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Una red interconectada de 17 áreas de reserva en la alta mar del Atlántico protegería un 31 % de las zonas de peligro de las rutas migratorias vitales de diversas especies en esa cuenca oceánica. Esta es una de las principales conclusiones del informe elaborado por Greenpeace. El documento ha sido presentado este lunes coincidiendo con el inicio de la 17ª cumbre de la ONU sobre biodiversidad, conocida como COP17, que se celebra en Ereván (Armenia) hasta el próximo 30 de octubre.
La propuesta busca articular un corredor seguro en aguas internacionales para especies altamente vulnerables. Con esta iniciativa, la organización conservionista demanda políticas públicas estrictas que impongan un veto efectivo a la pesca industrial y reduzcan el tráfico marítimo dentro de los límites de los santuarios marinos. Según denuncia la entidad, muchas de las áreas actuales supuestamente protegidas continúan permitiendo actividades extractivas destructivas, lo que neutraliza su efectividad ecológica.
Urgencia científica: la creación de santuarios marinos para revertir el deterioro oceánico
En la actualidad, solo un 3,5 % de los océanos del mundo se encuentra total o altamente protegido frente a la actividad humana destructiva. La red propuesta incrementaría esa cifra al abarcar más de un 30 % de la alta mar atlántica. Para lograrlo, Greenpeace identifica 17 emplazamientos prioritarios que deberían transformarse en santuarios marinos totalmente protegidos bajo la cobertura del Tratado Global de los Océanos. El estudio técnico superpone las rutas migratorias de la tortuga laúd y de la ballena jorobada con las áreas de alto riesgo de captura incidental y de colisión con buques de carga.
Entre los puntos señalados se incluyen áreas marinas protegidas ya existentes que requieren un refuerzo normativo urgente, así como cinco ubicaciones en fase de análisis por parte de gobiernos y científicos: el mar de los Sargazos, la zona de convergencia de las corrientes de Canarias y Guinea, el Banana Hole, la cordillera de Walvis y la zona de fractura ecuatorial del Atlántico. De los once emplazamientos restantes, ocho ya están clasificados como Áreas Marinas de Importancia Ecológica o Biológica. La integración de estos espacios en una red coordinada de santuarios marinos permitiría blindar los hábitats críticos frente al impacto de las flotas pesqueras internacionales.
La brecha entre los compromisos internacionales y el ritmo real de conservación
Por otro lado, la cumbre de la COP17 llevará a cabo la primera evaluación oficial de los avances hacia los objetivos mundiales acordados, entre los que destaca la meta de proteger al menos un 30 % de los mares para el año 2030. Este umbral representa el mínimo biológico necesario para la recuperación de los ecosistemas. Sin embargo, las proyecciones del informe revelan una realidad preocupante: al ritmo actual de implementación, se tardarán 265 años en alcanzar ese porcentaje mínimo de resguardo ambiental en aguas internacionales.
Las voces de la organización alertan sobre la parálisis institucional que sufren las políticas de conservación global. Sin redes de protección eficaces, muchas especies emblemáticas podrían extinguirse. La articulación de santuarios marinos garantizaría que las especies migratorias dispongan de corredores seguros para desplazarse, alimentarse y reproducirse sin la interferencia de buques pesqueros o mercantes. Las tortugas laúd figuran entre los vertebrados más amenazados del planeta. Actualmente, no existen zonas en la alta mar del Atlántico plenamente resguardadas de la pesca industrial, cuyos buques sumaron el año pasado más de 1,6 millones de horas de actividad en la región.
Beneficios ecosistémicos y conexión entre la alta mar y las aguas nacionales
La implantación de la red aportará beneficios directos a la fauna marina en situación de vulnerabilidad. La propuesta protegería casi un 45% de las zonas de peligro para las ballenas jorobadas. Esta medida reduciría drásticamente el riesgo de colisiones traumáticas con mercantes en las rutas oceánicas más transitadas. La consolidación de santuarios marinos actúa como un escudo protector para mamíferos y reptiles que recorren miles de millas náuticas a lo largo de su ciclo vital.
Asimismo, la delimitación de estos santuarios marinos generará un impacto positivo directo en las aguas territoriales y zonas económicas exclusivas de los Estados costeros. Los ecosistemas marinos funcionan como redes estrechamente interconectadas. Al blindar los puntos calientes de biodiversidad en alta mar frente a las agresiones ambientales, las especies encuentran refugio para criar y recuperarse, permitiendo que las poblaciones saludables se expandan hacia las franjas litorales.
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