Lectura fácil
Los Presupuestos 2026 suelen analizarse bajo la lupa de la economía doméstica: pensiones, infraestructuras, sanidad o educación nacional. Sin embargo, en un mundo interconectado donde las amenazas y las oportunidades no conocen fronteras, las cuentas públicas son también la declaración de intenciones más honesta sobre el lugar que un país quiere ocupar en el tablero global. La tribuna publicada en El País - Planeta Futuro pone el dedo en la llaga de una asignatura pendiente histórica: la necesidad de consolidar una España verdaderamente comprometida con el mundo a través de una financiación justa y ambiciosa de su política de cooperación.
El debate no es meramente contable, es ético y estratégico. España, que ha aprobado recientemente una nueva Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global, se enfrenta a la prueba de fuego de la implementación de dicha ley en los Presupuestos 2026. La ley marca una hoja de ruta clara: alcanzar el mítico 0,7 % de la Renta Nacional Bruta destinado a Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para el año 2030. Para que esa meta sea matemáticamente posible, los Presupuestos 2026 no pueden permitirse el estancamiento; deben reflejar un incremento sustancial que marque la senda del cumplimiento.
Invertir en desarrollo es invertir en seguridad propia
Existe una narrativa obsoleta que considera la cooperación internacional como un acto de caridad, un lujo que nos permitimos cuando "sobra dinero". Este enfoque es miope. En el actual contexto de "policrisis" —emergencia climática, pandemias latentes, conflictos bélicos y desigualdad extrema—, la cooperación es una inversión en la propia seguridad y estabilidad de España y Europa.
Ayudar a fortalecer los sistemas de salud en África, apoyar la adaptación climática en América Latina o fomentar la educación en zonas de conflicto no solo salva vidas allí; previene crisis migratorias desordenadas, frena la radicalización y abre mercados para el futuro. Unos Presupuestos 2026 raquíticos en acción exterior son el preludio de problemas domésticos mayores a largo plazo. La solidaridad inteligente es, hoy en día, la política de defensa más efectiva.
La credibilidad internacional de España en juego
España aspira a jugar un papel de liderazgo en la Unión Europea y a ser el puente natural con el Sur Global. El Gobierno ha desplegado una retórica potente en foros internacionales, defendiendo el multilateralismo, la justicia climática y los derechos humanos. Sin embargo, en diplomacia, la credibilidad se mide en euros (o dólares) invertidos.
No se puede liderar la respuesta global a la crisis alimentaria o abanderar la lucha feminista internacional con Presupuestos 2026 de cooperación estancados. La brecha entre el discurso político y la realidad presupuestaria erosiona la confianza de los países socios. Si España quiere que su voz se escuche con autoridad en la ONU o en el G20, debe demostrar que su compromiso va más allá de las palabras bonitas. Los Presupuestos 2026 son la oportunidad de cerrar esa brecha de coherencia.
Los rostros detrás de las cifras
Más allá de la geopolítica y los porcentajes del PIB, detrás de la partida presupuestaria de cooperación hay vidas humanas. Un aumento en los fondos significa más vacunas distribuidas, más escuelas reconstruidas, más pozos de agua potable y más protección para defensores de derechos humanos amenazados.
El sector de las ONGD (Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo) y la sociedad civil llevan años advirtiendo de la fragilidad del sistema. La cooperación española cuenta con profesionales de primer nivel y una capacidad técnica envidiable, pero a menudo se ven asfixiados por la falta de recursos predecibles y estables. Unos presupuestos robustos permitirían pasar de la "gestión de parches" ante emergencias puntuales a una estrategia de desarrollo a largo plazo que ataque las causas estructurales de la pobreza.
Un mandato moral y legal
Finalmente, apostar por una España comprometida con el mundo es cumplir con un mandato democrático. La nueva Ley de Cooperación fue aprobada con un amplio consenso parlamentario, reflejo de una sociedad española que, encuesta tras encuesta, se muestra solidaria y empática con el sufrimiento ajeno.
Ignorar este compromiso en los Presupuestos 2026 sería traicionar el espíritu de la ley y la voluntad de la ciudadanía. En tiempos de incertidumbre y repliegue nacionalista en muchas partes de Europa, España tiene la oportunidad de ser un faro de solidaridad. Pero los faros necesitan energía para alumbrar, y en política, esa energía se llama presupuesto. La decisión de 2026 definirá si España quiere ser un actor global relevante o un mero espectador de las tragedias de su tiempo.
Añadir nuevo comentario