Aunque hayas perdido el plazo para recurrir el despido, todavía puedes reclamar este dinero

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Cómo reclamar dinero de un despido

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Aunque ya no sea posible impugnar un despido por haber vencido el plazo legal, eso no significa que el trabajador haya perdido todos sus derechos económicos. Conocer qué cantidades aún pueden exigirse y cuáles son los plazos aplicables resulta clave para no dejar escapar dinero que la empresa todavía adeuda.

¿Se te pasó el plazo para recurrir el despido?: el dinero que aún puedes reclamar

Descubrir semanas después que existía un plazo muy corto para actuar frente a un despido es una situación más habitual de lo que parece. Muchos trabajadores creen que, una vez finalizada la relación laboral, disponen de meses para estudiar su caso y decidir si presentan una reclamación. Sin embargo, la ley establece un límite muy reducido para cuestionar judicialmente esa decisión empresarial.

Cuando ese plazo vence, ya no es posible solicitar que el despido sea declarado improcedente o nulo. Esto implica perder la oportunidad de obtener determinadas indemnizaciones o de reclamar una posible readmisión. No obstante, que la vía para impugnar el cese haya quedado cerrada no significa que desaparezcan todos los derechos económicos del trabajador.

La diferencia entre impugnar el cese y reclamar dinero

La legislación laboral distingue claramente entre dos acciones distintas. Por un lado, está la posibilidad de discutir la legalidad del despido. Por otro, la reclamación de cantidades pendientes de pago.

La primera acción cuenta con un plazo de 20 días hábiles desde la comunicación de la extinción del contrato. Una vez agotado ese periodo, la oportunidad de cuestionar la decisión empresarial desaparece.

En cambio, las reclamaciones económicas siguen reglas diferentes. Por ello, aunque ya no sea posible debatir si la salida de la empresa fue correcta o no, todavía pueden exigirse determinadas cantidades que hayan quedado pendientes.

¿Qué conceptos pueden seguir reclamándose?

Tras una finalización contractual pueden existir importes que la empresa todavía no haya abonado correctamente. Entre los más habituales se encuentran los salarios pendientes, las diferencias salariales acumuladas, las pagas extraordinarias no satisfechas, las comisiones, los incentivos o las vacaciones generadas y no disfrutadas.

También pueden reclamarse bonus vinculados al cumplimiento de objetivos, siempre que el trabajador pueda acreditar que cumplía los requisitos establecidos para su cobro.

En estos casos, resulta fundamental revisar el contrato de trabajo, el convenio colectivo aplicable y la documentación salarial. Muchas veces las diferencias económicas no se detectan hasta meses después de producirse el despido.

El plazo suele ser de un año

A diferencia de la acción contra el despido, las reclamaciones salariales disponen normalmente de un plazo de prescripción de un año.

Ese periodo comienza a contar desde el momento en que cada cantidad podía exigirse. Por ejemplo, una nómina impagada empieza a computar desde la fecha en la que debió abonarse. En cambio, algunas partidas incluidas en el finiquito pueden ser reclamables desde la fecha de terminación de la relación laboral.

Por esta razón, no todas las cantidades pendientes tienen necesariamente la misma fecha límite para ser reclamadas.

Firmar el finiquito no siempre impide reclamar

Muchos trabajadores piensan que la firma del finiquito les impide reclamar cualquier importe posterior. Sin embargo, los tribunales analizan cada caso de manera individual.

Si el documento identifica con claridad los conceptos abonados y las cantidades correspondientes, puede tener efectos liberatorios respecto de esas partidas concretas. Pero esto no significa necesariamente que impida reclamar conceptos que no aparecen detallados o que fueron omitidos. Por ello, conviene revisar cuidadosamente el contenido del finiquito antes de dar por cerrada cualquier posibilidad de reclamación.

Las horas extraordinarias también cuentan

Las horas extra son uno de los conceptos más reclamados después de una extinción laboral. Para acreditarlas pueden utilizarse registros de jornada, cuadrantes, correos electrónicos, mensajes o cualquier otra prueba que permita demostrar el tiempo efectivamente trabajado.

En muchos casos, la documentación conservada por el empleado resulta clave para justificar que existieron horas extraordinarias que nunca fueron compensadas ni abonadas.

Por ello, revisar la documentación laboral cuanto antes puede marcar la diferencia entre recuperar un dinero que corresponde legalmente o perder definitivamente ese derecho por el simple transcurso del tiempo.

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