El calor extremo pone en riesgo al ganado europeo para 2050

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El ganado europeo gravemente afectado por el calor extremo

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El aumento de las temperaturas extremas podría situar a una parte considerable del ganado europeo en riesgo de sufrir un estrés térmico peligroso a mediados de este siglo. Esta amenaza se concentrará, según un nuevo estudio, en regiones como el valle del Po, en el norte de Italia, y Cataluña, en España, donde la densidad ganadera y la exposición al calor serán especialmente elevadas.

La investigación, publicada en la revista npj Sustainable Agriculture, ofrece por primera vez un mapa detallado que muestra cómo las olas de calor previstas para las próximas décadas podrían afectar a millones de animales en todo el continente.

El ganado europeo es un pilar económico y cultural en riesgo

La ganadería es uno de los pilares fundamentales de la economía, la cultura y el sistema alimentario europeos. En la actualidad, alrededor de 1,3 millones de explotaciones ganaderas crían más de 70 millones de reses, situando a la Unión Europea entre los principales productores de carne y leche del mundo.

Sin embargo, ese mismo sector representa también la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes agrícolas, como el nitrógeno, lo que sitúa a los ganaderos en el centro de un dilema: mantener la producción y el sustento rural sin alejarse de los ambiciosos objetivos climáticos que la UE persigue.

El trabajo liderado por Ziga Malek, del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) y la Universidad de Liubliana, junto con la investigadora Linda See, se propuso calcular qué proporción del ganado europeo podría sufrir los efectos de las olas de calor derivadas del cambio climático.

Los investigadores hicieron hincapié en la diferencia entre los animales que pastan al aire libre y aquellos que permanecen en instalaciones cerradas sin acceso a los pastos. Esta distinción es relevante porque las medidas de adaptación que pueden aplicarse son muy distintas: mientras los rebaños al aire libre pueden beneficiarse de refugios naturales o sombra vegetal, los sistemas intensivos dependen sobre todo de soluciones tecnológicas en las naves o establos.

Impactos crecientes y carencia de evaluaciones previas

El calor extremo ya perjudica al ganado europeo al reducir su bienestar, afectar a su capacidad reproductiva y disminuir la producción de leche o carne. Además, estas condiciones climáticas también alteran el crecimiento de los pastos y forrajes, reduciendo la disponibilidad de alimento. Pese a estos efectos conocidos, Malek señala que hasta ahora faltaban estudios que cuantificaran de forma precisa y con base espacial cómo se distribuirá este impacto a lo largo del continente.

El análisis detalla diferencias notables entre regiones europeas y tipos de explotación. Según las proyecciones climáticas analizadas, entre 6,2 y 13,7 millones de vacas, equivalentes al 11 % y el 22 % del total actual del ganado bovino europeo, podrían enfrentarse a unas 15 jornadas adicionales de olas de calor anuales alrededor de 2050.

El riesgo no es el mismo para todos los sistemas: el ganado europeo estabulado sin acceso a pastos se encuentra en mayor peligro. Mientras que entre un 4,5% y un 12% de los animales que pastan al aire libre experimentarían este aumento de calor, el porcentaje asciende hasta entre el 18% y el 35% para los que viven permanentemente en interiores.

Las zonas más vulnerables: el sur de Europa

Los resultados muestran que las regiones actualmente más expuestas al estrés térmico serán las que sufran un empeoramiento más acusado en el futuro. Países del sur de Europa (Italia, España, Grecia, Eslovenia, Rumania y Bulgaria) destacan como áreas donde el impacto podría ser más profundo.

En los Estados miembros mediterráneos, entre el 27,2 % y el 46,4 % del ganado enfrentará un incremento severo del estrés por calor. Particularmente preocupantes son las zonas de producción intensiva como el valle del Po y Cataluña, donde abundan las llamadas megaestablos, explotaciones con más de 500 cabezas de ganado europeo. Allí, los animales podrían soportar más de quince jornadas adicionales de calor extremo en comparación con la situación actual.

Los investigadores advierten que alcanzar un equilibrio entre los objetivos económicos, ambientales y de bienestar animal solo será posible con políticas de adaptación ambiciosas y bien planificadas.

Entre las posibles medidas se incluyen aumentar las zonas de sombra con árboles en los pastos, añadir refugios naturales en el paisaje, o modernizar los establos con sistemas de ventilación y refrigeración más eficientes. No obstante, estos cambios exigen tiempo, inversión y planificación, factores que dificultan la respuesta inmediata del sector.

A la vez, muchos ganaderos del sur de Europa ya enfrentan presiones que los empujan a abandonar la actividad. Las olas de calor suelen coincidir con sequías prolongadas, lo que reduce la producción de forraje y encarece la alimentación del ganado europeo, generando un círculo de vulnerabilidad cada vez más difícil de romper.

Linda See subraya que las medidas de adaptación no deben ser uniformes. Europa presenta una enorme diversidad de sistemas productivos y condiciones climáticas: lo que funciona en el Mediterráneo puede resultar inadecuado en los Alpes o en el Atlántico. Por ello, recomienda diseñar políticas agrarias ajustadas a las particularidades de cada región.

Oportunidades de cambio y resiliencia

El estudio también invita a identificar sinergias. Modernizar las instalaciones ganaderas, crear sombra natural y reducir parcialmente el tamaño de los rebaños en zonas críticas puede, al mismo tiempo, mejorar el bienestar de los animales, disminuir las emisiones contaminantes y fortalecer la capacidad de adaptación de los agricultores.

Ziga Malek advierte que las transformaciones necesarias pueden resultar difíciles, especialmente en áreas con ganadería intensiva, pero actuar ahora podría facilitar una transición hacia un modelo de ganado europeo más sostenible. En última instancia, el futuro del sector ganadero europeo dependerá de su capacidad para combinar productividad y resiliencia frente a un clima cada vez más extremo.

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