terreno de juego profesional donde lo único que importa es el talento, el esfuerzo y la capacidad de volar sin alas... y sin ojos.

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