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Japón ha identificado un tipo de episodio climático que obliga a replantear cómo entendemos las olas de calor. No se trata únicamente de días despejados, secos y dominados por altas presiones, como suele ocurrir en Europa o Estados Unidos. En este caso, el calor puede presentarse junto a una elevada humedad e incluso acompañado de precipitaciones intensas, configurando un escenario más complejo y potencialmente más peligroso.
Un equipo de investigadores liderado por Hiroshi G. Takahashi, de la Universidad Metropolitana de Tokio, ha analizado episodios de calor extremo registrados en el oeste de Japón entre 1992 y 2021. El estudio se centró en 108 días de ola de calor durante el mes de agosto, utilizando datos de reanálisis meteorológico.
Los resultados revelan un dato clave: aproximadamente una cuarta parte de esos días estuvo relacionada con la proximidad de ciclones tropicales. Este hallazgo introduce un factor que hasta ahora no se había considerado central en la definición clásica de ola de calor.
Tradicionalmente, estos episodios se asocian a situaciones de estabilidad atmosférica, con aire seco, cielos despejados y escasa circulación del viento. Sin embargo, en Japón, un archipiélago rodeado por el océano Pacífico, las condiciones son distintas y el mar juega un papel determinante en la dinámica del calor.
El papel de los ciclones tropicales
Cuando un ciclón tropical se aproxima al territorio japonés, no solo trae consigo lluvias o vientos intensos. También transporta grandes masas de aire cálido y muy húmedo desde regiones tropicales. Esta combinación eleva simultáneamente la temperatura y la humedad ambiental.
Los investigadores describen este fenómeno como “olas de calor húmedas”. La diferencia es significativa: el cuerpo humano tiene más dificultades para regular su temperatura cuando la humedad es alta, ya que el sudor no se evapora con facilidad. Esto reduce la capacidad de enfriamiento natural y aumenta el riesgo de sufrir problemas relacionados con el calor.
Según el comunicado de la Universidad Metropolitana de Tokio, estos episodios pueden incluir tanto humedad elevada como lluvias intensas, y su frecuencia ha aumentado en las últimas tres décadas. Esto implica que el calor extremo no siempre llega con cielos despejados, sino que puede aparecer en contextos atmosféricos mucho más variables.
Riesgos para la salud y el entorno de las olas de calor húmedas
Las llamadas olas de calor húmedas combinan varios factores de riesgo. Por un lado, afectan directamente a la salud humana al dificultar la termorregulación. Por otro, pueden coincidir con condiciones meteorológicas inestables que favorecen precipitaciones intensas.
Para la población, esto significa que la temperatura registrada por el termómetro no refleja completamente el peligro. Por ejemplo, una jornada de 34 °C con alta humedad puede resultar más agobiante y peligrosa que otra con mayor temperatura pero aire seco.
La Organización Mundial de la Salud advierte que el estrés térmico es un riesgo relevante tanto ambiental como laboral. Puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, y en casos extremos derivar en golpes de calor, que constituyen una emergencia médica.
Los colectivos más vulnerables incluyen personas mayores, niños, pacientes con enfermedades crónicas y trabajadores expuestos al aire libre.
El estudio se enmarca en un periodo reciente especialmente extremo en Japón. La Agencia Meteorológica del país confirmó que el verano de 2025 fue el más cálido desde el inicio de los registros en 1898. La anomalía media alcanzó +2,36 °C respecto al periodo de referencia 1991-2020.
Ese verano dejó cifras destacadas. El 5 de agosto de 2025, la ciudad de Isesaki, en la prefectura de Gunma, registró 41,8 °C, la temperatura más alta documentada en Japón. Además, se superaron los 40 °C en 25 estaciones meteorológicas, acumulando un total de 30 registros.
Ante esta situación, la Agencia Meteorológica japonesa introdujo el 17 de abril de 2026 el término “kokushobi” para referirse a los días con temperaturas iguales o superiores a 40 °C. La expresión puede traducirse como “día de calor severo” o “calor cruel”, reflejando la gravedad de estos episodios de olas de calor húmedas.
Enseñanzas para otros países
Aunque el estudio se centra en Japón y sus particularidades geográficas, ofrece una lección relevante a escala global. Las olas de calor no responden a un único patrón, y su comportamiento puede variar según la interacción entre océano y atmósfera.
En España, por ejemplo, los episodios de calor extremo suelen asociarse a masas de aire africano, dorsales anticiclónicas y noches tropicales. Sin embargo, tanto el Mediterráneo como el Atlántico pueden influir al aportar humedad al sistema.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha señalado que un mar más cálido favorece la disponibilidad de vapor de agua y puede contribuir a situaciones de inestabilidad, aunque por sí solo no genera lluvias intensas sin una configuración atmosférica adecuada. Es decir, el mar aporta energía, pero la atmósfera determina cómo se manifiesta.
Más allá de la temperatura
El principal mensaje de esta investigación es que el análisis del calor extremo debe ir más allá del valor térmico. Factores como la humedad, la circulación atmosférica o la interacción con fenómenos tropicales pueden modificar de forma sustancial el impacto real de las olas de calor húmedas sobre la población.
Incorporar estos elementos en las previsiones permitiría emitir avisos más precisos y útiles. También ayudaría a diseñar mejores planes de adaptación urbana y estrategias de salud pública.
En un contexto de cambio climático, donde los fenómenos extremos tienden a intensificarse y combinarse, comprender estas nuevas formas de calor puede marcar la diferencia entre anticiparse al riesgo o reaccionar tarde.
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