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Donde antes llegaba el agua, ahora se extienden nuevas franjas de tierra. El mar Caspio, considerado el lago más grande del mundo, atraviesa una etapa de retroceso que está modificando profundamente su litoral y generando preocupación entre los países que comparten sus aguas. La reducción de su superficie supone un desafío ambiental de gran magnitud, con consecuencias que pueden afectar a la biodiversidad, la actividad pesquera, el transporte marítimo, las infraestructuras portuarias y las comunidades que viven en sus orillas.
La gravedad de esta situación quedó patente el 9 de octubre de 2026, durante la primera Cumbre Ecológica del Caspio, celebrada en Turkmenistán. Los dirigentes de los cinco Estados ribereños —Azerbaiyán, Irán, Kazajistán, Rusia y Turkmenistán— analizaron la evolución del nivel del agua y la necesidad de coordinar medidas para frenar el deterioro de este ecosistema compartido.
Durante el encuentro, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, señaló que la superficie total del Caspio ha perdido más de 20.000 kilómetros cuadrados. Esta transformación territorial refleja la magnitud de un fenómeno que lleva años desarrollándose y cuya aceleración reciente ha encendido las alarmas entre las autoridades de la región.
Kazajistán alerta de un retroceso que alcanza decenas de kilómetros
Uno de los testimonios más contundentes de la cumbre fue el del presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, quien describió el impacto que está teniendo la reducción del nivel del mar Caspio en la costa de su país.
Según explicó, el nivel medio del mar en el litoral kazajo ha descendido aproximadamente 29,5 metros, mientras que la superficie del lago en territorio de Kazajistán se ha reducido en más de 16.000 kilómetros cuadrados durante los últimos 25 años.
El retroceso no se limita a una disminución visible de la lámina de agua. En determinadas zonas, la línea costera se ha desplazado varias decenas de kilómetros, alterando el paisaje y dejando al descubierto terrenos que anteriormente estaban cubiertos por el lago.
Estos cambios pueden dificultar el funcionamiento de las instalaciones costeras y modificar las condiciones naturales de las que dependen numerosas especies. Además, las localidades vinculadas a la pesca y al transporte deben afrontar un escenario en el que las distancias respecto al agua cambian y las infraestructuras existentes pueden perder parte de su utilidad.
Aliyev coincidió en que el problema se ha agravado durante los últimos años. El mandatario azerbaiyano advirtió de que el descenso continúa y de que la tendencia se ha acelerado de manera notable, por lo que considera necesario actuar antes de que sus consecuencias ambientales y económicas sean todavía más difíciles de gestionar.
El cambio climático, entre las principales causas del descenso
El retroceso del Caspio responde a una combinación de factores naturales y climáticos. Entre los elementos señalados por el presidente ruso, Vladímir Putin, figuran el aumento de las temperaturas, una mayor evaporación del agua superficial, la disminución de las precipitaciones y la reducción del caudal de los ríos que desembocan en el lago.
El equilibrio hídrico del mar Caspio depende en gran medida del agua que recibe de sus afluentes y de las pérdidas provocadas por la evaporación. Cuando las aportaciones fluviales y las precipitaciones no compensan el agua que se pierde, el nivel comienza a descender y la superficie inundada se reduce.
El calentamiento regional puede intensificar este desequilibrio al favorecer una evaporación más elevada. A ello se suma, según explicó Putin, un cambio en las condiciones atmosféricas: debido al cambio climático, el mar Caspio recibe actualmente más viento cálido procedente de Asia Central y menos masas de aire frío del Atlántico.
La combinación de temperaturas elevadas, menor disponibilidad de agua y cambios en la circulación atmosférica constituye uno de los principales desafíos para el futuro del lago.
No obstante, las autoridades rusas también han recordado que el nivel del Caspio presenta fluctuaciones cíclicas. Antes de la cumbre, el Kremlin señaló que estas variaciones pueden alcanzar varios metros en periodos de una década. Los especialistas rusos identifican el clima como el principal impulsor de estos ciclos, debido a su influencia tanto en las aportaciones de agua como en la evaporación.
La existencia de oscilaciones naturales no elimina la preocupación por el descenso actual, especialmente porque la tendencia se mantiene desde 2006 y está asociada a temperaturas más altas, escasez de precipitaciones y menores aportaciones de los ríos.
