¿Puede ingresarse a un paciente psiquiátrico sin su consentimiento con la nueva Ley de Discapacidad?

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
paciente psiquiátrico

Lectura fácil

La entrada en vigor de la renovada Ley General de Discapacidad ha desatado un cisma de proporciones inéditas en el ámbito de la salud mental española. La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), secundada por una veintena de organizaciones autonómicas, ha advertido formalmente de que el nuevo marco normativo deja en una grave desprotección jurídica y clínica los internamientos no voluntarios de personas en situación crítica. Ante la escalada del conflicto, el Ministerio de Sanidad ha reaccionado abriendo una consulta pública previa con la que pretende desarrollar reglamentariamente las disposiciones más controvertidas de la ley. La administración central reconoce de forma explícita que la falta de una normativa complementaria propicia lecturas contrapuestas y bloqueos en la práctica diaria asistencial. El periodo de alegaciones ciudadanas y profesionales permanecerá habilitado hasta el próximo 6 de noviembre, buscando precisar las salvaguardas del consentimiento, los apoyos decisionales y las medidas extraordinarias de contención.

La atención urgente al paciente psiquiátrico

Desde el departamento ministerial se rechaza tajantemente la idea de que la reforma elimine o inhabilite los ingresos forzosos en los centros sanitarios. La comisionada de Salud Mental, Belén González, ha desmentido las advertencias de las sociedades científicas, a las que acusa de propagar una alarma infundada entre los profesionales de guardia y el entorno de los afectados. Según defiende el Ejecutivo, el artículo 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil se mantiene plenamente vigente como soporte de la intervención forzosa por razones de alteración mental cuando media control judicial. El objetivo de Sanidad es compatibilizar este mecanismo histórico con el recién creado artículo 13 bis, el cual exige agotar previamente todos los recursos voluntarios y salvaguardar las garantías formales de cada individuo en el historial clínico.

El foco de la disputa técnica radica en la literalidad del texto legal, que prohíbe de manera expresa privar de libertad a alguien por motivo de discapacidad, tolerando únicamente la excepción de una urgencia vital imperiosa. Bajo esta interpretación, la ley exige que concurra una amenaza directa e inminente para la vida o la integridad física de las personas involucradas para poder intervenir sin autorización previa. Para los facultativos, supeditar la atención del paciente psiquiátrico a un peligro inmediato de muerte choca frontalmente con la Ley de Autonomía del Paciente, que ampara actuar sin consentimiento ante deterioros graves de carácter físico o psíquico. Esta restricción semántica genera un vacío asistencial que descoloca la rutina en los servicios de urgencias de los hospitales.

El dilema ético ante el paciente psiquiátrico

El colectivo médico subraya que delimitar las actuaciones a situaciones extremas de supervivencia desatiende la naturaleza compleja de muchas patologías agudas. Los especialistas alertan de que patologías complejas como cuadros maníacos severos, descompensaciones psicóticas con autoabandono radical o conductas alimentarias extremas podrían quedar al margen de una hospitalización involuntaria en tiempo y forma. Del mismo modo, evaluar a un paciente psiquiátrico con ideación autolítica no siempre permite asegurar una certeza absoluta en los minutos previos al acto, ya que los expertos recuerdan que el riesgo de suicidio es siempre probabilístico y no admite una certificación matemática de inmediatez cronológica.

A esta problemática se suma el escenario posterior a la estabilización médica inmediata. Si un paciente psiquiátrico estabilizado persiste en su falta de conciencia de enfermedad una vez superada la fase aguda, el equipo sanitario se encuentra atado de pies y manos para prolongar la estancia terapéutica. Sin dispositivos comunitarios suficientes, las organizaciones médicas advierten de que la carga de los cuidados volverá a recaer de forma dramática sobre los núcleos familiares. Ante esta perspectiva, las entidades científicas sostienen que proteger a quien carece de capacidad transitoria para cuidarse es un deber ineludible de derechos humanos que no puede resolverse con el desamparo de los hogares.

Garantías judiciales y recursos comunitarios

Frente a las críticas por el posible vacío legal, el Gobierno insiste en que las urgencias hospitalarias mantendrán la facultad de iniciar hospitalizaciones inmediatas, las cuales serán ratificadas posteriormente por el juez competente con criterios de evaluación más definidos y transparentes. No obstante, el Ministerio de Sanidad asume que las guías de buenas prácticas carecen de eficacia vinculante, por lo que resulta imprescindible promulgar un reglamento que garantice una aplicación homogénea en todo el Estado. Asimismo, el departamento mantendrá reuniones con las asociaciones de allegados y sociedades especializadas para pactar directrices transitorias que guíen a los facultativos hasta la redacción definitiva del texto.

Por su parte, los representantes médicos reclaman que estas directrices se coordinen formalmente con los juzgados de internamiento y la Fiscalía para evitar interpretaciones contradictorias en los tribunales. Sin embargo, para que un paciente psiquiátrico reciba una atención verdaderamente digna y no coercitiva, la profesión considera que las leyes no bastan por sí solas. La desmedicalización de los ingresos debe ir acompañada obligatoriamente de un despliegue masivo de recursos asistenciales, como equipos de tratamiento asertivo domiciliario, centros de crisis y soportes estructurales para las familias. De lo contrario, advierten los especialistas, la reforma correrá el peligro de consagrar un abandono encubierto en el ámbito asistencial. Por todo ello, el seguimiento integral a cada paciente psiquiátrico demandará un compromiso presupuestario real que trascienda las buenas intenciones de los despachos normativos.

Añadir nuevo comentario