Una psicóloga revela seis formas eficaces de calmar un episodio de ansiedad

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
Consejos para calmar la ansiedad

Lectura fácil

La preocupación constante, la inquietud o la sensación de alerta pueden aparecer sin previo aviso y alterar el bienestar diario. Diversos ejercicios centrados en los sentidos y la atención plena ayudan a reconectar con el presente y a reducir el impacto de esos momentos de tensión emocional.

¿Cómo debemos actuar ante un ataque de ansiedad?

La ansiedad suele aparecer de forma discreta. No siempre se manifiesta con síntomas evidentes, sino que a menudo se cuela en forma de pensamientos repetitivos, preocupación constante, inquietud o una sensación de alerta que parece no tener una causa concreta. Muchas personas conviven con ella en silencio, intentando gestionar un malestar que resulta difícil de explicar a quienes no lo han experimentado.

Cuando la ansiedad aumenta, la mente tiende a centrarse en escenarios futuros, posibles problemas o situaciones que todavía no han ocurrido. Por eso, algunos especialistas recomiendan técnicas que ayuden a dirigir la atención hacia el presente. El objetivo no es eliminar de inmediato la sensación de angustia, sino romper temporalmente el ciclo mental que alimenta el malestar emocional.

El poder de un sabor intenso

Uno de los ejercicios más llamativos consiste en probar un alimento de sabor muy fuerte, como una rodaja de limón. La intensidad de la experiencia obliga al cerebro a concentrarse en una sensación concreta e inmediata.

Este tipo de estímulo puede actuar como un ancla que desvía la atención de la preocupación excesiva y la dirige hacia algo tangible. Cuando la ansiedad se encuentra en pleno auge, centrar los sentidos en una experiencia física puede ayudar a recuperar cierta sensación de control.

Leer de una forma diferente

Otra estrategia consiste en leer un texto comenzando por la última palabra y avanzando hacia atrás. Aunque pueda parecer una actividad extraña, requiere una concentración considerable.

Al exigir un esfuerzo cognitivo adicional, la mente deja de alimentar pensamientos automáticos relacionados con la tensión emocional. De esta forma, se interrumpe durante unos minutos el flujo constante de preocupaciones que suele acompañar a la ansiedad.

Utilizar el frío como aliado

El contacto con agua fría también puede resultar útil en determinados momentos. Sumergir las manos durante unos segundos genera una respuesta física inmediata que ayuda a enfocar la atención en el cuerpo.

Además, algunas investigaciones sugieren que el frío puede favorecer una reducción temporal de la activación fisiológica asociada al nerviosismo y al estado de alerta. Cuando un episodio provoca una sensación de aceleración interna, este recurso puede contribuir a recuperar una percepción de mayor tranquilidad.

Observar el entorno con atención

Una técnica sencilla consiste en buscar cinco objetos de un color determinado, como el azul. El ejercicio obliga a observar conscientemente el espacio que nos rodea.

Este cambio de foco permite abandonar momentáneamente los pensamientos centrados en amenazas hipotéticas y conectar con elementos reales y presentes. En situaciones de ansiedad, volver a prestar atención al entorno puede ayudar a disminuir la sensación de desconexión que muchas personas describen.

Respirar de forma más lenta

La respiración es una herramienta especialmente valiosa para regular estados de tensión. Soplar lentamente a través de una pajita o exhalar durante más tiempo del que se inhala favorece un ritmo respiratorio más pausado.

Esta práctica puede enviar señales de calma al organismo y reducir la activación asociada al estrés. Aunque no elimina por completo esta sensación, sí puede contribuir a que el cuerpo abandone progresivamente el estado de alarma.

Un pequeño masaje facial

Por último, algunas personas encuentran alivio masajeando suavemente la zona situada entre las cejas. Este gesto ayuda a relajar músculos que suelen permanecer tensos durante episodios de inquietud o preocupación.

Todos estos ejercicios comparten una misma finalidad: trasladar la atención desde los pensamientos anticipatorios hacia experiencias concretas del presente. La ansiedad no siempre desaparece de inmediato, pero disponer de herramientas sencillas puede marcar una diferencia importante a la hora de afrontar esos momentos con mayor serenidad.

Añadir nuevo comentario