La desaparición del mostrador de pescadería tendría un coste directo para el consumidor, alerta la OCU

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Pescadería de mostrador y fresca

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La venta de pescado fresco envasado continúa ganando espacio en los supermercados españoles, desplazando progresivamente a los mostradores tradicionales. Aunque este modelo ofrece mayor rapidez y comodidad al consumidor, diversas voces del sector advierten de que puede implicar precios más elevados en determinados productos, una menor capacidad de elección y una reducción del asesoramiento especializado durante la compra.

El pescado envasado gana terreno en los supermercados

Cada vez son más los supermercados que apuestan por reducir o eliminar la pescadería tradicional para sustituirla por lineales de pescado fresco preparado y listo para llevar. Este cambio responde a criterios de eficiencia, optimización del espacio y reducción de costes operativos, pero también está generando dudas entre consumidores y asociaciones especializadas.

Según diversos análisis realizados en el sector, el pescado comercializado en bandejas puede resultar más caro que el adquirido directamente en una pescadería. La diferencia es especialmente notable en especies de tamaño pequeño que se venden limpias y fileteadas, ya que el proceso de preparación y empaquetado incrementa el precio final que paga el cliente.

Diferencias de precio según el tipo de producto

Los mayores sobrecostes suelen aparecer en pescados como la dorada o la lubina cuando llegan al consumidor ya listos para cocinar. En estos casos, el precio puede aumentar de forma considerable respecto al producto comprado en una pescadería donde la limpieza y el corte se realizan en el momento.

Sin embargo, la situación cambia cuando se trata de piezas de mayor tamaño. Algunos productos como la merluza o el salmón presentan diferencias mucho más reducidas entre el formato preparado y la compra tradicional. Para muchos compradores, la comodidad de llevar el producto listo para consumir compensa esa pequeña variación económica.

Los expertos recuerdan además que tareas como el fileteado, el envasado y la conservación tienen un coste para las cadenas de distribución, que finalmente se refleja en el importe de venta.

Comodidad frente a atención personalizada

Uno de los principales argumentos a favor del nuevo modelo es la rapidez. Los clientes pueden elegir el producto directamente de la estantería sin esperar turno ni solicitar preparación específica. Esto agiliza la compra y permite una mayor autonomía durante el recorrido por el establecimiento.

No obstante, la desaparición de la pescadería supone también la pérdida de un servicio valorado por muchos consumidores. En estos espacios es posible solicitar cortes concretos, resolver dudas sobre la preparación de una especie o recibir recomendaciones adaptadas a cada necesidad.

Los profesionales del sector destacan que este sector no solo vende alimentos del mar, sino que también ofrece asesoramiento especializado y un contacto directo que resulta difícil de sustituir mediante envases estandarizados.

Menos variedad y más envases en pescadería

Otro de los aspectos que preocupa a algunas organizaciones es la posible reducción de la diversidad disponible. Los formatos preparados suelen favorecer productos con una demanda constante y una logística sencilla, lo que podría limitar la presencia de especies menos habituales.

La desaparición progresiva de la pescadería también podría afectar a la capacidad del consumidor para comprobar la frescura del producto mediante señales visuales como el aspecto de los ojos, las agallas o la textura de la carne.

A ello se suma la cuestión medioambiental. El aumento de las ventas en bandejas implica un mayor uso de plásticos y materiales de embalaje. Aunque muchas empresas trabajan para reducir estos residuos, algunos expertos consideran que la sustitución de la pescadería tradicional podría dificultar los objetivos de sostenibilidad que demanda una parte creciente de la sociedad.

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