El 80 % de los autónomos señala los impuestos y la pensión como sus mayores preocupaciones 

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Chica trabajando con su ordenador

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Ser trabajador por cuenta propia en España sigue siendo, en muchos aspectos, una profesión de riesgo emocional y financiero. A pesar de las reformas implementadas en los últimos años, como el sistema de cotización por ingresos reales que ya está plenamente asentado en este 2025, la tranquilidad no ha llegado a las casas de los más de tres millones de autónomos que vertebran la economía nacional. Según los últimos datos facilitados por la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) y recogidos por Servimedia, el estado de ánimo del colectivo es claro: el 80 % de los autónomos tiene como principales preocupaciones la carga de los impuestos y la cuantía de su futura pensión.

Este porcentaje abrumador refleja una realidad persistente. Mientras que la agenda política y mediática a menudo se centra en la digitalización, la inteligencia artificial o la sostenibilidad —temas sin duda importantes—, la preocupación del autónomo de a pie es mucho más primaria y urgente: la supervivencia económica presente y la seguridad futura. La sensación de desprotección frente a la administración y la incertidumbre sobre la vejez son los dos fantasmas que recorren los talleres, los despachos, los comercios y los taxis de todo el país.

La presión fiscal y la sensación de trabajar para la administración

El primer gran bloque de angustia lo constituyen los impuestos. Para el 80 % de los encuestados por UPTA, la fiscalidad es una losa pesada. No se trata solo de pagar, sino de la complejidad y la percepción de desequilibrio. El autónomo siente que su esfuerzo no siempre se ve recompensado y que el sistema tributario es implacable, independientemente de si ha tenido un mes bueno o malo.

Aunque el sistema de tramos por ingresos reales buscaba mayor equidad, la realidad percibida es que la "cuota" sigue siendo un coste fijo difícil de asumir en momentos de baja facturación, sumado al IVA y al IRPF. UPTA señala que la capacidad de ahorro del trabajador por cuenta propia es mínima debido a estos costes, lo que impide generar un colchón para imprevistos. La queja recurrente es la falta de progresividad real en ciertos aspectos y la comparación constante con las grandes empresas, que disponen de ingenierías fiscales para optimizar sus tributos, algo inalcanzable para el pequeño profesional.

El abismo de la jubilación: ¿habrá pensión suficiente?

La segunda gran preocupación, al mismo nivel que los impuestos, es la jubilación. Históricamente, la pensión media de los autónomos ha sido significativamente inferior a la de un asalariado (llegando a ser un 40 % menor en muchos casos). Este dato no es ajeno al colectivo, que ve con terror el momento del retiro.

El miedo no es infundado. Muchos autónomos, forzados por la necesidad de liquidez inmediata durante su vida laboral, cotizaron por bases mínimas durante años. Ahora, al acercarse a la edad de jubilación, se encuentran con proyecciones de pensiones que rozan el umbral de la pobreza. UPTA denuncia que el sistema actual, aunque mejorado, todavía no garantiza una suficiencia de ingresos para quienes han levantado el país con su esfuerzo individual. El temor a tener que seguir trabajando hasta edades muy avanzadas o a depender de la ayuda familiar es una fuente de estrés crónico que afecta a la salud mental del colectivo.

Digitalización y competencia desleal

El informe de UPTA también arroja luz sobre qué temas han pasado a un segundo plano. Curiosamente, la digitalización, que es la gran apuesta de los fondos europeos y las subvenciones estatales, no quita el sueño a los autónomos tanto como la fiscalidad. Si bien son conscientes de la necesidad de modernizarse, la urgencia de pagar las facturas a fin de mes desplaza a la tecnología en la jerarquía de necesidades.

Por otro lado, aparece la competencia desleal y la economía sumergida como factores irritantes, pero supeditados al problema central de la rentabilidad neta. Eduardo Abad, presidente de UPTA, insiste en que para que el trabajo autónomo sea una opción atractiva y no una salida de emergencia, es necesario blindar los derechos sociales. Sin una reforma fiscal que alivie a las rentas más bajas y un sistema de pensiones que reconozca el esfuerzo real, ese 80 % de autónomos seguirá viviendo en la cuerda floja, mirando al calendario fiscal con miedo en lugar de con esperanza.

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