Menos agua, más presión sobre la pesca y las comunidades costeras
Las consecuencias de esta transformación van mucho más allá de la pérdida de superficie acuática. La disminución del nivel del mar Caspio amenaza el funcionamiento de los ecosistemas y puede alterar los hábitats de los que dependen distintas especies animales y vegetales.
La actividad pesquera es uno de los sectores que podría sufrir las repercusiones más importantes. Los cambios en las condiciones del agua y en los espacios naturales pueden afectar a las poblaciones de peces y reducir las oportunidades de captura, con efectos directos sobre los ingresos de quienes trabajan en esta actividad.
También preocupa la erosión de las costas y la transformación de los terrenos próximos al litoral. A medida que el agua se retira, los puertos y otras instalaciones diseñadas para unas condiciones determinadas pueden necesitar adaptaciones, mientras que el transporte y las operaciones comerciales pueden enfrentarse a dificultades adicionales.
Los dirigentes reunidos en Turkmenistán advirtieron, además, de los riesgos para las infraestructuras y la economía regional. Una reducción prolongada de la actividad vinculada al Caspio podría repercutir en las inversiones y agravar las dificultades de las poblaciones que dependen de sus recursos.
Putin alertó de que un descenso medio anual de nueve centímetros podría desencadenar graves consecuencias ecológicas. Entre ellas mencionó la disminución de las capturas pesqueras, la erosión costera y el deterioro de las condiciones de vida de los habitantes de la región, especialmente si la pérdida de atractivo económico provoca una caída de las inversiones.
Rusia apuesta por la cooperación y la inteligencia artificial
Ante la dimensión del problema, el presidente ruso defendió la necesidad de reforzar la colaboración entre los cinco países ribereños. La protección del mar Caspio, sostuvo, requiere una estrategia compartida que permita mejorar la gestión de los recursos hídricos y anticipar los cambios que puedan producirse en los próximos años.
Entre las medidas propuestas figura la modernización de los sistemas de bombeo, la construcción de canales y depósitos de agua y la optimización de los métodos de irrigación. Putin también destacó la utilidad de la supervisión digital y del seguimiento mediante tecnologías espaciales para mejorar el conocimiento sobre la evolución del sistema hídrico.
Rusia prepara, además, un programa destinado a estudiar los problemas del Caspio y reducir sus efectos negativos antes de 2030. Una de las iniciativas anunciadas consiste en desarrollar una réplica digital del lago que permita simular su comportamiento y anticipar las variaciones de su nivel.
Para ello, el proyecto recurriría a algoritmos de inteligencia artificial capaces de analizar datos sobre precipitaciones y evaporación. El objetivo sería mejorar las previsiones y disponer de herramientas que faciliten la toma de decisiones ante distintos escenarios climáticos.
El uso de estas tecnologías podría contribuir a identificar tendencias y evaluar posibles respuestas, aunque su eficacia dependerá también de la calidad de los datos disponibles y de la coordinación entre los Estados que comparten el ecosistema.
Un desafío común para el futuro del mar Caspio
Al término de la cumbre, Putin y Aliyev mantuvieron una reunión trilateral con el presidente iraní, Masud Pezeshkian, para tratar esta crisis y otros asuntos regionales e internacionales.
El encuentro puso de relieve que el retroceso del Caspio no es un problema aislado de un único país. Sus efectos atraviesan fronteras y afectan a intereses ambientales, económicos y sociales que dependen de la evolución de un mismo sistema natural.
Con una superficie de referencia de 370.866 kilómetros cuadrados, el Caspio ocupa un lugar fundamental en la geografía de Eurasia. Sin embargo, la reducción que experimenta desde 2006 plantea interrogantes sobre la estabilidad de sus ecosistemas y el futuro de las actividades humanas desarrolladas en sus orillas.
Los más de 20.000 kilómetros cuadrados de superficie perdida señalados por Azerbaiyán y las cifras expuestas por Kazajistán reflejan la dimensión territorial de la transformación. La cuestión ahora es si los cinco países conseguirán coordinar una respuesta capaz de mejorar la gestión del agua, limitar los impactos ambientales y preparar a sus comunidades para los cambios que puedan producirse.
La evolución del mar Caspio dependerá en buena medida de los factores climáticos, pero también de la capacidad de los gobiernos para compartir información, modernizar sus sistemas de gestión hídrica y establecer medidas conjuntas. La cumbre ha situado el problema en el centro de la agenda regional; el siguiente paso será convertir las advertencias en actuaciones concretas que protejan uno de los ecosistemas más importantes de la zona.
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