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La reciente paralización parcial de la central nuclear de Paks, en Hungría, ha puesto de relieve un problema que va más allá de las altas temperaturas: la falta de agua para refrigeración. Este fenómeno, agravado por la sequía que atraviesa el centro de Europa, amenaza el funcionamiento de las plantas nucleares más que las olas de calor por sí solas. Mientras España mantiene sus centrales operativas gracias a un diseño adaptado al calor, países como Hungría y Rumania han tenido que tomar medidas extremas para evitar el colapso de su suministro eléctrico.
La crisis en Hungría: Paks al borde del apagón total
La central de Paks es la única instalación nuclear de Hungría y proporciona el 50 % de la electricidad del país. El lunes, el Gobierno húngaro decidió paralizar tres de sus cuatro reactores debido a la sequía y escasez de agua del Danubio, necesaria para refrigerar las turbinas. Esta medida obligó a las autoridades a pedir a la población que redujera su consumo eléctrico entre las 17:00 y las 22:00 horas.
La situación fue tan crítica que el martes se estuvo a pocos milímetros de tener que desconectar completamente la planta por primera vez en 44 años. Sin embargo, una ligera subida del caudal del Danubio (un centímetro y medio) permitió que el último reactor siguiera operando de manera segura, aunque generando solo 240 de los 2.000 megavatios habituales. El primer ministro Péter Magyar confirmó que la última turbina seguía funcionando, pero advirtió que la planta podría permanecer inactiva durante semanas si los niveles de agua no se recuperan.
El nivel del Danubio a su paso por Paks alcanzó los -133 centímetros, muy por debajo del récord histórico de -98 centímetros registrado en 2018, lo que evidencia la gravedad de la sequía.
Rumania toma medidas extremas: explosiones para salvar su central
Rumania enfrenta una situación similar con su única planta nuclear, la de Cernavoda, que genera el 20 % de la electricidad del país. El martes, el Ejército rumano realizó una explosión controlada y submarina de una roca en el Danubio para redirigir un mayor caudal hacia la central y evitar tener que desconectar su segundo reactor.
La operación, que utilizó 180 kilogramos de explosivos, buscaba mover una gran roca que restringía el flujo de agua en un brazo del río, permitiendo así que más agua llegara a la planta de refrigeración. "Cada día adicional de funcionamiento de la central de Cernavoda supone una ganancia", declaró el ministro de Defensa rumano, Radu Miruța.
A pesar de estas medidas, Rumania ha declarado el estado de emergencia nacional durante todo el mes de agosto debido a la caída de la producción eléctrica por los bajos niveles del Danubio.
El caso español: Ascó bajo presión durante la sequía de 2024
España no ha sido inmune a este problema. En 2024, la grave sequía que afectó especialmente a Cataluña puso en dificultades a la central nuclear de Ascó (Tarragona). Durante aquel año, la falta de agua en las cuencas interiores catalanas llevó a limitar el consumo humano, agrícola y ganadero, además de prohibir llenar piscinas o regar con agua potable.
Entre marzo y mayo de 2024, se notificaron en cuatro ocasiones paradas programadas y automáticas en los dos reactores de Ascó, relacionadas con la necesidad de inspeccionar las válvulas de control de agua y verificar que había suficiente para operar con seguridad. La Asociación Nuclear Ascó-Vandellós II (ANAV) informó de estas paradas, incluyendo una automática el 9 de marzo por una señal de bajo nivel de agua en el generador de vapor.
A diferencia de Hungría y Rumania, las centrales nucleares españolas están diseñadas específicamente para operar en condiciones de olas de calor, dadas las altas temperaturas que se registran habitualmente en verano en el país. Además, disponen de torres de refrigeración, se refrigeran con agua de mar (como Vandellós) o cuentan con sistemas diseñados para afrontar estas situaciones.
Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, la reserva hídrica española se encuentra al 69,6 % de su capacidad total, aunque esto solo afecta directamente a las centrales que se refrigeran con agua de río, como Ascó, Cofrentes (Valencia) y Trillo (Guadalajara). Las cuencas internas de Cataluña, que abastecen a Ascó, se encuentran actualmente al 82,4 % de su capacidad, muy lejos del 15 % que tenían en la primavera de 2024.
En cuanto a las demás cuencas nucleares españolas, la del Tajo (Almaraz y Trillo) está al 64,3 % y la del Júcar (Cofrentes) al 58,5 %, niveles que no comprometen el funcionamiento de las plantas a pesar de la sequía.
Reflexión sobre el futuro energético europeo
La crisis actual en el centro de Europa demuestra que la sequía representa una amenaza más grave para la generación nuclear que las altas temperaturas por sí solas. Mientras la Comisión Europea no prevé problemas de suministro eléctrico a nivel continental, la situación en Hungría y Rumania evidencia la vulnerabilidad de los sistemas energéticos dependientes de la refrigeración fluvial.
La experiencia española de 2024 y la actual situación centroeuropea subrayan la importancia de diversificar las fuentes de refrigeración y de contar con reservas hídricas suficientes para garantizar la seguridad energética en un contexto de cambio climático.
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