Lectura fácil
Tras los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio, las comunidades más afectadas encontraron en sus lideresas un apoyo fundamental para organizar la ayuda, identificar las necesidades más urgentes y acompañar a las familias que enfrentan las consecuencias de la emergencia.
Los terremotos de Venezuela y la ayuda de las comunidades
Tras los terremotos que golpearon Venezuela el pasado 24 de junio, las comunidades afectadas comenzaron a organizarse para hacer frente a una emergencia marcada por los daños materiales, la pérdida de vidas y la necesidad de atención para miles de familias.
En este escenario, las mujeres de distintos sectores de La Guaira asumieron responsabilidades esenciales para distribuir la ayuda, identificar a las personas más vulnerables y mantener la comunicación con las organizaciones humanitarias.
Entre ellas están Yusmary Ortega y Sandra Alaya, dos lideresas comunitarias que, pese a haber sufrido las consecuencias de los sismos, decidieron permanecer al frente de sus vecinos. Ambas conocen de cerca las necesidades de sus barrios y utilizaron esa experiencia para organizar campamentos, coordinar suministros y facilitar el contacto con las autoridades.
Organización desde las comunidades
Ortega, dirigente de la comuna Gran Cacique de Mare Abajo desde hace cuatro años, explica que salió a recorrer la zona después de comprobar que sus hijos estaban a salvo. Durante esas primeras horas pudo observar los daños en las viviendas y conocer las necesidades más urgentes de las familias.
Con el paso de los días, la experiencia adquirida por las mujeres que ya tenían responsabilidades dentro de la comunidad permitió establecer una estructura para recibir y repartir la asistencia. La prioridad, según Ortega, fue dejar de lado las diferencias políticas, religiosas o culturales y concentrarse en quienes necesitaban ayuda.
“Ahora la prioridad es la solidaridad”, resume la lideresa, quien destaca que la emergencia también fortaleció los vínculos entre los vecinos.
Sandra Alaya afrontó una situación todavía más dolorosa. Una de sus hijas murió durante los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5. A pesar del golpe, encontró respaldo entre las personas de su comunidad y decidió continuar coordinando las labores de atención.
Una red para distribuir la ayuda
El trabajo de estas referentes también facilitó la llegada de organizaciones humanitarias. Crisberth Méndez, oficial de comunicaciones de Acción contra el Hambre, recuerda que el primer contacto con las lideresas estuvo marcado por la organización que ya existía en el territorio.
Las dirigentes presentaron cifras sobre las familias afectadas y plantearon que la asistencia debía alcanzar a toda la comunidad. Gracias a esa coordinación, pudieron distribuir kits de higiene familiar y menstrual, agua y otros productos básicos de manera ordenada.
Para Méndez, el papel de las mujeres resultó determinante porque conocían las necesidades de sus vecinos y podían identificar rápidamente los casos más urgentes. También solicitaron que la atención psicosocial fuera una de las primeras medidas.
Reconstruir de la mano de las mujeres
Los daños dejaron miles de viviendas en situación de riesgo y obligaron a numerosas personas a permanecer temporalmente en campamentos. En medio de estas dificultades, las mujeres continuaron impulsando redes de apoyo para conseguir agua, alimentos, baños y otros servicios básicos.
Ortega asegura que la organización comunitaria permitió que las autoridades conocieran con mayor precisión la situación de los barrios y comenzaran las inspecciones de las viviendas afectadas.
Para Alaya, mantener esa unión será fundamental durante la reconstrucción. Las mujeres que lideraron la respuesta esperan que la colaboración entre vecinos, autoridades y organizaciones continúe cuando termine la emergencia inmediata.
Su experiencia demuestra que, incluso después de perder familiares y pertenencias, muchas mujeres han encontrado en la organización colectiva una forma de afrontar la tragedia.
Añadir nuevo comentario