Uno de cada tres españoles lleva más de un año sin acudir al dentista

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Los españoles no acuden al dentista

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Uno de cada tres españoles lleva más de un año sin acudir al dentista, una situación que puede favorecer que problemas bucodentales que inicialmente son fáciles de tratar avancen sin ser detectados. Los especialistas recuerdan que muchas patologías no provocan síntomas en sus primeras fases y destacan la importancia de las revisiones periódicas como herramienta de prevención.

La salud bucodental como opción secundaria en los hábitos de las personas

La salud de la boca sigue ocupando un lugar secundario dentro de los hábitos de prevención. A pesar de que muchas enfermedades pueden identificarse antes de que provoquen complicaciones, un 31,2 % de la población española asegura llevar más de un año sin acudir al dentista. Esta falta de seguimiento puede permitir que pequeñas alteraciones avancen y terminen necesitando intervenciones más complejas.

Los datos proceden del Estudio de Sanitas sobre Salud Bucodental 2026 y reflejan la importancia de integrar las revisiones odontológicas en el cuidado habitual. Los profesionales insisten en que esperar a sentir dolor no es una estrategia adecuada, ya que algunas afecciones pueden desarrollarse durante meses sin causar señales claras.

Problemas que pueden pasar inadvertidos

Una exploración realizada por un dentista permite localizar cambios que difícilmente puede detectar una persona por sí misma. Entre ellos se encuentran las primeras fases de una caries, la inflamación de las encías, la enfermedad periodontal o el desgaste causado por apretar y rechinar los dientes.

También pueden observarse fisuras, restauraciones deterioradas, alteraciones de la mordida y determinadas lesiones en los tejidos de la boca. Cuando estos problemas se descubren en sus primeras etapas, el tratamiento suele ser más sencillo y puede evitar una evolución desfavorable.

Por este motivo, los especialistas recomiendan mantener una relación periódica con la salud bucodental, incluso cuando aparentemente todo funciona con normalidad. Una revisión permite valorar el estado de dientes y encías y establecer las medidas necesarias según las características de cada persona.

Actuar antes de que aparezcan las molestias

Antonio Longo, odontólogo del equipo Asistencial y de Innovación Clínica de Sanitas Dental, señala que intervenir a tiempo puede marcar una diferencia importante. Una alteración pequeña puede solucionarse con una actuación sencilla, mientras que retrasar su tratamiento puede favorecer daños en la pieza, los tejidos que la rodean o la propia encía.

Además de las revisiones, conviene prestar atención a determinadas señales. El sangrado al cepillarse, la sensibilidad frente a alimentos fríos, el mal aliento que persiste, el movimiento de alguna pieza o las molestias al masticar son motivos suficientes para solicitar una valoración profesional.

No obstante, los expertos recuerdan que la ausencia de estos síntomas no garantiza una boca completamente sana. Precisamente por ello, acudir al dentista de forma preventiva continúa siendo una de las herramientas más eficaces para anticiparse a posibles complicaciones.

Una atención adaptada a cada persona en el dentista

La frecuencia de las visitas tampoco tiene por qué ser idéntica para todos. Quienes presentan antecedentes de enfermedad periodontal, utilizan implantes o prótesis, llevan ortodoncia o tienen una mayor tendencia a desarrollar caries pueden necesitar controles más frecuentes.

El cuidado diario también desempeña un papel esencial. Una higiene adecuada, una alimentación equilibrada y la atención temprana ante cualquier cambio contribuyen a conservar dientes y encías en mejores condiciones.

Asimismo, es conveniente vigilar posibles signos de bruxismo, como el desgaste de las piezas, la tensión mandibular al levantarse o los dolores de cabeza recurrentes. Consultar con un dentista ante estas señales puede ayudar a prevenir lesiones y molestias persistentes.

En definitiva, incorporar las visitas al dentista a la rutina de prevención permite detectar alteraciones antes de que condicionen la calidad de vida. La revisión periódica, acompañada de unos buenos hábitos de higiene, sigue siendo una de las mejores formas de proteger la salud bucodental a largo plazo.

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