Granada y el silencio sísmico: por qué los expertos alertan del riesgo de un gran terremoto

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Los expertos hablan de un gran terremoto que puede sacudir España

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La sucesión de terremotos registrada en Granada durante los últimos días ha devuelto a la actualidad una realidad bien conocida por los especialistas: la provincia se encuentra en una de las áreas con mayor actividad sísmica de España. Aunque los movimientos detectados recientemente han generado preocupación entre la población, los expertos coinciden en que están muy lejos de representar un gran terremoto como los que han marcado la historia del sur peninsular.

El precedente más devastador continúa siendo el terremoto de Arenas del Rey de 1884, considerado uno de los desastres naturales más graves ocurridos en la España contemporánea. Aquel seísmo, con una magnitud estimada de 6,5, provocó la muerte de más de 800 personas, destruyó unas 4.400 edificaciones y ocasionó daños de gran importancia en otras 13.000.

Desde aquella tragedia han transcurrido aproximadamente 140 años sin que el país haya sufrido un terremoto de características similares, un periodo que algunos especialistas describen como un prolongado silencio sísmico.

Los expertos advierten: un gran terremoto volverá a ocurrir

Amadeo Benavent, catedrático de Estructuras de la Universidad Politécnica de Madrid y especialista en ingeniería sísmica, considera que la ausencia de grandes terremotos durante más de un siglo no debe interpretarse como una garantía de seguridad.

Basándose en las series históricas de la Península Ibérica, el investigador explica que los terremotos muy destructivos han tenido una frecuencia aproximada de dos episodios por siglo. Esa referencia histórica contrasta con el largo periodo actual, en el que no se ha producido ningún terremoto realmente fuerte.

Sin embargo, Benavent subraya que la ciencia no puede determinar cuándo llegará el siguiente gran terremoto. Puede producirse en un futuro próximo o dentro de varias décadas, pero sostiene que su aparición es prácticamente inevitable desde el punto de vista geológico.

La incertidumbre, por tanto, no reside en si volverá a ocurrir, sino en el momento exacto en que sucederá.

La preocupación del catedrático se centra especialmente en Granada, una provincia donde la actividad tectónica ha sido constante a lo largo de la historia. Según explica, los registros geológicos y el comportamiento de las fallas permiten esperar terremotos de magnitud cercana a 7 en esta región.

Un evento de ese nivel tendría consecuencias muy diferentes a las de los temblores sentidos estos días. Benavent considera que buena parte del parque edificatorio español no está suficientemente preparado para responder al nivel de peligrosidad sísmica existente, y critica que la normativa sismorresistente vigente necesita una profunda actualización.

En su opinión, un terremoto de gran magnitud en Granada podría generar un escenario especialmente preocupante debido a la vulnerabilidad de numerosos edificios construidos bajo criterios hoy considerados insuficientes.

¿Por qué un gran terremoto de magnitud 7 sería tan diferente?

Una de las ideas que más confusión genera entre la población es la interpretación de la escala de magnitud. Benavent recuerda que no se trata de una escala lineal, sino logarítmica, lo que significa que cada incremento de un grado implica una liberación de energía aproximadamente treinta veces superior.

Esta diferencia provoca que un terremoto de magnitud 7 libere alrededor de 900 veces más energía que uno cercano a magnitud 5, como el seísmo de 4,8 registrado recientemente en el área metropolitana de Granada.

Por ese motivo, aunque la diferencia numérica parezca pequeña, el potencial destructivo entre ambos escenarios resulta enormemente distinto y explica por qué los especialistas distinguen claramente entre la actividad sísmica habitual y un gran terremoto.

El hecho de que hayan pasado 140 años desde el último gran terremoto no significa que exista una cuenta atrás. Los sismólogos insisten en que los terremotos no siguen ciclos exactos ni calendarios predecibles.

Benavent reconoce que, pese al enorme avance experimentado por la sismología y la ingeniería sísmica en las últimas décadas, actualmente es imposible anticipar el lugar y la fecha de un terremoto destructivo. Las investigaciones permiten conocer qué zonas presentan mayor peligrosidad y cómo reducir sus efectos, pero no predecir el momento en que se liberará la energía acumulada en las fallas.

La planificación, por tanto, se basa en la prevención y en la evaluación del riesgo, no en la predicción.

Las probabilidades apuntan a nuevos terremotos en el futuro

Los estudios estadísticos ofrecen una perspectiva diferente a la predicción individual de los seísmos. En 2023, el Instituto Volcanológico de Canarias recordó que los terremotos son fenómenos aleatorios en el tiempo y que no existe ninguna metodología científicamente válida capaz de anunciar cuándo y dónde ocurrirá un episodio destructivo.

A partir del catálogo sísmico español de los últimos mil años, que recoge al menos 27 terremotos de intensidad VII o superior, el organismo estimó una probabilidad del 74 % de que la España peninsular registre un terremoto de esa intensidad durante los próximos 50 años. Si el horizonte temporal se amplía a un siglo, esa probabilidad asciende al 92 %.

Estos porcentajes no significan que el terremoto vaya a producirse en un lugar concreto ni en una fecha determinada, sino que reflejan el riesgo acumulado a largo plazo.

Carlos González, integrante de la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional, introduce además un matiz importante: la magnitud de un terremoto no basta por sí sola para explicar sus efectos sobre la superficie.

Como ejemplo menciona el terremoto de Dúrcal, que alcanzó una magnitud de 7,8 pero tuvo un impacto superficial mucho menor porque su origen se situó a unos 650 kilómetros de profundidad. Cuanto más profundo es el foco sísmico, mayor es la atenuación de las ondas antes de alcanzar la superficie.

González considera posible que la Península experimente un terremoto cercano a magnitud 7, aunque señala que, con las fallas actualmente conocidas, no se esperan seísmos significativamente superiores. Aun así, recuerda que aquello que no se espera desde el punto de vista científico no puede calificarse como imposible.

Un riesgo real, pero sin reloj geológico

La idea de que los grandes terremotos se repiten cada cien años también ha sido descartada por numerosos geólogos. Durante la serie sísmica de Granada de 2021, el entonces presidente del Colegio Oficial de Geólogos, Manuel Regueiro, explicó que no puede hablarse de una recurrencia fija, ya que la acumulación de energía depende de múltiples factores, entre ellos el movimiento continuo de la placa africana.

En consecuencia, los 140 años transcurridos desde el terremoto de Arenas del Rey no constituyen una cuenta atrás hacia el próximo gran terremoto. Lo que sí evidencian es que los terremotos destructivos forman parte de la historia geológica española y que Granada continúa siendo uno de los territorios donde la prevención y la preparación resultan más importantes ante un fenómeno que, aunque impredecible, sigue siendo posible.

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