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La combinación de altas temperaturas y humo denso proveniente de las llamas de los incendios forestales se han convertido en una amenaza de primer orden para la población en España. El Grupo de Trabajo de Epidemiología Ambiental de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ha advertido de que la combinación de calor extremo y contaminación atmosférica derivada de los incendios forestales incrementa los riesgos para la salud pública.
Esta peligrosa mezcla no solo agrava las patologías respiratorias y cardiovasculares preexistentes en la ciudadanía, sino que también desencadena alteraciones en la salud mental, afectando con dureza a colectivos vulnerables como personas mayores, infancia, mujeres embarazadas y enfermos crónicos que habitan en zonas de riesgo o áreas urbanas cercanas.
Factores climáticos y abandono rural tras la emergencia ambiental
Según informó la propia sociedad científica, con las olas de calor aumenta de forma notable el riesgo de que se desencadenen fuegos de gran magnitud, los cuales se convierten en una amenaza cada vez mayor para la salud pública nacional. Las consecuencias de estas catástrofes no se limitan únicamente a las personas que están cerca de las llamas: la gran masa de humo generada por los incendios forestales puede desplazarse y afectar a poblaciones situadas a cientos de kilómetros de distancia. Por ello, los epidemiólogos insistieron en la gran importancia de reforzar la vigilancia ambiental y sanitaria, los sistemas de alerta temprana y las estrategias comunitarias de adaptación ante un escenario climático cada vez más complejo.
Además, recordaron que el aumento progresivo de las temperaturas, las sequías cada vez más prolongadas y la mayor frecuencia de condiciones meteorológicas favorables para la propagación del fuego contribuyen de forma decisiva al incremento de los fuegos extremos en numerosas regiones del mundo, incluida toda la cuenca mediterránea. A esta desfavorable coyuntura se suman una gestión forestal a menudo limitada y el progresivo e incesante abandono de las zonas rurales, factores que favorecen la acumulación de combustible vegetal y aumentan de manera considerable la vulnerabilidad de los ecosistemas ante los incendios forestales.
Las graves secuelas de los incendios forestales en los sistemas respiratorio y cardiaco
En los últimos años, España registró algunos de los mayores fuegos de su historia reciente. Estos episodios, además de causar graves daños directos sobre las personas, las viviendas y las infraestructuras, generan una intensa contaminación atmosférica que puede tener importantes efectos sobre el bienestar general. De acuerdo con los análisis de la Sociedad Española de Epidemiología, el principal impacto sanitario se produce por la exposición directa al humo, el cual contiene una mezcla compleja de contaminantes. Entre ellos destacan las partículas finas PM2.5, capaces de penetrar profundamente en el aparato respiratorio y llegar directamente al torrente sanguíneo de las personas expuestas de forma prolongada.
La evidencia científica disponible relaciona de forma clara la exposición a este humo con un incremento sustancial de las crisis asmáticas, las exacerbaciones de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), las infecciones respiratorias, las consultas en los servicios de urgencias, las hospitalizaciones y la mortalidad por causas respiratorias. Estos efectos nocivos pueden aparecer pocos días después de la exposición y resultan especialmente relevantes entre las personas que ya padecen patologías previas. Asimismo, la exposición a las partículas procedente de la combustión se asoció con un aumento de los ingresos por cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca e ictus, así como con una mayor mortalidad cardiovascular durante los picos de contaminación atmosférica registrados en las ciudades.
Consecuencias psicológicas y el impacto en los colectivos vulnerables
Por otro lado, la sociedad científica advirtió de que los incendios forestales también pueden tener graves consecuencias sobre la salud mental de la población. Las evacuaciones de emergencia, la pérdida traumática de viviendas y bienes, la incertidumbre constante y la exposición prolongada a un ambiente cargado de humo pueden generar ansiedad, estrés y duraderas alteraciones emocionales entre las personas afectadas. De hecho, algunos estudios observaron un incremento de las consultas de urgencias por problemas psicológicos durante y después de grandes fuegos, así como la persistencia de síntomas emocionales varios meses después de extinguido el suceso.
Las personas mayores, la infancia, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares crónicas se encuentran entre los grupos más vulnerables ante la degradación del aire. También presentan un riesgo significativamente mayor las personas en situación de vulnerabilidad social, debido a sus mayores dificultades para reducir la exposición en sus hogares o acceder a medidas de protección adecuadas frente a la contaminación del aire derivada de estos desastres ambientales.
Recomendaciones de prevención y medidas sanitarias de protección
Por todo ello, ante episodios de contaminación provocados por incendios forestales, la SEE recomendó reducir al máximo la exposición al humo. Para ello, aconseja permanecer en espacios interiores, mantener cerradas puertas y ventanas y evitar la realización de actividades físicas intensas al aire libre. Además, las personas con patologías respiratorias o cardiovasculares deben prestar especial atención a las recomendaciones oficiales de las autoridades sanitarias y seguir adecuadamente sus tratamientos prescritos. En situaciones de exposición intensa o prolongada en exteriores, el uso de mascarillas FFP2 contribuye a reducir la inhalación de partículas finas y proteger la salud de la población trabajadora y la ciudadanía.
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