Italia libera miles de pulpos para frenar la invasión del cangrejo azul en el Adriático

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El cangrejo azul también es un problema en España

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El cangrejo azul se ha convertido en una de las mayores amenazas para numerosos ecosistemas acuáticos del Mediterráneo. Esta especie invasora, originaria de la costa atlántica de Norteamérica, lleva décadas presente en estas aguas, pero su expansión se ha acelerado en los últimos años hasta colonizar amplias zonas del litoral, humedales, lagunas y fondos marinos. Su presencia no solo desplaza a especies autóctonas, sino que también está provocando importantes pérdidas económicas para el sector pesquero.

Ante este problema, investigadores italianos han puesto en marcha una estrategia poco habitual: utilizar al pulpo común como aliado biológico para reducir la población de este crustáceo invasor y recuperar el equilibrio de los ecosistemas del mar Adriático.

El pulpo, un depredador natural del cangrejo azul

El proyecto está siendo desarrollado por un equipo de la Universidad de Bolonia, que considera que el pulpo común puede desempeñar un papel decisivo en el control del cangrejo azul. La iniciativa consiste en criar miles de ejemplares jóvenes en laboratorio y liberarlos posteriormente en el mar para reforzar la presencia de uno de los principales depredadores naturales de los crustáceos.

Antonio Casalini, investigador del proyecto, explica que la elección del pulpo responde a un motivo muy concreto: en su hábitat natural es un cazador especialmente eficaz de este tipo de animales. Su capacidad para alimentarse de crustáceos lo convierte en un candidato idóneo para ejercer una presión natural sobre una especie cuya reproducción parece no tener freno.

Los científicos creen que la llegada del cangrejo azul al Mediterráneo se produjo hace décadas, probablemente a través del agua de lastre utilizada por los buques durante sus travesías. Sin embargo, su crecimiento demográfico se ha disparado recientemente, una situación que tanto las administraciones italianas como los propios pescadores relacionan con el aumento de la temperatura del mar y los efectos del cambio climático.

Las aguas más cálidas favorecen la supervivencia y expansión de esta especie, que encuentra condiciones cada vez más favorables para reproducirse. Como consecuencia, el impacto sobre los recursos marinos es cada vez mayor y afecta especialmente a zonas de elevado valor ecológico y pesquero.

Millones de euros en pérdidas para el sector pesquero

La magnitud del problema queda reflejada en las cifras oficiales. La región italiana de Emilia-Romaña declaró el pasado año que los daños ocasionados por el cangrejo azul ascienden a cerca de 17 millones de euros desde 2022, una cantidad que evidencia la gravedad de la situación para pescadores y acuicultores.

Además, la organización agrícola y pesquera Coldiretti calcula que en Italia viven actualmente alrededor de 200 millones de cangrejos azules, una población extraordinariamente elevada que dificulta cualquier intento de erradicación mediante métodos tradicionales.

Para quienes trabajan diariamente en el mar, las consecuencias son evidentes. Davide Sanulli, pescador y productor de mejillones de 64 años, asegura que el crustáceo “se lo come todo”, incluidas las almejas jóvenes que permanecen enterradas en el fondo marino. Según explica, en las lagunas del delta del río Po la invasión ha supuesto una auténtica devastación para la biodiversidad y para la actividad económica ligada al marisqueo.

La respuesta científica ha tomado forma en el proyecto Octo-Blu, una iniciativa impulsada el año pasado con financiación de la región de Emilia-Romaña. Su objetivo es aumentar la población de pulpos en determinadas áreas costeras para crear un contrapeso natural frente al avance del cangrejo azul.

El trabajo comienza en un laboratorio de acuicultura situado en la ciudad portuaria de Cesenatico. Allí, los expertos mantienen grandes tanques de agua donde crían miles de alevines de pulpo hasta que alcanzan un tamaño adecuado para sobrevivir en libertad.

Cuando las crías han completado esa primera fase de desarrollo, son trasladadas por miles en grandes bolsas de plástico con agua marina y posteriormente transportadas hasta distintos puntos del Adriático para su liberación.

Refugios artificiales para favorecer su supervivencia

La liberación de los pulpos no se realiza al azar. Los investigadores han seleccionado zonas próximas a arrecifes submarinos donde previamente han instalado refugios artificiales construidos con cemento y arcilla. Estas estructuras ofrecen escondites seguros que aumentan las posibilidades de supervivencia de los jóvenes cefalópodos durante sus primeras etapas de vida.

Desde el mes de junio, el equipo ha liberado aproximadamente 80.000 pulpos, una cifra que pretende duplicar antes de finalizar agosto. La esperanza de los científicos es que una parte significativa de estos ejemplares alcance la edad adulta y establezca pequeñas comunidades permanentes cerca de la costa.

Casalini explica que la finalidad no es eliminar completamente al cangrejo azul, sino crear una población estable de depredadores que contribuya a frenar su expansión de forma continuada.

Pese al optimismo que rodea al proyecto, los propios investigadores reconocen que existen obstáculos importantes. El principal es que el pulpo común no suele vivir de manera habitual en las aguas cálidas, poco profundas y arenosas de las lagunas donde esta especie invasora causa los mayores estragos. Esa diferencia de hábitat podría reducir la eficacia de las liberaciones en algunos de los espacios más afectados.

Por ese motivo, la Universidad de Bolonia también estudia otras especies capaces de complementar esta estrategia biológica. Entre las alternativas figura la lubina, considerada por algunos expertos como un posible depredador más eficaz de esta especie invasora, y también la anguila, cuya alimentación incluye grandes cantidades de huevos de crustáceos.

Un solo depredador puede marcar la diferencia

Otro de los investigadores del proyecto, Pietro Emmanuele, recuerda que la enorme capacidad reproductiva del cangrejo azul es el verdadero desafío. Una sola hembra puede poner millones de huevos, de los cuales una gran parte llega a eclosionar. Aunque únicamente una pequeña proporción de las crías alcanza la edad adulta, el potencial de crecimiento de la población sigue siendo extraordinario.

Precisamente por eso, los científicos sostienen que la acción de los depredadores puede tener un efecto relevante. Según Emmanuele, si un pulpo consigue capturar incluso una sola hembra reproductora, el impacto sobre la futura población de cangrejos puede ser considerable. Con esa premisa, Italia apuesta ahora por reforzar los mecanismos naturales del ecosistema para intentar contener una de las invasiones biológicas más preocupantes del Mediterráneo.

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