Mesanza lleva décadas sin agua potable en sus casas

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Una vecina llena una garrafa en la fuente del pueblo, a la que tienen que acudir para beber de agua potable

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Abrir el grifo para llenar un vaso de agua continúa siendo imposible en Mesanza. Este pequeño núcleo del Condado de Treviño no ha dispuesto nunca de una red de abastecimiento de agua potable que llegue hasta las viviendas. No existe una avería reciente, una restricción provocada por la sequía ni una incidencia puntual que explique la situación. El servicio, sencillamente, jamás se ha instalado.

La carencia se mantiene pese a que el pueblo se encuentra a apenas 20 minutos de Vitoria. Sus vecinos llevan décadas conviviendo con una falta que consideran difícil de justificar en la actualidad y que afecta a una de las necesidades más básicas de cualquier vivienda.

Una de las residentes lleva 33 años viviendo en Mesanza y durante todo ese tiempo ha tenido que organizar su vida sin agua potable en casa. Ella misma define la situación como “anticonstitucional”. José Manuel Pérez conoce también de primera mano este problema: suma aproximadamente 20 años viviendo en las mismas condiciones. “Estamos un poco cansados. Hemos tenido demasiada paciencia”, afirma.

Garrafas para beber y agua del cauce para el hogar

Para conseguir agua destinada al consumo, los vecinos deben salir de sus casas y desplazarse hasta la fuente del pueblo con garrafas. Allí se abastecen del agua que después utilizan para beber y cubrir las necesidades relacionadas con la alimentación.

El agua que llega a las viviendas procede del cauce que atraviesa el núcleo. Aunque no se utiliza como agua potable, sí sirve para otras tareas cotidianas. Con ella se duchan, friegan los platos y se lavan los dientes. De este modo, los residentes han tenido que adaptar sus rutinas a una situación que se ha prolongado durante años.

La fuente y el cauce permiten resolver parcialmente las necesidades del pueblo, pero no sustituyen una red pública de agua corriente con las garantías y condiciones habituales en cualquier vivienda. Para los vecinos, la falta de abastecimiento evidencia el abandono de un servicio esencial.

El problema del agua potable no es la única carencia de Mesanza. El pueblo tampoco dispone de una red general de saneamiento. Ante esta ausencia, los propietarios han tenido que buscar soluciones particulares para gestionar las aguas residuales de sus viviendas.

Chema Guisasola, vocal del pueblo, explica que tres casas, incluida la suya, comparten un pozo séptico que se instaló hace más de dos décadas. La infraestructura no fue construida por una administración pública, sino por los propios vecinos. “Lo hicimos nosotros, lo pagamos nosotros y lo instalamos nosotros”, recuerda.

El mantenimiento también recae sobre los propietarios. Cada cierto tiempo deben contratar y pagar de su bolsillo a una empresa especializada para vaciar el pozo séptico. La situación supone un esfuerzo económico adicional y confirma, según los residentes, que Mesanza ha tenido que resolver por sus propios medios servicios que habitualmente forman parte de las redes municipales.

Una solución vinculada al ciclo completo del agua potable

La posibilidad de llevar agua potable hasta las viviendas se ha planteado en distintas ocasiones. Los vecinos propusieron al Ayuntamiento del Condado de Treviño aprovechar una toma de la fuente ya existente en el pueblo y utilizarla para distribuir el agua entre las casas.

Sin embargo, según explica Guisasola, la respuesta municipal fue que una actuación de este tipo no puede limitarse a instalar el abastecimiento. El proyecto tendría que abordar el denominado ciclo completo del agua, lo que implicaría incorporar también una red de saneamiento y los sistemas necesarios para la depuración.

El vocal calcula que una intervención con todas esas características podría superar los 200.000 euros. La inversión incluiría, por tanto, mucho más que la conducción de agua hasta las viviendas: también habría que resolver la recogida y el tratamiento de las aguas residuales.

“Estamos en el siglo XXI y un pueblo que está a 20 minutos de Vitoria no tiene agua potable”, lamenta Guisasola. Sus palabras reflejan la frustración de unos residentes que llevan años esperando una solución y que consideran que la distancia con la capital alavesa hace todavía más difícil entender la situación.

Un pueblo activo, pero sin vecinos empadronados

Mesanza cuenta actualmente con doce viviendas. Aunque no tiene personas empadronadas, el pueblo mantiene actividad durante buena parte del año. La presencia de vecinos aumenta especialmente los fines de semana y en verano, cuando pueden llegar a concentrarse hasta 15 personas.

Guisasola considera que la ausencia de empadronados perjudica al núcleo a la hora de acceder a inversiones públicas. Un número reducido de residentes oficiales puede hacer que Mesanza quede por detrás de otros pueblos en la lista de prioridades, especialmente cuando se trata de financiar obras costosas.

Pero el propio vocal señala la contradicción que existe detrás de esta situación. “Es imposible que la gente se empadrone en un pueblo en el que no tiene agua corriente”, advierte. La falta de habitantes censados dificulta la llegada de inversiones, mientras que la falta de servicios básicos desincentiva que las personas se empadronen.

Mejoras realizadas por los propios vecinos

A pesar de las carencias, los residentes no han permanecido completamente de brazos cruzados. En los últimos años han acondicionado distintos espacios y accesos del pueblo, en algunos casos asumiendo directamente los gastos. También han intervenido para mejorar el alumbrado.

Estas actuaciones muestran la implicación de quienes viven o mantienen sus viviendas en Mesanza, pero al mismo tiempo ponen de relieve la carga que han tenido que asumir los particulares. Mientras el abastecimiento y el saneamiento continúan pendientes, los vecinos siguen aportando tiempo y dinero para mantener en mejores condiciones los espacios comunes.

La reivindicación principal continúa siendo la misma: que el agua potable llegue por fin a las casas y que el pueblo pueda disponer de una red de saneamiento adecuada. Para los residentes, no se trata de pedir un servicio extraordinario, sino de contar con unas condiciones básicas que llevan décadas esperando.

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