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El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha instado a los 24 países que todavía no han ratificado la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal a sumarse a este acuerdo internacional, considerado una de las principales herramientas para reducir las emisiones de hidrofluorocarbonos (HFC), unos potentes gases de efecto invernadero ampliamente utilizados en sistemas de refrigeración y aire acondicionado, bombas de calor, extintores, aerosoles y disolventes.
El llamamiento coincide con la celebración del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una jornada que cada 16 de septiembre recuerda los avances logrados gracias a la cooperación internacional para proteger la atmósfera terrestre y combatir las sustancias responsables de su deterioro.
En su mensaje con motivo de esta efeméride, Guterres destacó que hace una década la comunidad internacional dio un paso decisivo al incorporar la Enmienda de Kigali al histórico Protocolo de Montreal. Según señaló, este nuevo capítulo amplió el alcance de uno de los mayores éxitos ambientales del planeta al abordar una amenaza diferente: los hidrofluorocarbonos, gases que no dañan directamente la capa de ozono, pero que poseen un elevado potencial de calentamiento global.
El máximo responsable de la ONU recordó que el Protocolo de Montreal permitió situar la capa de ozono en el camino de su recuperación, mientras que la Enmienda de Kigali nació para impulsar una transición hacia tecnologías de refrigeración más limpias y eficientes.
La refrigeración, una necesidad que debe ser sostenible
Guterres subrayó que el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor extremo convierten el acceso a sistemas de refrigeración eficientes en una cuestión de salud pública y de protección de la población.
En este contexto, defendió que satisfacer esa creciente demanda debe hacerse de forma equitativa y respetuosa con el medio ambiente. La sustitución progresiva de los HFC por alternativas menos contaminantes, explicó, representa una oportunidad para reducir el impacto climático sin renunciar a servicios esenciales como la conservación de alimentos, la climatización de hospitales o la protección frente a incendios.
El secretario general destacó además el enorme potencial del acuerdo. Según las estimaciones de la ONU, la aplicación íntegra de la Enmienda de Kigali podría evitar hasta 0,5 grados centígrados de calentamiento global antes de finales de siglo. Esa cifra incluso podría duplicarse si la eliminación de estos gases se acompaña de medidas de eficiencia energética en los sistemas de refrigeración.
A su juicio, esta transformación resulta fundamental para reforzar la salud, la seguridad alimentaria, los medios de vida y la resiliencia frente al cambio climático.
Los países que aún no se han adherido a la Enmienda de Kigali
La Enmienda de Kigali fue adoptada en Kigali (Ruanda) como una modificación del Protocolo de Montreal de 1987, dedicado a reducir la producción y el consumo de sustancias que agotan la capa de ozono. El acuerdo fue respaldado por 198 partes en 2019 y, hasta la fecha, ha sido aceptado, aprobado o ratificado por 173 países, además de la Unión Europea.
Sin embargo, todavía quedan 24 naciones pendientes de completar ese proceso: Afganistán, Argelia, Antigua y Barbuda, Catar, Dominica, Guinea Ecuatorial, Guyana, Irán, Iraq, Israel, Jamaica, Kazajistán, Libia, Mónaco, Myanmar, Palestina, República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur, Surinam, Timor Oriental, Ucrania, Uzbekistán y Yemen.
Ante esta situación, Guterres lanzó un mensaje directo a los gobiernos que aún permanecen fuera del acuerdo, animándolos a ratificar e implementar la Enmienda de Kigali y a acelerar la transición hacia modelos de refrigeración sostenibles que beneficien tanto a las personas como al planeta.
La importancia de proteger la capa de ozono
La capa de ozono constituye una franja de gas situada en la estratosfera, entre unos 10 y 48 kilómetros de altitud, que actúa como un auténtico escudo frente a la radiación ultravioleta del Sol. Gracias a esta protección natural, se reducen riesgos para la salud humana como el cáncer de piel, las cataratas o el debilitamiento del sistema inmunológico, además de evitar daños sobre los ecosistemas y la vegetación.
El ozono está formado por tres átomos de oxígeno, a diferencia del oxígeno molecular que respiramos, compuesto por dos. Aunque se encuentra en pequeñas cantidades, desempeña un papel esencial en el equilibrio de la temperatura terrestre y en la protección de la vida.
Durante décadas, diversos productos químicos deterioraron esta capa protectora, provocando el conocido agujero de ozono sobre la Antártida, un fenómeno detectado en los años setenta que se manifiesta cada año al final del invierno austral, entre agosto y septiembre, cuando regresa la luz solar tras la noche polar.
Un ejemplo de cooperación internacional
La respuesta de la comunidad internacional comenzó en 1985 con la aprobación del Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono. Dos años más tarde, ese compromiso dio origen al Protocolo de Montreal, considerado uno de los tratados ambientales más exitosos de la historia.
El 16 de septiembre de 2009, tanto el Convenio de Viena como el Protocolo de Montreal alcanzaron la ratificación universal, convirtiéndose en los primeros acuerdos de Naciones Unidas en lograr ese hito.
Sobre esa base, la Enmienda de Kigali ha ampliado el legado del Protocolo mediante la reducción gradual de los hidrofluorocarbonos y el impulso de tecnologías de refrigeración más eficientes. Durante los últimos diez años, este acuerdo ha favorecido la innovación industrial, el desarrollo de soluciones energéticamente sostenibles y el fortalecimiento de la capacidad tecnológica de un sector clave para afrontar los desafíos del cambio climático.
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