Lectura fácil
Los incendios forestales han dejado en España un balance especialmente preocupante en lo que va de año. Desde el 1 de enero, las llamas han calcinado 222.296 hectáreas, una cifra que sitúa al país a la cabeza de Europa tanto por extensión afectada como por número de grandes fuegos. La superficie devastada equivale a unos 313.000 campos de fútbol con las dimensiones oficiales de la FIFA y representa un incremento del 233,4% respecto a la media registrada en los últimos veinte años.
Los datos, aún provisionales, proceden del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), que calcula la extensión de los incendios de al menos 30 hectáreas mediante imágenes captadas por satélite.
En total, EFFIS contabiliza 385 incendios forestales en territorio español desde comienzos de año, una cifra muy superior al promedio de 210,9 fuegos registrado entre 2006 y 2025. Tras España se sitúan Italia, con 341 incendios; Francia, con 337; y Portugal, con 105.
En cuanto a superficie afectada, Francia ocupa el segundo lugar con 92.793 hectáreas quemadas, seguida de Italia con 73.519 y Portugal con 51.909, muy por detrás de los registros españoles.
Un inicio de año favorable que cambió a partir de mayo
Los primeros meses del año hacían prever una campaña menos complicada que la de ejercicios anteriores. Enero fue el mes con menor superficie afectada por incendios desde 2010 y registró un 87,4% menos de terreno calcinado que la media de la última década, según los datos facilitados por las comunidades autónomas al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
La situación continuó siendo favorable en febrero, impulsada por una sucesión de borrascas atlánticas que dejaron abundantes precipitaciones. Ese mes fue el segundo con menos hectáreas quemadas desde 2016, situándose un 77,6% por debajo del promedio de los últimos diez años.
Sin embargo, la tendencia comenzó a cambiar en marzo. Aunque el número de incendios seguía siendo inferior al habitual —un 29,5% menos que la media del decenio—, el incremento de la actividad fue evidente. Abril mantuvo cifras similares, pero en mayo se produjo el punto de inflexión: el terreno afectado superó en un 12% los valores normales y, desde entonces, la superficie quemada ha permanecido por encima de la media de la última década.
Julio marca un récord histórico de incendios
El mes de julio supuso un antes y un después en la campaña de incendios de este año. La organización WWF calificó ese periodo como una etapa que dejará "una huella imborrable" y aseguró que España se enfrenta ya a una emergencia ambiental y social sin precedentes.
Durante ese único mes fallecieron 15 personas como consecuencia de los incendios. Además, cerca de 115.000 ciudadanos tuvieron que abandonar sus viviendas o permanecer confinados debido al avance del fuego.
Solo en julio ardieron más de 168.000 hectáreas, una cifra que supera en un 15% la superficie media que suele quemarse durante un año completo en España, estimada en unas 126.000 hectáreas. Según EFFIS, se trata del peor julio de toda la serie histórica iniciada en 2003 y de la mayor superficie afectada en al menos tres décadas.
Asimismo, durante ese mes se registraron 26 grandes incendios forestales —aquellos que superan las 500 hectáreas—, más del doble de la media histórica para julio. En lo que va de año ya se contabilizan 38 grandes incendios, cuando lo habitual ronda los 23.
Los grandes incendios evidencian una nueva realidad
Entre los incendios más importantes del verano destacan los registrados en Los Gallardos (Almería), La Mierla (Guadalajara), la Sierra Oeste de Madrid, la Sierra de Espadán (Castellón) y el valle del Tiétar (Ávila).
Precisamente este último se convirtió en el mayor incendio forestal documentado en la historia de España, al arrasar más de 50.000 hectáreas en apenas cinco días. La magnitud y rapidez de su propagación motivaron que, por primera vez, un incendio forestal fuese declarado emergencia nacional.
Para WWF, estos episodios confirman que el país ha entrado en una nueva etapa caracterizada por incendios de comportamiento extremo, impulsados por unas condiciones climáticas cada vez más favorables para su desarrollo.
El cambio climático multiplica el riesgo de incendios extremos
La organización ecologista identifica diversos factores que han agravado la situación durante este año. Entre ellos destaca la influencia del cambio climático, especialmente tras un mes de julio que empató con el de 2022 como el más cálido jamás registrado en España, con una temperatura media de 25,6 grados.
Un estudio elaborado por World Weather Attribution concluye que el calentamiento global incrementó significativamente la probabilidad de que se produjeran las condiciones meteorológicas que favorecieron los incendios extremos tanto en España como en Francia.
Según esa investigación, el escenario fue consecuencia de una combinación de factores: un invierno muy húmedo que favoreció el crecimiento de abundante vegetación, una primavera especialmente seca y cálida que convirtió esa vegetación en combustible, varias olas de calor durante junio y julio, la sequía que redujo la humedad del suelo y diversos episodios de viento que facilitaron la rápida propagación de las llamas.
Los investigadores estiman que estas condiciones extremas fueron al menos veinte veces más probables en el centro de España debido al calentamiento provocado por la actividad humana.
La protección del territorio, una prioridad pendiente
WWF también alerta sobre la vulnerabilidad de las viviendas situadas en la interfaz urbano-forestal, es decir, aquellas construidas junto a zonas de monte y alejadas de los principales núcleos urbanos. Según la organización, alrededor del 80% de estas viviendas carecen de planes de autoprotección o no aplican las medidas exigidas por la normativa.
La organización recuerda que desde 2017 viene reclamando actuaciones para reforzar la seguridad en estas áreas mediante franjas de protección, una adecuada gestión de la vegetación y otras medidas preventivas.
Asimismo, considera que el abandono del medio rural, la falta de gestión forestal, la escasa inversión en prevención y el uso inadecuado del fuego continúan siendo factores determinantes en la gravedad de los incendios.
Por ello, WWF propone impulsar un pacto de Estado frente a la emergencia climática basado en cinco grandes compromisos: gestionar anualmente al menos el 1% de la superficie forestal española, destinar un mínimo de 1.000 millones de euros cada año a la protección y gestión del territorio, apoyar a agricultores y ganaderos que mantienen vivo el medio rural, reforzar la preparación de la población y mejorar la coordinación y el seguimiento de las políticas públicas relacionadas con la prevención de incendios.
Añadir nuevo comentario