Los microplásticos reducen la capacidad del océano para absorber CO2 y agravan el cambio climático

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Los microplásticos ahogan el océano y no le dejan actuar como captador de CO2

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Durante años, los científicos han advertido sobre la contaminación por plásticos y sus efectos devastadores en la vida marina. Sin embargo, una nueva investigación internacional ha revelado un vínculo aún más inquietante: los microplásticos están debilitando la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono (CO2), un proceso esencial que ayuda a regular la temperatura del planeta.

El estudio, publicado recientemente en la revista Journal of Hazardous Materials: Plastics, fue desarrollado por investigadores de instituciones de China, Emiratos Árabes Unidos, Hong Kong y Pakistán. Su análisis revisa 89 estudios científicos, en su mayoría realizados después de 2015, que abarcan la literatura científica entre los años 2010 y 2025.

Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros de tamaño. Su pequeñez les permite infiltrarse en todos los rincones del planeta: se han encontrado en el aire, en las aguas dulces, en los sedimentos oceánicos, en el hielo ártico e incluso en el cuerpo humano. Estas partículas transportan toxinas que pueden ser ingeridas por organismos vivos, generando enfermedades, reduciendo la fertilidad del suelo y alterando el equilibrio de los ecosistemas.

A pesar de su omnipresencia, hasta ahora su papel directo en la crisis climática no había recibido demasiada atención científica. “La alteración del clima y la contaminación por plásticos son dos desafíos ambientales que se cruzan de manera compleja”, señala el estudio. Estos no solo contaminan los mares, sino que también afectan los procesos biogeoquímicos que regulan el carbono y contribuyen, a su manera, a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Cómo los microplásticos perturban la “bomba de carbono”

En los ecosistemas marinos, los microplásticos interfieren con el ciclo natural del carbono porque alteran el comportamiento del fitoplancton y el zooplancton, organismos microscópicos que capturan CO2 durante la fotosíntesis y trasladan parte de ese carbono hacia las profundidades del océano cuando mueren. Este proceso, conocido como “bomba biológica de carbono”, es esencial para mantener el equilibrio climático.

El profesor Ihsanullah Obaidullah, experto en Tecnologías Integradas de Procesamiento de Agua en la Universidad de Sarja (Emiratos Árabes Unidos), explica que los microplásticos “interfieren con la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono, un proceso crítico para regular la temperatura de la Tierra”. Además, al degradarse, estas partículas liberan gases de efecto invernadero, intensificando el problema.

En palabras del propio investigador: “Alteran la vida marina, debilitan la bomba biológica de carbono e incluso liberan gases durante su descomposición. A largo plazo, esto podría agravar el calentamiento y la acidificación de los océanos, amenazando la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la estabilidad de las comunidades costeras”.

El estudio también analiza la llamada “plastisfera”, una comunidad de microorganismos que coloniza las superficies de los microplásticos en ambientes acuáticos. Estas biopelículas microbianas afectan los ciclos del nitrógeno y del carbono, lo que añade una nueva capa de complejidad al impacto de la contaminación plástica sobre el clima.

De forma alarmante, los autores destacan que también emiten gases de efecto invernadero durante su degradación, lo que agrava su impacto climático y representa una amenaza silenciosa para los océanos.

La magnitud del problema plástico

¿Por qué hemos llegado a este punto? Los plásticos son materiales versátiles, baratos y extremadamente duraderos. Su presencia se ha expandido a casi todos los sectores: desde envases alimentarios y productos sanitarios hasta tuberías, aislamientos, aviones y tecnología. Pero este éxito tiene un alto coste ambiental.

Según un informe difundido por Naciones Unidas en 2025, la producción anual de plástico ya supera los 400 millones de toneladas, de las cuales la mitad se destina a productos de un solo uso. Menos del 10 % de todo ese volumen se recicla. Desde que comenzó su producción masiva, el mundo ha generado más de 8.300 millones de toneladas de plástico, y el 80 % acaba en vertederos o en el entorno natural.

Las proyecciones son desalentadoras: sin medidas urgentes, la producción mundial de plástico podría triplicarse de aquí a 2060. Mientras tanto, los microplásticos seguirán acumulándose, degradándose y afectando al equilibrio climático de la Tierra.

Los autores del estudio son claros: la lucha contra la contaminación plástica debe integrarse plenamente en las políticas climáticas. “Hemos puesto de relieve un vínculo poco conocido entre este tipo de contaminación y el cambio climático”, afirma Obaidullah. “Urge una acción global para abordar esta amenaza emergente”.

Proponen, entre otras medidas, que las Naciones Unidas revisen sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, pues actualmente los plásticos solo se mencionan en un indicador específico que no refleja la magnitud real del riesgo. Además, piden marcos de gobernanza internacional que integren la gestión de este contaminante con la mitigación del cambio climático, especialmente considerando su relación con la acidificación y el calentamiento de los océanos.

Replantear la relación con el plástico

Para proteger los océanos y su capacidad de absorber CO2, los investigadores recomiendan reducir drásticamente el uso de plásticos desechables, mejorar la gestión de residuos, fomentar materiales biodegradables y potenciar la investigación sobre los efectos de estas partículas en la temperatura del mar y los ciclos del carbono.

La advertencia es clara: mientras los microplásticos continúen invadiendo los mares, los océanos perderán parte de su capacidad para regular el clima. Y con ellos, la humanidad arriesga uno de sus aliados naturales más poderosos frente al calentamiento global.

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