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En las aulas, la diversidad no solo se mide por las capacidades o los orígenes, sino también por la forma en que cada niño y niña siente, procesa y expresa sus emociones. Hay quienes necesitan un abrazo firme para sentirse seguros y quienes prefieren la suavidad de un gesto a distancia. En este delicado equilibrio entre la individualidad y la convivencia se sitúa Cinta Mesa González, autora de Una clase de besos.
A través de la mirada de la maestra Irene, Cinta nos propone un viaje por una jornada escolar donde los besos —esos grandes protagonistas de la infancia— dejan de ser algo genérico para convertirse en una seña de identidad. Dulces, fuertes, de colores o "de abuela", cada beso en este álbum ilustrado es una lección de respeto mutuo y consentimiento.
En GNDiario, charlamos con la autora sobre cómo la literatura infantil puede ser el puente perfecto para que los más pequeños comprendan que su forma de ser es su mayor tesoro y que la verdadera magia de una comunidad reside, precisamente, en la fuerza de sus diferencias.
En el aula de la maestra Irene, la diversidad se manifiesta a través de un gesto tan cotidiano como un beso. ¿Cómo nació la idea de utilizar este gesto como hilo conductor para hablar de la personalidad de los niños?
Un día me contaron una historia. Mi hermana le pidió a uno de nuestros sobrinos un beso, y él le respondió que no podía dárselo porque se le “gastaban”. En ese momento, empecé a imaginar los distintos tipos de besos que les gustan o no a los niños y las niñas, no solo según sus gustos, sino también según su forma de relacionarse con los demás, especialmente con sus compañeros y con las personas adultas.
En el libro hablas de besos dulces, fuertes, de colores e incluso "de abuela". ¿Qué importancia tiene para ti que los niños aprendan a identificar y poner nombre a sus propias preferencias afectivas desde edades tan tempranas?
Muchas veces a los niños no se les deja elegir si quieren o no dar besos o si está bien o no hacerlo, y se les etiqueta por eso. He encontrado adolescentes que dicen de sí mismas que son frías solo porque han aprendido a etiquetarse así por no expresar su afecto desde el primer momento como se espera de ellas. Cuando las conoces, ves que son chicas cariñosas y muy sensibles. Ninguna niña debería crecer con una imagen negativa de sí misma solo porque le hayan enseñado que sentir o ser así no está bien. Debe tener la oportunidad de identificar y expresar lo que siente y le gusta antes de que interiorice esa etiqueta que la sociedad le pone. Ese debería ser el primer paso para entender que hay muchas formas de dar cariño, que la suya es tan importante como las demás, y de recibirlo, concienciando de que no todas se pueden aceptar.
Una clase de besos parece lanzar un mensaje sutil pero firme sobre el respeto al espacio personal. ¿Consideras que la literatura infantil es la herramienta clave para enseñar a las familias que no se debe obligar a los niños a dar o recibir afecto si no lo desean?
No siempre se le da a la literatura infantil el valor que merece como herramienta de aprendizaje, de cambio y de ejemplo para que los niños y adolescentes entiendan sus sentimientos y sepan gestionar sus emociones. Sin embargo, la literatura infantil es muy importante para aprender y enseñar, tanto a niños como a mayores. Si a los niños les gusta una historia, lo que dice y lo que enseña, eso puede ayudarnos a entender lo que necesitan. La literatura infantil traza esa ruta que los padres pueden seguir para entrar en ese espacio personal, comprender a sus hijos y ayudarles a crecer sintiendo que tienen libertad para ser como son. Para mí, un cuento puede ser un lugar seguro para que los niños y las niñas aprendan a entenderse y a expresarse sin miedo.
La docente en tu historia actúa como una facilitadora que celebra las "manías" de sus alumnos. ¿Qué papel crees que juega la escuela hoy en día a la hora de transformar la diferencia en un valor positivo en lugar de en un motivo de exclusión?
