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Dos de cada tres jóvenes de entre 16 y 24 años utilizan ChatGPT para hablar sobre su salud mental. Así lo revela un estudio del Departamento de Psicología de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, que pone de manifiesto un cambio significativo en la forma en que las nuevas generaciones abordan sus preocupaciones emocionales.
El informe señala que las consultas más habituales giran en torno al estrés, la ansiedad y los conflictos personales, ya sea con familiares, amistades o parejas. Lejos de buscar un diagnóstico clínico, los jóvenes recurren a esta herramienta para aclarar ideas, entender mejor lo que sienten y explorar posibles formas de afrontar sus problemas.
Un recurso accesible, inmediato y sin juicio para la salud mental
La investigación, basada en una muestra de 500 personas de entre 16 y 90 años, destaca que el atractivo principal de ChatGPT radica en su disponibilidad constante, para la salud mental y para todos los temas. A diferencia de otros recursos, la inteligencia artificial está accesible las 24 horas del día, no tiene coste y puede utilizarse fácilmente desde un teléfono móvil o un ordenador.
Según explica Anna Huguet, investigadora del estudio, muchos jóvenes encuentran en esta herramienta un espacio donde expresarse sin temor a ser juzgados. Para ellos, conversar con una inteligencia artificial puede resultar más sencillo que acudir a un psicólogo, especialmente en momentos de vulnerabilidad emocional.
El estudio fue publicado en la revista Journal of Public Health y se llevó a cabo hace aproximadamente un año, centrándose exclusivamente en el uso de ChatGPT. Sin embargo, los propios autores apuntan que, si la investigación se realizara hoy, el porcentaje de usuarios sería probablemente mayor debido al avance y expansión de las herramientas de inteligencia artificial.
Llorenç Díaz, estudiante del máster en Psicología General Sanitaria y participante en el estudio, subraya que el uso de estas tecnologías para la salud mental no ha dejado de crecer, especialmente entre los más jóvenes, que ya las integran en su vida cotidiana como un recurso más de apoyo emocional.
Límites claros: no sustituye a un profesional
A pesar de su popularidad, los expertos insisten en que ChatGPT no debe considerarse una alternativa a la atención psicológica profesional. No está diseñado como herramienta terapéutica ni cuenta con validación clínica en el ámbito de la salud mental.
Huguet advierte que su uso puede ser positivo siempre que el usuario mantenga una actitud crítica frente a las respuestas obtenidas. El riesgo aparece cuando se aceptan estas respuestas como verdades absolutas sin cuestionarlas ni contrastarlas con fuentes fiables o profesionales cualificados.
Además de problemas comunes como el estrés o la ansiedad, algunos usuarios también recurren a la inteligencia artificial para abordar situaciones más complejas. Entre ellas se encuentran la tristeza persistente, el insomnio, la soledad, experiencias traumáticas o incluso conductas adictivas y autolesivas, aunque estas consultas son menos frecuentes.
El estudio recoge testimonios concretos que ilustran este uso. Sergi, un joven de Tarragona, explica que utilizó ChatGPT tras una ruptura sentimental. Durante ese periodo, compartía con la herramienta sus dudas y emociones, buscando orientación sobre cómo actuar. Para él, la experiencia fue similar a hablar con un amigo cercano.
En otro caso, un hombre encontró en la inteligencia artificial un apoyo para afrontar un proceso de duelo, lo que, según los investigadores, le ayudó a gestionar mejor sus emociones y trabajar con su salud mental en ese momento difícil.
Un apoyo complementario con interrogantes
Los resultados del estudio apuntan a que ChatGPT puede funcionar como un recurso inicial y complementario para abordar preocupaciones emocionales cotidianas, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. No obstante, su uso plantea también dudas importantes.
Las principales inquietudes de los usuarios están relacionadas con la fiabilidad de las respuestas y la privacidad de la información compartida. Preguntas como qué ocurre con los datos o si se eliminan tras la conversación siguen generando incertidumbre.
Ante este escenario, los expertos consideran fundamental educar a la población sobre las posibilidades y limitaciones de estas herramientas. También insisten en la necesidad de identificar claramente en qué situaciones pueden ser útiles y cuándo resulta imprescindible acudir a un profesional de la salud mental.
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