La Bahía de San Francisco se ha convertido en un punto de encuentro entre el intenso tráfico marítimo y la presencia cada vez más frecuente de ballenas grises.
Una investigación reciente muestra un aumento de avistamientos de ballenas azules antárticas y rorcuales comunes en el Atlántico sudoriental, especialmente desde 2012.
Un estudio internacional ha detectado por primera vez el morbillivirus de cetáceo en ballenas del norte de Noruega, por encima del Círculo Polar Ártico.