En clase nos encontramos con un alumnado que siente y se relaciona con los demás y con lo que aprende de forma diferente, y así lo expresan. El papel de una docente es dar valor a esas diferencias, hacer ver que un alumno no es menos que los demás por actuar o sentir de una forma distinta a la mayoría, y que todos pueden aportar y enseñar mucho al resto de la clase. Cuando nos encontramos con estudiantes con necesidades educativas especiales o adaptaciones para que aprendan mejor, lo primero que debemos hacer es decirles que no son menos ni tienen menos capacidad por aprender así. Lo agradecen mucho y se sienten mejor. Además, hay que concienciar al resto del alumnado de que todos somos y aprendemos de forma diferente y que sus compañeros no son menos que ellos. Es un trabajo muy difícil, pero lo importante es ir paso a paso y enseñar historias como las que se cuentan en este cuento para poder concienciarles y que vayan poco a poco aceptando a sus compañeros como son.
Desde GNDiario trabajamos mucho la visibilidad de la diversidad. En tu obra, esta diversidad saca "sonrisas en comunidad". ¿De qué manera crees que entender las particularidades de los demás ayuda a crear una sociedad más cohesionada y empática?
Por mucho que se intente homogeneizar una sociedad, las comunidades se crean a partir de las diferencias. Desde pequeños se nos enseña que se debe formar parte de un grupo, y qué tipo de grupos y personas valen más y cuáles menos. Cuando te cuestionas ese aprendizaje y de verdad te permites conocer a una persona —su historia, sus manías, sus inseguridades y sus capacidades—, y eres valiente como para romper con lo aprendido y valorar sus diferencias, compruebas que todos podemos formar parte de una comunidad y que todos necesitamos que nos entiendan y nos quieran siendo como somos y no como se espera que seamos. Es muy positivo permitirse conocer a una persona que es diferente y compartir con ella buenos momentos que nos sacan una sonrisa.
Al ser un álbum ilustrado, la imagen es tan importante como el texto. Aunque las ilustraciones son obra de otra artista, ¿cómo fue ese proceso de trabajo conjunto para lograr que cada tipo de beso tuviera la identidad visual que tú habías imaginado?
Cuando escribes, sabes que cada persona que lo lea va a hacer una imagen en su mente de esas palabras y hace la historia un poco suya. Por eso, el trabajo con Ingrid fue muy fácil: ella, como lectora, interpretó con sus imágenes lo que yo había imaginado con mis palabras.
El libro demuestra que todos tenemos una "clase de besos" que forma parte de nuestra identidad. ¿Cuál esperas que sea la conversación que se genere entre padres e hijos (o docentes y alumnos) después de cerrar la última página del libro?
Espero que después de leer el Una clase de besos puedan reconocer las diferencias de los demás y expresar las suyas propias libremente.
Y espero que se siga haciendo lo que han empezado a hacer las personas que lo leen: escribirme para contarme lo que han sentido y con qué tipo de besos se han identificado. Hay adolescentes que me escriben mensajes para decir qué beso les gusta más y el motivo por el que les gusta. Al elegir un tipo de beso expresan sus gustos y hablan de ellas en un espacio seguro. Lo que escriben en estos mensajes debería ser el principio de esa conversación.
Al recibir los mensajes también veo que la gente, en especial las personas mayores, habla no solo de cómo le gusta expresar su cariño, sino también de sus recuerdos. He comprobado que con un cuento no solo se puede tener una conversación con la imaginación de los niños, sino también con la memoria de estas personas mayores que se sienten identificadas con los distintos tipos de besos y me cuentan sus historias personales.
Con «Pegatinas-Stickers» diste voz al autismo y al Trastorno del Espectro Autista. ¿Crees que la literatura infantil es hoy el mejor motor para derribar etiquetas y lograr que la inclusión sea una realidad natural en las aulas?
Normalmente, a los niños no se les enseña a relacionarse con personas que son diferentes, muchas veces porque ni los adultos saben hacerlo. La literatura infantil y juvenil acerca a los niños a historias que no conocen, dándoles información y ayudándoles a entender a sus compañeros. El simple hecho de identificar que lo que se dice de ese compañero no es más que una etiqueta puede ayudar a reflexionar y a concienciar sobre la diversidad. A partir de ahí, se puede aprender otra forma de relacionarse con ellos y aceptarlos dentro del grupo.
Si Cinta Mesa tuviera que elegir un "beso" de los que aparecen en el libro para definir su proceso creativo, ¿con cuál se quedaría y por qué?
Un beso que se da con los labios pintados y que se queda mucho tiempo. Si este cuento ha podido hacer recordar a esas personas mayores a sus abuelas y a los besos que les daban, es porque estas historias también están dejando una huella.
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