Más de 20.000 parejas de flamenco común eligen España para nidificar cada año

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Flamenco común y su cría

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España continúa siendo uno de los territorios más importantes para la reproducción del flamenco común, una especie que encuentra en los humedales de la península un entorno esencial para completar su ciclo vital. Según los últimos censos elaborados por SEO/BirdLife en 2021, más de 20.000 parejas reproductoras nidifican en el país, una cifra que puede elevarse hasta 30.000 parejas durante los años en los que las condiciones ambientales resultan especialmente favorables.

Con el final de la temporada de cría, miles de flamencos abandonan sus colonias reproductoras y comienzan un amplio movimiento por la península ibérica y la cuenca mediterránea. Estos desplazamientos, motivados por la búsqueda de alimento y de zonas de refugio para afrontar el otoño y el invierno, constituyen uno de los fenómenos naturales más llamativos de las aves acuáticas europeas.

Un ave inconfundible en los grandes humedales de España

El flamenco común destaca por su gran tamaño, sus largas patas y su característico plumaje rosado, lo que lo convierte en una de las especies más reconocibles de los ecosistemas acuáticos españoles. Su presencia es habitual en numerosos humedales costeros del Mediterráneo y del sur atlántico, además de varias lagunas del interior peninsular.

Entre los espacios donde resulta más frecuente observarlo sobresalen el Delta del Ebro y el entorno de Doñana, dos enclaves fundamentales tanto para la alimentación como para el descanso de la especie. A ellos se suma la Laguna de Fuente de Piedra, en la provincia de Málaga, considerada la principal colonia reproductora de flamenco común en España y una de las más relevantes de todo el Mediterráneo. También distintas lagunas de Castilla-La Mancha albergan poblaciones reproductoras y grupos de aves durante distintas épocas del año.

La importancia de estos humedales va mucho más allá de sus fronteras, ya que forman parte de una red internacional de espacios conectados que permite a la especie desplazarse entre diferentes países según las condiciones de cada temporada.

A escala mundial, el flamenco común mantiene una población estimada de entre 550.000 y 680.000 individuos en 2024. Dentro de Europa, se calcula que entre 71.800 y 265.000 ejemplares participan en la reproducción.

Pese a tratarse de una especie relativamente abundante en términos globales, los expertos la consideran casi amenazada. Esta catalogación responde a la vulnerabilidad de los humedales donde vive y a la dependencia que tiene de ecosistemas muy sensibles a la alteración del régimen hídrico, la pérdida de hábitat y los cambios en la disponibilidad de alimento.

Por ello, el seguimiento periódico de las colonias reproductoras y la conservación de las zonas húmedas se consideran herramientas fundamentales para garantizar la estabilidad de sus poblaciones a largo plazo.

El otoño inicia una gran migración sin fronteras

Durante la primavera y el verano, los flamencos permanecen concentrados en sus áreas habituales de reproducción. La cantidad de agua acumulada en las lagunas y la abundancia de pequeños invertebrados acuáticos condicionan el éxito de la cría y la supervivencia de los pollos nacidos cada temporada.

Sin embargo, una vez finaliza este periodo, la especie modifica completamente su comportamiento. El otoño y el final del invierno representan las etapas de mayor movilidad, cuando miles de ejemplares emprenden largos recorridos por el Mediterráneo occidental.

A diferencia de otras aves migratorias, el flamenco común no sigue una trayectoria fija de norte a sur. Sus desplazamientos responden a una estrategia nómada y metapoblacional, basada en una extensa red de humedales distribuidos por la cuenca mediterránea y el noroeste de África. Esto significa que las aves se mueven entre diferentes enclaves según las condiciones de agua y alimento disponibles en cada momento.

Cuando las lagunas interiores pierden parte de su lámina de agua tras el verano, numerosos flamencos, tanto adultos como jóvenes, se trasladan hacia marismas, salinas y humedales costeros donde los recursos alimenticios permanecen más estables.

La conectividad entre humedales permite que individuos nacidos en España puedan pasar el invierno a cientos de kilómetros de distancia. Un flamenco criado en Doñana o en Fuente de Piedra puede desplazarse posteriormente hasta la Camarga francesa, las salinas de Cerdeña o distintos humedales del norte de África para alimentarse durante la estación fría.

Ese intercambio también funciona en sentido contrario, ya que aves nacidas en otros países mediterráneos llegan posteriormente a los humedales españoles. Esta dinámica convierte a España en una pieza esencial dentro del corredor ecológico mediterráneo y refuerza la necesidad de conservar espacios naturales conectados entre sí.

Los ejemplares jóvenes desempeñan además un papel especialmente activo durante estos meses, ya que aprovechan el otoño para explorar nuevos territorios y localizar áreas seguras de alimentación antes de incorporarse a futuras colonias reproductoras.

Los humedales españoles más importantes para el flamenco común

España dispone de varios espacios naturales de relevancia internacional para la conservación de esta especie. Entre ellos destacan:

  • Reserva Natural Laguna de Fuente de Piedra (Málaga), principal enclave de reproducción.
  • Parque Natural del Delta del Ebro (Tarragona), fundamental para la alimentación y la invernada.
  • Salinas de Santa Pola y el Fondo de Elche (Alicante), con presencia estable de flamencos durante buena parte del año.
  • Marismas del Guadalquivir y Espacio Natural de Doñana (Huelva y Sevilla), imprescindibles como áreas de descanso y alimentación colectiva.

Estos humedales sostienen no solo a los flamencos, sino también a cientos de especies de aves acuáticas que dependen de la calidad ecológica de estos ecosistemas.

Dos centros para descubrir y proteger la especie

SEO/BirdLife impulsa además dos espacios dedicados a la divulgación y la conservación del flamenco común y de los humedales. Uno de ellos es la Reserva Natural de Riet Vell, situada en el Delta del Ebro, donde la restauración de marismas convive con el cultivo ecológico del arroz como modelo de gestión sostenible.

El segundo es el Centro Ornitológico Francisco Bernis, en El Rocío (Doñana), desde cuyos miradores y terrazas es posible contemplar algunas de las mayores concentraciones de aves acuáticas de Europa y conocer de cerca el estado de conservación de la marisma.

La combinación de investigación, protección de los humedales y observación responsable convierte a estos espacios en referentes para comprender el extraordinario ciclo anual del flamenco común.

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