Las ballenas tienen un canto que puede ser tan eficiente -y, en algunos casos, incluso más- que la comunicación humana y supone un comportamiento complejo que se transmite culturalmente, como ocurre con el lenguaje humano.
Apenas un 7 % de las áreas con mayor riesgo de colisiones entre ballenas y barcos cuentan con medidas para proteger a estos mamíferos marinos. El tráfico marítimo se superpone con el 92 % de los hábitats de especies como la ballena azul y el cachalote, lo que aumenta su vulnerabilidad.
Las ballenas jorobadas tienen una comunicación compleja y dialectos propios, similares a los humanos. Los delfines también se comunican usando sonidos y conceptos.
Durante los siglos XIX y XX, la caza industrial de ballenas llevó al borde de la extinción a especies como la ballena franca y la ballena gris en las aguas de la Europa atlántica.