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Saber con precisión de qué mueren los bebés, las niñas y los niños es el primer paso para evitar esas muertes. Eso es exactamente lo que ha hecho durante una década la red CHAMPS (Child Health and Mortality Prevention Surveillance), impulsada por la Fundación Bill y Melinda Gates desde 2016 para investigar, con rigor científico, las causas de muerte de menores de cinco años y de fetos en los países con mayor mortalidad infantil. Un nuevo informe de los CDC de Estados Unidos, publicado en la revista MMWR, resume los resultados de estos primeros diez años de actividad y ofrece un mensaje contundente: cuatro de cada cinco muertes investigadas eran potencialmente prevenibles con intervenciones ya disponibles.
El CHAMPS es un sistema de vigilancia único en siete países
Entre finales de 2016 y 2024, CHAMPS identificó 18.784 muertes elegibles en comunidades de siete países: Bangladesh, Etiopía, Kenia, Malí, Mozambique, Sierra Leona y Sudáfrica. De esos casos, en 9.415 se aplicó la técnica de autopsia mínimamente invasiva (MITS), desarrollada y validada por el instituto ISGlobal de Barcelona, que permite obtener pequeñas muestras de tejido de diversos órganos mediante agujas finas. Finalmente, 8.500 casos fueron revisados por paneles multidisciplinares que integraron toda la evidencia disponible para asignar causas de muerte y evaluar su posible prevención.
Este enfoque post mortem es mucho más completo que el de un certificado de defunción convencional. Combina cuatro fuentes de información: la toma de muestras mínimamente invasivas de tejidos, análisis de laboratorio, entrevistas a familiares o cuidadores (autopsia verbal) y la revisión de historias clínicas maternas y pediátricas. Luego, equipos formados por patólogos, pediatras, obstetras, microbiólogos y otros especialistas discuten cada caso para determinar no solo la causa principal, sino también las condiciones que contribuyeron a la muerte y si esta podría haberse evitado.
Una de las grandes lecciones de CHAMPS es que las muertes infantiles rara vez tienen una única causa. Lo habitual es que confluyan varios factores: una infección, una complicación del embarazo o del parto, y un contexto de malnutrición que debilita al niño o a la niña. De hecho, la malnutrición, aunque apenas aparece en los certificados de defunción, está presente como factor subyacente en casi la mitad de las muertes infantiles analizadas por la red.
Entre los bebés que ya nacieron muertos, la causa más frecuente fue la asfixia o hipoxia perinatal (falta de oxígeno antes o durante el parto), a menudo asociada a trastornos hipertensivos del embarazo, complicaciones de la placenta o infecciones de las membranas fetales. En las muertes neonatales (durante los primeros 28 días de vida) destacaron las complicaciones de la prematuridad, la asfixia o hipoxia y la sepsis. Entre los bebés y menores de cinco años, las infecciones respiratorias, la sepsis, la malnutrición, la malaria y las enfermedades diarreicas fueron algunos de los principales factores identificados.
Cuatro de cada cinco muertes podrían haberse evitado
De las 7.558 muertes evaluadas en cuanto a su preventabilidad, 6.103 fueron consideradas prevenibles o potencialmente prevenibles: aproximadamente el 80,7% del total. Es decir, cuatro de cada cinco muertes investigadas por CHAMPS podrían haberse evitado con intervenciones de salud materna, neonatal e infantil ya existentes y ampliamente conocidas.
El informe señala oportunidades concretas para reforzar esas intervenciones: mejorar la atención prenatal (con más controles, suplementos y ecografías), fortalecer la atención obstétrica y de emergencia durante el parto, prevenir y controlar infecciones, garantizar una atención pediátrica de calidad y ofrecer apoyo nutricional adecuado a madres y niños. También se destaca la importancia de que las familias busquen atención más temprano ante signos de alarma y de que los sistemas de salud cuenten con protocolos claros para manejar complicaciones frecuentes.
Los resultados de CHAMPS no se han quedado en informes académicos: ya han contribuido a impulsar cambios concretos en los servicios de salud de varios países. En Kenia, la información generada por la red informó intervenciones que incluyeron la ampliación del método madre canguro para bebés prematuros y la formación en atención obstétrica de emergencia y atención neonatal. En Sudáfrica, los datos ayudaron a ampliar el acceso a ecografías prenatales y a incorporar la aspirina en el formulario nacional para prevenir trastornos hipertensivos del embarazo, una de las causas importantes de muerte fetal y materna. En Sierra Leona, los hallazgos sobre malnutrición respaldaron la primera compra nacional de alimentos terapéuticos preparados para niños y niñas con desnutrición.
Estos ejemplos muestran cómo un sistema de vigilancia bien diseñado puede orientar políticas públicas y decisiones de inversión hacia donde más impacto tienen: en evitar muertes que, con los recursos adecuados, no tendrían por qué producirse.
Una técnica desarrollada en Barcelona como pieza clave
Una de las piedras angulares de CHAMPS es la autopsia mínimamente invasiva (MITS), una técnica desarrollada y validada por equipos investigadores de ISGlobal, con sede en Barcelona, a través de los proyectos CaDMIA y CaDMIA-plus. Esta metodología permite obtener pequeñas muestras de diferentes órganos mediante agujas finas para su posterior análisis microbiológico, patológico y molecular, ofreciendo una alternativa a la autopsia convencional en contextos donde esta resulta difícil por limitaciones de infraestructura o por razones culturales y religiosas.
Gracias a MITS, CHAMPS ha podido generar datos de alta calidad sobre causas de muerte en entornos con pocos recursos, donde tradicionalmente esa información era muy limitada o inexistente. Esto ha permitido, por primera vez en muchas de estas comunidades, contar con un “mapa” fiable de por qué mueren los más pequeños y qué se puede hacer para evitarlo.
Hacia sistemas de vigilancia más fuertes y políticas más precisas
Diez años después de su puesta en marcha, CHAMPS ha aportado información detallada y basada en evidencia de laboratorio sobre las causas de muerte de recién nacidos, menores de cinco años y fetos en países de África y Asia con alta mortalidad. Estos datos pueden ayudar a reforzar los sistemas de vigilancia de la mortalidad infantil y a orientar mejor las intervenciones destinadas a evitar muertes prevenibles, desde la mejora de la atención prenatal hasta el fortalecimiento de los servicios de pediatría y nutrición.
El mensaje final del informe es tan sencillo como poderoso: muchas de estas muertes no son inevitables. Con los conocimientos y las herramientas que ya existen, y con sistemas de salud mejor organizados y financiados, es posible salvar a una gran proporción de los niños y niñas que hoy mueren en los países más pobres. La pregunta que queda abierta es cuánto tardaremos en convertir esa evidencia en acción a gran escala.
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