SEO/BirdLife crea un protocolo para usar drones y cámaras trampa sin alterar la fauna

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Drones y naturaleza

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La incorporación de nuevas tecnologías al estudio de la naturaleza está transformando la forma en que científicos y conservacionistas observan la biodiversidad. Herramientas como los drones y las cámaras trampa permiten recopilar información en zonas de difícil acceso, realizar censos más precisos y reducir la presencia humana en hábitats sensibles. Sin embargo, su uso también plantea un desafío: evitar que la propia tecnología termine perturbando a las especies que pretende proteger.

Con ese objetivo, la organización ecologista SEO/BirdLife ha desarrollado un protocolo de buenas prácticas para el empleo de drones y sistemas de fototrampeo en espacios naturales. La iniciativa fue presentada durante el XXVII Congreso Español de Ornitología, celebrado recientemente en Granada, y reúne criterios científicos, técnicos, ambientales y legales destinados a garantizar un uso responsable de estas herramientas.

La tecnología al servicio de la conservación

El avance tecnológico ha abierto nuevas posibilidades para el seguimiento de aves y otros animales silvestres. Gracias a los drones es posible acceder visualmente a áreas remotas o de complicada orografía, mientras que las cámaras trampa permiten registrar la actividad de la fauna durante largos periodos sin necesidad de mantener una vigilancia constante sobre el terreno.

No obstante, SEO/BirdLife advierte de que la ausencia de contacto físico no implica la ausencia de impacto. Un vuelo mal planificado, una cámara situada en un lugar inadecuado o el uso de técnicas para atraer animales pueden modificar su comportamiento, provocar situaciones de estrés e incluso alterar procesos tan delicados como la reproducción o la alimentación.

Por ello, el nuevo documento establece como principio fundamental que la obtención de datos nunca debe situarse por encima del bienestar de las especies ni de la conservación de sus hábitats.

Normas para un uso responsable de los drones

El protocolo dedica un apartado específico a la utilización de aeronaves no tripuladas, cada vez más habituales en proyectos de investigación ambiental. Entre las principales recomendaciones figura la planificación previa de cada vuelo, teniendo en cuenta la sensibilidad de las especies presentes y las características del entorno.

SEO/BirdLife propone aplicar siempre el criterio de mínima intervención. Esto significa escoger el dron de menor tamaño y potencia que permita desarrollar el trabajo previsto, reduciendo así tanto el ruido como la presencia visual del aparato sobre la fauna.

Además, antes de despegar deben definirse alturas y tiempos de vuelo que minimicen las probabilidades de provocar reacciones de alarma. Como orientación general, la organización desaconseja realizar vuelos por debajo de los 20 metros de altura y recomienda no repetir operaciones sobre una misma zona durante más de dos días consecutivos.

Especial atención reciben los trabajos relacionados con nidos. El protocolo establece que los sobrevuelos únicamente deben realizarse cuando estén plenamente justificados y no exista otra alternativa para obtener la información. En esos casos, la permanencia del dron sobre el nido no debería superar los dos minutos y siempre deberá mantenerse la máxima altura compatible con el objetivo científico.

Asimismo, el documento prohíbe expresamente cualquier práctica destinada a modificar la conducta de los animales, como el empleo de cebos, sonidos, luces artificiales o cualquier otro elemento que favorezca su aproximación.

El proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas como referencia

Una parte importante de las recomendaciones surge de la experiencia acumulada por SEO/BirdLife en el proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas, centrado en reducir la mortalidad de hembras y la destrucción de nidos de sisón y avutarda durante las labores agrícolas de primavera.

En esta iniciativa se ha desarrollado una herramienta basada en inteligencia artificial que analiza imágenes termográficas captadas por drones para localizar nidos ocultos entre cultivos y pastos altos. El sistema evita las búsquedas a pie, una práctica que puede generar molestias directas a las aves y aumentar el riesgo de que los depredadores descubran las puestas.

Los ensayos realizados con drones también han permitido estudiar la respuesta de las aves a distintas alturas, horarios y épocas del año, información que ha servido para definir rangos de vuelo considerados seguros y reducir al máximo el impacto de las operaciones de seguimiento.

Las cámaras trampa constituyen otra de las grandes protagonistas del protocolo. Estos dispositivos se han convertido en una herramienta esencial para conocer la presencia, abundancia relativa y comportamiento de numerosas especies, especialmente aquellas de hábitos nocturnos o muy esquivos.

La experiencia de SEO/BirdLife en diferentes proyectos demuestra que el fototrampeo puede aportar datos de gran valor científico siempre que su instalación y mantenimiento se realicen siguiendo criterios homogéneos y respetuosos con el medio natural.

El protocolo insiste en planificar previamente el diseño del muestreo, seleccionar cuidadosamente la ubicación de las cámaras y utilizar metodologías comparables que permitan obtener resultados fiables. Del mismo modo, recuerda la necesidad de disponer de todas las autorizaciones exigidas por la normativa vigente antes de instalar cualquier dispositivo.

Proyectos que muestran el potencial de estas cámaras

Entre los ejemplos destacados figura el proyecto Flow4Bio, desarrollado junto al Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya, Trenca y la Fundació Emys, entidad coordinadora. En este trabajo se analiza cómo influye la presencia humana sobre la fauna en distintos espacios forestales.

Otra experiencia relevante corresponde al proyecto Tresors d’aiguadolça-Laguna de les Llobateres, ubicado en Sant Celoni (Barcelona). Allí, las cámaras han permitido documentar mediante vídeo la actividad nocturna de la laguna, identificando especies y patrones de comportamiento sin necesidad de mantener una presencia humana continuada en el entorno.

Además de su utilidad científica, las imágenes obtenidas se han convertido en un recurso de educación ambiental, acercando a la ciudadanía una biodiversidad que normalmente permanece oculta y fomentando una mayor sensibilización sobre la conservación de estos ecosistemas.

Protección ambiental y respeto a la privacidad

El protocolo también incorpora criterios legales relacionados con la protección de datos. Cuando las cámaras puedan captar de forma accidental imágenes de personas, será obligatorio cumplir el Reglamento General de Protección de Datos y la normativa de privacidad.

Entre las medidas previstas se incluye la instalación de señalización visible que informe de la existencia de dispositivos de grabación y la eliminación de cualquier imagen humana captada accidentalmente en un plazo máximo de un mes.

Aunque SEO/BirdLife reconoce que todavía existen vacíos normativos en algunos ámbitos del uso de estas tecnologías, la organización defiende que el principio de precaución debe guiar cualquier actuación. La finalidad es clara: aprovechar el enorme potencial de drones y cámaras trampa para mejorar el conocimiento de la fauna silvestre sin generar impactos innecesarios sobre las especies ni sobre los ecosistemas que habitan.

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