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El botón electoral de Sánchez: una jugada que ya conoce de memoria

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Pedro Sánchez este 12 de octubre en el desfile de las Fuerzas Armadas

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La decisión de Pedro Sánchez del adelanto electoral no surge de la nada. Es una decisión que el presidente del Gobierno ha ensayado antes, en momentos en que la aritmética parlamentaria parecía cerrarle todas las puertas.

Su historia reciente en La Moncloa está marcada por convocatorias sorpresa, derrotas aparentes convertidas en segundas oportunidades y pactos difíciles que han sostenido y después quebrado sus mayorías.

La primera vez que Pedro Sánchez pulso el botón electoral fue en 2019

Puede parecer lejano, pero fue hace apenas unos años. Tras la moción de censura que apartó a Mariano Rajoy del Gobierno, las tres derechas, PP, Ciudadanos y Vox, se manifestaron juntas en Colón para exigir elecciones inmediatas. Sánchez aprovechó aquel clima político y, el 15 de febrero de 2019, anunció la disolución de las Cámaras y la convocatoria de comicios generales para el 28 de abril.

Aquella apuesta le dio un buen resultado en las urnas: el PSOE obtuvo 123 escaños, frente a los 66 del PP de Pablo Casado. Pero la victoria no se tradujo en gobierno. Sin mayoría suficiente, Sánchez no logró reunir los apoyos necesarios para ser investido y España entró en un bloqueo institucional. Las siguientes elecciones no las convocó él: fueron el resultado del mecanismo constitucional automático tras meses sin un Ejecutivo viable. El 10 de noviembre de 2019, los españoles volvieron a votar.

Dos días después de aquella segunda cita electoral, PSOE y Unidas Podemos firmaron su acuerdo de coalición. Se hablaba entonces de un Gobierno para cuatro años, pero el mandato no llegó a completarse. La legislatura quedó interrumpida por el mal resultado del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo de 2023, una jornada que tiñó de azul gran parte del mapa territorial.

Aquella noche, mientras Alberto Núñez Feijóo celebraba en Génova 13 el avance del PP y el desplome de Ciudadanos, Pedro Sánchez reunió a su núcleo duro en Ferraz. Allí fijó una fecha que cambió el calendario político: el 23 de julio para las generales. Fue un adelanto arriesgado, tomado apenas un día después de una derrota electoral, y en plena Presidencia española del Consejo de la UE.

La jugada volvió a salirle bien, aunque por muy poco. El PP fue la fuerza más votada, con 137 escaños, pero no alcanzó la mayoría absoluta ni aun sumando a Vox. Sánchez, con 121 diputados, logró conservar una vía hacia La Moncloa gracias a una geometría parlamentaria extremadamente ajustada.

La clave estuvo en Junts. Los siete escaños de la formación de Carles Puigdemont se convirtieron en decisivos, y su apoyo se materializó mediante un acuerdo alcanzado el 9 de noviembre de 2023. En el centro de aquel pacto estaba la ley de amnistía, una medida que Pedro Sánchez había rechazado públicamente antes del 23-J y que acabó siendo determinante para su investidura, producida el 16 de noviembre con 179 votos a favor y 171 en contra.

La ruptura que reabre la incógnita

Aquel equilibrio, sin embargo, ha terminado de forma abrupta. La relación con Junts, sellada sobre la amnistía y el compromiso de procurar la gobernabilidad durante la XV legislatura, se rompió hace una semana. El detonante fue el rechazo de la formación independentista a los decretos de vivienda del Gobierno, lo que dejó a Sánchez sin uno de sus apoyos esenciales.

La situación recuerda a otros momentos en los que Pedro Sánchez ha tenido que elegir entre resistir con un Gobierno minoritario o forzar unas nuevas elecciones. En esta ocasión, el presidente ya se preparó para convocar a los españoles a las urnas el próximo 29 de noviembre.

Pedro Sánchez tiene, una vez más, ha pulsado el botón electoral. Y su historial sugiere que no parece tener miedo a la opción de perder su presidencia: en 2019 y en 2023 convirtió momentos de debilidad en palancas para volver a gobernar.

Pero el contexto actual es distinto. La ruptura con Junts cierra el círculo de un pacto que fue imprescindible para su investidura y deja al PSOE ante un escenario de máxima incertidumbre. Ahora ha apretado el botón electoral, por lo que por un lado puede que haya reconocido que la legislatura no puede continuar, pero también puede que Pedro Sánchez tenga una apuesta a repetir la fórmula que ya le funcionó: adelantar los comicios, mover el tablero y esperar que las urnas le devuelvan la oportunidad de formar Gobierno.

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