El cambio horario afecta al rendimiento laboral de 6 de cada 10 profesionales

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El cambio horario y el trabajo

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El paso al horario de invierno puede tener consecuencias en el día a día de los trabajadores, especialmente durante las primeras jornadas posteriores al ajuste de los relojes. Aunque se trata de una modificación que se repite cada año, la adaptación no siempre resulta sencilla y puede influir tanto en el descanso como en la capacidad para afrontar las responsabilidades laborales. De hecho, seis de cada diez profesionales reconocen que el cambio horario repercute en su rendimiento durante los primeros días, según los datos recogidos por Hays España.

El cansancio es la principal consecuencia de esta transición, una situación que señala el 42% de los encuestados. A continuación, un 16% afirma experimentar dificultades para mantener sus rutinas habituales, mientras que un 4% identifica problemas para concentrarse en sus tareas. Frente a estos resultados, el 35% de los profesionales asegura que no percibe ningún efecto asociado al cambio de hora.

Estas cifras reflejan que la adaptación al horario de invierno no se produce de la misma manera en todos los casos. Factores como los hábitos de sueño, la organización de la jornada y las exigencias propias de cada puesto de trabajo pueden influir en cómo afrontan los profesionales los primeros días. Por este motivo, tanto las empresas como los propios trabajadores pueden desempeñar un papel importante a la hora de hacer más llevadera esta transición.

El cansancio, el principal obstáculo durante los primeros días tras el cambio horario

Entre los efectos que puede provocar el cambio horario, la sensación de fatiga destaca por encima del resto. El 42% de los profesionales encuestados la identifica como la consecuencia más habitual, lo que pone de relieve la importancia del descanso a la hora de mantener un buen nivel de energía y afrontar las obligaciones laborales.

Las modificaciones en las rutinas ocupan el segundo lugar, con un 16% de las respuestas. Para algunas personas, ajustar los horarios de sueño, las comidas o las actividades cotidianas puede requerir varios días. A estas dificultades se suman los problemas de concentración, señalados por el 4% de los participantes, que pueden complicar el desarrollo de determinadas tareas, especialmente aquellas que requieren atención continuada.

Sin embargo, no todos los trabajadores experimentan molestias. El 35% asegura no notar cambios en su rendimiento como consecuencia del ajuste horario. Esta diferencia evidencia que la respuesta individual depende de distintos factores y que no existe una única forma de adaptarse.

En este contexto, Alba Solís, Regional Manager de Perm Recruitment Services en Hays España, subraya la importancia de reconocer estas diferencias y de tenerlas en cuenta en la organización del trabajo.

La responsable explica que una modificación aparentemente pequeña, como dormir una hora más o menos, puede influir en el estado de ánimo y en la manera de afrontar la jornada. Por ello, considera conveniente que las empresas contemplen cierto margen de flexibilidad durante los primeros días, de modo que cada profesional pueda ajustar sus hábitos sin dejar de atender las necesidades de su puesto.

La flexibilidad laboral gana protagonismo en las empresas

La posibilidad de organizar el tiempo de trabajo con mayor autonomía se presenta como una de las herramientas que pueden contribuir a reducir las dificultades asociadas al cambio horario. Ajustar temporalmente la jornada permite a algunos trabajadores adaptarse de manera progresiva a sus nuevas rutinas y gestionar mejor el cansancio.

Además, la flexibilidad se ha consolidado como uno de los beneficios laborales más apreciados por los profesionales. La Guía del Mercado Laboral 2026 de Hays señala que el horario flexible es el beneficio no monetario más valorado, una opción que menciona el 46% de los trabajadores consultados.

Este dato muestra la relevancia que tiene la organización del tiempo dentro de las expectativas de los empleados. Más allá de las condiciones económicas, disponer de cierto control sobre los horarios puede favorecer la conciliación y contribuir a una experiencia laboral más satisfactoria.

Ante la llegada del cambio horario para invierno, las empresas pueden poner en marcha diferentes medidas para facilitar el proceso de adaptación. Una de ellas consiste en permitir una mayor flexibilidad en las horas de entrada y salida, siempre que la actividad y las responsabilidades del puesto lo hagan posible.

