Aunque estemos llenos, a menudo seguimos picando. La ciencia muestra que esto no es falta de fuerza de voluntad, sino por cómo está conectado el cerebro, que mantiene activas las señales de placer frente a la comida.
Los derechos humanos se reflejan en la vida diaria a través de actividades sencillas, como cantar, practicar deporte, pasear por la naturaleza o pasar tiempo con la familia.
La Agencia Europea de Medio Ambiente ha publicado un informe que alerta sobre el alto nivel de desperdicio alimentario en la UE: 59 millones de toneladas solo en 2022, lo que equivale a 132 kg por persona.