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La periodista y activista afgana Khadija Amin puso este martes el foco en uno de los peligros menos visibles de los regímenes que restringen las libertades: terminar aceptando como normal aquello que, en realidad, supone una pérdida de derechos. Fundadora de la asociación Hope of Freedom, Amin compartió su experiencia durante la sesión inaugural de la Ceremonia de Apertura del Curso Académico 2026-2027 de Esade, donde defendió la necesidad de mantener viva la atención sobre la situación de las mujeres y las niñas en Afganistán.
“Cuando vives dentro, normalizas muchas cosas y las aceptas, porque ves que no hay otra salida”, explicó la activista durante una conversación con Sira Abenoza, profesora titular del Departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade. Su intervención estuvo marcada por el recuerdo de la transformación que ha experimentado Afganistán desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, una situación que obligó a Khadija Amin a abandonar su país.
Desde España, la periodista continúa trabajando para evitar que la situación de las mujeres y las niñas afganas deje de ocupar un espacio en el debate público. Durante su intervención, insistió en que la realidad de Afganistán es mucho más amplia que la existencia del régimen talibán y pidió no olvidar la historia, la cultura y la trayectoria de su sociedad.
Khadija Amin recalcó que los derechos y las libertades no deben darse por garantizados
Khadija Amin recordó que las mujeres afganas han desempeñado históricamente diferentes responsabilidades en la vida pública del país. Han sido ministras, parlamentarias, profesoras y periodistas, una realidad que, a su juicio, debe formar parte también de la imagen que se proyecta de Afganistán.
Khadija Amin puso especial énfasis en la progresiva pérdida de libertades y en cómo las restricciones pueden llegar a convertirse en parte de la vida cotidiana cuando se mantienen durante largos periodos. La normalización, explicó, puede hacer que situaciones que deberían generar rechazo terminen siendo asumidas como inevitables.
Su mensaje no se limitó a denunciar la situación actual. También reclamó que cualquier futuro proyecto para Afganistán tenga en cuenta a su propia población. En especial, defendió que las mujeres y las niñas afganas deben tener voz en las decisiones relacionadas con el futuro del país y no quedar al margen de las posibles soluciones impulsadas por la comunidad internacional.
Su testimonio trasladó además una reflexión de alcance más general: los derechos y las libertades no deben darse por garantizados. Cada generación, sostuvo implícitamente a través de su experiencia, tiene la responsabilidad de protegerlos y defenderlos de manera activa.
Al acto asistieron estudiantes, profesores, antiguos alumnos y representantes de distintas instituciones académicas. Entre las autoridades presentes se encontraban la presidenta del Patronato de la Fundación Esade, Anna Xicoy; el director general de Esade, Daniel Traça; el rector de la Universidad Ramon Llull, Carles Pérez, y el delegado de los jesuitas en Catalunya y patrono de Esade, Pau Vidal, SJ.
“Imaginar cómo debería ser”
La intervención de Khadija Amin se produjo en una ceremonia que también sirvió para reflexionar sobre los retos a los que se enfrenta la educación superior. Anna Xicoy situó el comienzo del nuevo curso académico en un escenario marcado por grandes transformaciones tecnológicas, la fragmentación política, la polarización, la pérdida de confianza en las instituciones y unas desigualdades que continúan presentes.
Ante este contexto, la presidenta del Patronato reivindicó el papel de las instituciones educativas como espacios capaces no solo de preparar a los estudiantes para desenvolverse en la realidad existente, sino también de ofrecerles herramientas para transformarla.
“La educación no consiste únicamente en preparar a las personas para desenvolverse en el mundo tal como es. Consiste también en ayudaros a imaginar cómo debería ser y en proporcionaros el conocimiento, el criterio y la determinación necesarios para contribuir a su transformación”, afirmó.
Xicoy relacionó esta visión con la tradición jesuita de Esade y con el objetivo de formar personas “competentes, conscientes, compasivas y comprometidas”. De este modo, la educación aparece vinculada no solo al conocimiento académico, sino también a la responsabilidad social y a la capacidad de actuar ante los problemas del entorno.
Tecnología, inteligencia artificial y pensamiento crítico
Daniel Traça también puso el acento en la evolución de Esade y en los cambios que está experimentando la educación. El director general recordó que la institución, con cerca de 70 años de historia, ha evolucionado con el paso del tiempo sin abandonar algunos de sus principales rasgos: la tradición jesuita, la excelencia académica, la vocación internacional, la relación con las organizaciones y la sociedad y el compromiso con el bien común.
En esta nueva etapa, explicó, Esade apuesta por un aprendizaje más interdisciplinar en el que la tecnología y la inteligencia artificial tengan presencia en diferentes áreas de conocimiento. Sin embargo, Traça advirtió de que la incorporación de estas herramientas debe ir acompañada de una formación sólida en pensamiento crítico, creatividad, diálogo y criterio ético.
También reivindicó el papel de las humanidades en un contexto de creciente protagonismo tecnológico y defendió que la educación debe mantener una clara orientación hacia el servicio a la sociedad.
Otro de los asuntos abordados por Traça fue la necesidad de facilitar el acceso a la educación con independencia de la situación económica o social de cada estudiante. “El punto de partida no debería decidir el punto de llegada para nadie”, señaló.
En este sentido, destacó el papel de las becas y de nuevas fórmulas de financiación educativa, entre ellas los llamados 'Income-Share Agreements', como mecanismos destinados a ampliar las oportunidades de acceso al talento.
El director general también animó a los estudiantes a no aceptar sus propias certezas como definitivas. Les invitó a escuchar a personas con opiniones diferentes y a preguntarse qué clase de profesionales y, sobre todo, qué clase de personas quieren llegar a ser.
“No os limitéis a prepararos para el mundo que existe. Imaginad y ayudad a construir el mundo donde os gustaría existir”, concluyó.
La ética, en el centro del progreso
El cierre de la ceremonia corrió a cargo de Carles Pérez, rector de la Universidad Ramon Llull, quien defendió la ética como uno de los principales motores del progreso. Pérez subrayó que la transformación tecnológica debe desarrollarse respetando la dignidad de las personas y evitando que las nuevas herramientas contribuyan a ampliar las desigualdades sociales.
Antes de la ceremonia tuvo lugar una eucaristía presidida por Pau Vidal, SJ, delegado de los jesuitas en Catalunya y patrono de Esade.
Fundada en 1958, Esade es una institución académica de tradición jesuita que cuenta con campus en Barcelona y Madrid y mantiene acuerdos de colaboración con 271 universidades y escuelas de negocios. Cada año, sus programas reúnen a unos 12.000 alumnos procedentes de más de 100 nacionalidades. La institución forma parte de la Universidad Ramon Llull.
La presencia de Khadija Amin en la apertura del curso sirvió así para conectar los desafíos de la educación con una cuestión que trasciende fronteras: la defensa de los derechos humanos. Su experiencia en Afganistán recordó a los estudiantes que las libertades pueden perderse de manera progresiva y que evitar su normalización exige mantener una actitud crítica, consciente y comprometida.
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