Las altas temperaturas no solo afectan al cuerpo, sino también a la salud mental. El calor extremo puede provocar irritabilidad, ansiedad, problemas de sueño y dificultad para concentrarse, especialmente en personas vulnerables..
El calor extremo se ha convertido en un problema económico para las ciudades. El aumento de las temperaturas incrementa los costes de energía, afecta a edificios, transporte, redes eléctricas e industrias, y reduce la productividad.
Los campamentos de refugiados saharauis afrontan cada verano temperaturas superiores a los 50 ºC, cortes de electricidad, escasez de agua y tormentas de arena, una realidad que se repite desde hace 50 años.