El hambre golpea Sudán y agrava la crisis infantil en Jebel Awlia

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Una trabajadora de Almanar realiza en una clínica de Jebel Awlia la medición de la circunferencia media del brazo con la cinta

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El silencio no existe bajo el techo de chapa metálica donde el implacable termómetro roza habitualmente los 40 grados en Jebel Awlia, a 40 kilómetros de Jartum. Allí, un exhausto grupo de madres angustiadas balancea desesperadamente a sus pequeños hijos buscando una sombra exigua. En esta pequeña clínica de Sudán, el único sonido constante es el llanto agudo de los bebés. El fantasma del hambre dicta hoy con crueldad el destino y el ritmo diario de supervivencia de estas familias desamparadas.

Cuando le llega el turno, Mazan Adam, de 20 años, entrega a su hija Fatima a Mariam, trabajadora de Almanar, una de las pocas ONG locales a las que acuden. “Vengo porque aquí le dan de comer a mi niña sin pagar nada”, dice. La pequeña de 13 meses pesa apenas seis kilos. En Jebel Awlia hay unos 90.000 menores con desnutrición aguda; de ellos, 24.000 sufren desnutrición aguda grave. Esta localidad alberga a 1,1 millones de personas y fue declarada en riesgo de hambruna en 2025. El conflicto iniciado el 15 de abril de 2023 intensificó la presión sobre la alimentación, la salud y la nutrición en Sudán de forma alarmante para el futuro del pueblo.

Emergencia nutricional y violaciones contra la infancia

Jebel Awlia es un ejemplo de la crisis que sufre el país. La guerra contra civiles y el uso del hambre como arma ha llevado a que 34 millones de personas (el 65 % de la población) necesiten ayuda humanitaria urgente, y 19 millones se enfrenten a inseguridad alimentaria aguda, según el Programa Mundial de Alimentos. Los niños son los principales damnificados. En 2026, Unicef prevé 4,2 millones de casos de desnutrición aguda, incluidos 826.000 graves, la mayoría en Darfur.

La ONU documentó más de 5.700 violaciones graves contra niños, con 4.300 muertos o mutilados. “Solo en los primeros tres meses de 2026, al menos 160 niños han sido asesinados”, reza el documento Child Alert de Unicef.

El devastador impacto del hambre en las familias desplazadas

Marwa Alswar, de 35 años, recuerda los combates en la capital mientras sostiene a Khalid Yasser, su hijo de dos años: “Los dos primeros meses estábamos solas, nadie nos ayudaba, pero quedaba comida”, explica. Cuando las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) tomaron Jebel Awlia, todo empeoró: “Tengo cinco hijos a mi cargo, estoy embarazada y mi marido no trabaja. No tenemos dinero para comprar alimentos... Doy gracias si podemos beber un vaso de té al día para calmar el hambre”.

La violencia continúa: el pasado 27 de abril, un dron dirigido contra las Fuerzas Conjuntas impactó contra un hospital en Jebel Awlia. Este ataque es el primero desde que el ejército recuperara Jartum en marzo de 2025. Aunque el acceso humanitario mejoró desde mediados de 2025, las necesidades siguen siendo extremadamente altas. “Comemos una vez al día”, lamenta Alswar, reflejando cómo el hambre crónico destruye vidas enteras.

Respuestas humanitarias para salvar vidas en el terreno

Unicef apoya a proyectos locales. En colaboración con Almanar, financia 15 centros de salud en Jebel Awlia. “Desde principios de 2026, más de 1.100 niños con desnutrición aguda grave han recibido tratamiento”, explica Eva Hinds, de Unicef. Consiste en Plumpy’Nut (pasta de cacahuete), leche terapéutica y micronutrientes para prevenir la anemia. “Está bien, pero no basta”, apunta Adam. En Sudán, 16 millones de niños necesitan asistencia urgente.

Raga Mustafa, de 24 años, perdió a su marido por un disparo en la cabeza cuando las RSF tomaron Jebel Awlia: “Los precios han subido, no tenemos agua ni luz. En casa ya no queda nada”. Su familia padece un hambre severo que amenaza su existencia.

Almanar, dirigida por mujeres, ayuda a millones de personas. Amna Crispin, supervisora de nutrición, afirma que nunca vio una emergencia igual: “La gente perdió sus medios de vida, las familias se rompieron, la malnutrición está en picos elevadísimos”. El 75 % de los casos proviene del campo de desplazados de Mandela. Siete voluntarias buscan activamente casos en los hogares de la deprimida zona. Fadia Musa localiza a menores desnutridos para derivarlos: “Encontré a un niño de siete meses con desnutrición severa. Convencí a su tía para traerlo. No iba a moverme hasta lograrlo”, concluye, decidida a frenar el hambre infantil.

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