También puede resultar útil evitar, cuando la organización lo permita, que las reuniones más exigentes o las tareas que requieren una mayor capacidad de atención se concentren a primera hora de la mañana. De esta manera, los trabajadores disponen de más margen para recuperar su ritmo habitual y afrontar las actividades prioritarias en mejores condiciones.

Los modelos de trabajo híbrido y en remoto pueden ofrecer igualmente más autonomía para ajustar los horarios y compatibilizar las obligaciones profesionales con las necesidades personales. No obstante, la aplicación de estas alternativas dependerá de las características de cada puesto y de las necesidades de funcionamiento de la empresa.

Según Alba Solís, el objetivo no consiste en rebajar las exigencias laborales, sino en encontrar fórmulas organizativas que permitan mantener la actividad sin descuidar el bienestar de las personas. La flexibilidad temporal, incluso cuando se aplica durante un periodo limitado, puede ayudar a que los profesionales afronten mejor el cambio y recuperen progresivamente su ritmo de trabajo.

Hábitos cotidianos para recuperar el ritmo habitual

La adaptación al horario de invierno no depende únicamente de las medidas que adopten las empresas. Los hábitos personales también pueden contribuir a regular los horarios de descanso y facilitar la recuperación de las rutinas.

Mantener una hora relativamente estable para acostarse y levantarse es una de las recomendaciones que pueden ayudar a organizar el descanso. Asimismo, exponerse a la luz natural durante la mañana puede favorecer la regulación del reloj biológico y facilitar que el organismo se ajuste al nuevo horario.

Realizar actividad física al comienzo del día, cuando las circunstancias personales lo permitan, también puede ayudar a establecer una rutina más activa. Otra medida consiste en adelantar progresivamente la hora de acostarse durante los días anteriores al cambio, en lugar de modificar los hábitos de sueño de forma brusca.

Por otro lado, reducir la exposición a pantallas brillantes antes de dormir puede contribuir a crear un entorno más favorable para el descanso. Estas pequeñas modificaciones, incorporadas de forma gradual, pueden facilitar la transición sin necesidad de introducir cambios drásticos en la vida cotidiana.

Alba Solís destaca precisamente el valor de estas acciones sencillas. La responsable de Hays España señala que dormir adecuadamente, caminar por la mañana y aprovechar la luz natural pueden marcar una diferencia en cómo se sienten las personas durante los primeros días. También recuerda que cada trabajador necesita un periodo de adaptación distinto, por lo que conviene prestar atención a las propias necesidades y recuperar las rutinas habituales de manera progresiva.

Organizar la jornada para mejorar la concentración

La gestión del tiempo durante el horario laboral constituye otro aspecto relevante para reducir las consecuencias del cansancio. En los primeros días posteriores al cambio, planificar las tareas en función de los momentos de mayor energía puede ayudar a mantener la productividad y aprovechar mejor la capacidad de concentración.

Siempre que sea posible, resulta conveniente reservar las franjas de mayor claridad mental para las actividades que requieren más atención, análisis o toma de decisiones. Las tareas rutinarias pueden distribuirse en otros momentos de la jornada, teniendo en cuenta las necesidades de cada puesto y los compromisos profesionales.

Introducir pequeñas pausas a lo largo del día es otra estrategia que puede ayudar a gestionar la fatiga. Estos descansos breves permiten interrumpir periodos prolongados de actividad y recuperar la atención antes de continuar con las tareas pendientes.

En definitiva, el cambio horario de invierno pone de manifiesto la relación entre el bienestar de los trabajadores y la manera en que se organiza el tiempo de trabajo. Aunque el 35% de los profesionales afirma no experimentar efectos, los datos de Hays muestran que una parte importante de la población trabajadora sí nota dificultades durante los primeros días.

Combinar hábitos de descanso saludables, una planificación adecuada de las tareas y medidas de flexibilidad laboral puede facilitar la adaptación. La clave está en comprender que cada persona responde de forma diferente al cambio horario y en promover soluciones que permitan compatibilizar las necesidades de las empresas con el bienestar y el rendimiento de sus equipos.

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